A sus 31 años el bueno de Michael Phelps se convirtió en el hombre de mayor de edad en ganar un oro olímpico en una competición individual en natación. Volvió a alcanzar la gloria en Río 2016 al hacerse con la victoria en los 200 metros mariposa.

Todo el mundo alucinaba. La leyenda del estadounidense se engrandecía aún más. ¿Cómo podía seguir Phelps a un nivel tan altísimo a su edad? Lo suyo es algo incomparable en toda la historia de la natación. La media de edad del equipo de EE.UU de natación en Río era de 23.2 años. Y allí estaba Phelps a sus 31 rompiendo los esquemas. Una vez más.

El estadounidense dijo adiós en 2016 a una carrera deportiva plagada de logros y récords. Como el de ser el mejor deportista olímpico de todos los tiempos con 28 medallas conseguidas. 23 de ellas de oro. Se fue después de ganar 6 nuevas medallas olímpicas en Río de Janeiro, dando una nueva clase magistral.

Visto lo visto, a nosotros no queda la duda de que hubiera pasado si el Tiburón de Baltimore hubiese decidido seguir y llegar a Tokio 2020. Lo que si tenemos claro es que casos como este se están convirtiendo en una pequeña tendencia. Un estudio de 2014 publicado en SpringerPlus encontró que entre 1992 y 2012, la edad de los finalistas olímpicos aumentó en casi todos los eventos de natación. Por lo general, el efecto fue relativamente pequeño -un aumento de 22 años a 23 años, por ejemplo. Pero en algunos casos, fue mayor: la edad promedio de los competidores de 50 metros estilo libre de las mujeres pasó de 21 años en 1992 a 27 años en 2012.

No queremos decir que a sus 31 años Phelps -o cualquier otro deportista- sea mejor de lo que lo fuera hace 10. De hecho, en el caso de Michael, algunos de sus tiempos han sido más lentos con el paso de los años, aunque le han servido igualmente para seguir coronándose. De un modo u otro, podemos decir que en 2016 seguía siendo un deportista demoledor. Así lo reflejaron sus 5 oros olímpicos.

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Foto: Getty Images

Según estudios como el publicado por la Revista Europea de Ciencias del Deporte en 2014, el rendimiento en natación alcanza su máximo en torno a los 24 años para los hombres y los 22 para las mujeres. Pero, curiosamente, no hay evidencia fisiológica aparente para dicha argumentación y otros estudios han demostrado, por ejemplo, que la fuerza del brazo no declina hasta los 40 años.

Aun así, la fuerza no es el más determinante de los factores a la hora de nadar rápido. Un estudio de 1992 mostró que el mayor indicador de la velocidad masculina tiene relación directa con la biomecánica de la técnica del nadador. Según afirma John Mullen, fundador de SwimmingScience.net, «la fuerza y la potencia se mantiene o se mejoran a finales de los 20 e incluso a principio de los 30«. Para Mullen la biomecánica es un factor determinante en el éxito de la natación y «cuanto más tiempo compite un nadador, más probabilidades hay de que adquieran habilidades y esta mejore«.

Pero, ¿por qué no hemos visto más casos de nadadores ganando medallas a sus 30 años? Mullen tiene una teoría: los nadadores se queman a los 20 años. El rendimiento de la natación está muy ligado a un alto volumen de entrenamiento que permite a los mejores nadadores mantener una biomecánica casi perfecta y, lo que es más importante, una mejor capacidad pulmonar y cardiovascular.

Phelps gastaba nada más y nada menos que 6 horas diarias dentro de una piscina. Es difícil mantener esto a lo largo de muchos años. Durante el año pasado hubo muchas especulaciones sobre si seguiría o no seguiría tirándose al agua. En Río 2016 el de Baltimore se reafirmó: «esta es la última vez que me habéis visto competir«. Nunca llegaremos a saber de que sería capaz a sus 35 años, pero tampoco nos preocupa demasiado. Hace años que Phelps puso el mundo entero a sus pies para siempre.

Fuente: motherboard.vice.com