Compitiendo en un triatlón somos súper héroes, y en las tareas domésticas no queremos ser menos. Tenemos que convencer a nuestras parejas convenciéndolas de que el triatleta es el mejor marido.

PONEMOS LAVADORAS

Eso sí, con la coletilla, “que sea nuestra”. Nos encanta poner lavadoras de ropa de deporte y hasta incluso tenderlas porque es una muestra más de nuestro poderío. Vas al tendedero de la comunidad de vecinos y aquello parece, por un lado un arcoiris con todas las camisetas de las carreras a cual más llamativa, y por otro lado es un enorme escaparate para mostrar al mundo los km que tenemos en las piernas. Incluso lavamos a mano. Si, si…te compras una equipación nueva súper cara o los calcetines esos amarillos que tiene “to cristo” y como el vendedor te ha dicho que de lavadora nada, que se estropea el tejido, pues ahí nos ves con el bidé lleno de agua y con la pastilla del Lagarto Verde frotando. Esto de lavar a mano es hasta que un día lo echas en la cesta de la lavadora. Una cesta democrática que pone a todos en igualdad de condiciones, y alguna vez en igualdad de colores. ¿O es que nunca os han dado una camiseta roja que os ha puesto rosita todos los calcetines y calzoncillos?

PLANCHAMOS LA ROPA

Te vas a vivir con tu pareja y se establecen unas normas básicas, entre ellas, que cada uno se plancha su ropa. Así, los triatletas lo tenemos súper fácil porque las camisetas de las carreras, los maillot y culottes y todo eso no hace falta plancharlos, así que lo único que tienes que hacer es olvidarte de usar tanta camisa y camiseta o polo de algodón y dedicarte a usar camisetas “técnicas” para todo. Si se te rompe o estropea alguna en vez de ir al centro comercial a comprarte otra, con meterte en internet y apuntarte a correr alguna carrerita de pueblo ya tendrías tu nueva adquisición.

COCINAMOS

Somos auténticos expertos en hacer de comer. En hacer de comer pasta, por supuesto. Eso sí, no tenemos ni puta idea de controlar el tema de las cantidades. Ponemos una enorme cacerola con agua a hervir, abrimos el paquete de macarrones, y “a ojo de buen cubero” vertemos lo que nos parece. Alguna vez he hecho tanta pasta de una vez, que en mitad del hervido he tenido que sacar otra olla donde repartir los macarrones porque se me salían de la cacerola. Macarrones como para una boda.

BARREMOS EL SUELO

Los triatletas tenemos recursos para todos, y no es que seamos vagos. Yo prefiero la palabra ingenioso. Así, te puede pasar de todo. La primera vez que llegas con la Mtb y pones el garaje lleno de tierra, como buen amo de casa, vas al cuartillo de la limpieza, elijes un cepillo para barrer y con toda la buena intención del mundo pues barres el suelo. Crees que lo has hecho bien, pero no. Has barrido, y todo perfecto, pero has usado el nuevo cepillo que tu pareja había comprado para las zonas nobles de tu casa. Vamos, que tú has cogido el primero que has pillado y es que cada cepillo es para una cosa. Ese cuartillo no es tan democrático como el cesto de la ropa. Con esto pues se te quitan las ganas de barrer y pasas al plan B que consiste, según la cantidad de tierra que hayas traído en la bici, en soplar y extender la tierrecilla para que se funda con el entorno y no se vea que has manchado, o la otra opción que es arrastrar con la suela de las zapatillas la tierrilla. Puro arte.

SOMOS ORDENADOS

Nuestras colecciones de trofeos y regalos son nuestra seña de identidad y eso debe ser visible y lo más importante, debe entenderlo bien tu cuñado que no sabe de nada de deporte. Por eso debemos saber en todo momento donde estará cada cosa. Los gorros de natación en un cajón, todos juntitos y ordenados por fechas. Las camisetas de las carreras, si no ordenadas por colores, porque si eres de esos revísate porque tienes algún problema, al menos tenerlas localizadas por si tienes que demostrar a alguien que corriste el Ironman de Mallorca. Las medallas en algún sitio visible. Antes se llevaban medallas los tres primeros, y ahora son los únicos que en vez de medalla se llevan un queso o una caja de pasteles de la comarca. Con el material lo mismo, los botecitos de aceite, guantes de invierno y de verano, las gafas con sus cristales polarizados y los otros que vienen en la caja que jamás usaremos… y así hasta el infinito y más allá.

Así que chicas, querernos por todo esto y no nos queráis por nuestros cuerpos, porque con el físico es como la tómbola de la feria, hay triatletas muy atléticos y con cuerpazos de portada de MensHealth y que el día de mañana puede que sean el espejo de Paquirrín, y otros que no son tan de plastilina que pueden aguantar así toda la vida.