Crónica de Ángel Salinas.

¿Por qué Triatlón Madrid KM0? Porque esta ahí.

Ésa es la respuesta que uno de los mejores alpinistas de la historia, George Leigh Malloryle espetó a un periodista, cuando éste le preguntaba el motivo de ascender el Everest. Él se limitó a contestar : “Porque está ahí”.

Pues algo así nos pasó a nosotros, sin ser los mejores en nada. Una pandilla de triatletas amateur que ya tenía sus objetivos 2015 listos y abonados con dolor de nuestras economías, cuando nos enteramos que aparecía en Madrid una distancia Ironman llamada Triatlón Madrid KM0.

Lo primero, reunión urgente de los tres amigos que íbamos a hacer Full Ican Gandía por segunda vez: Luis Pablo García Coronado, Carlos Asenjo y yo, Ángel Salinas. Había que decidir si anulábamos la inscripción a esta prueba y hacíamos Triatlón Madrid Km0. El año pasado a Luis Pablo se le rompió la rueda trasera en Gandía y le estuvo rozando en el cuadro, esto ocurrió en el km 70 y abandonó en el 150. Carlos y yo nos quedamos a 15 y 30 minutos respectivamente de bajar de 10 horas, cosa que nos molaba bastante y tras una mala maratón, no conseguimos.

Pues eso, lo lógico, hacemos los dos y a ver cómo lo disfrutamos.

Después de esta decisión, tres amigos más se meten en el lío solo por oírnos hablar y hacer un Ironman en casa: Nino, Pop y Arkaitz.

Cuento todo esto porque cada decisión y entreno que tomamos e hicimos de aquí en adelante vino mermado por tener la mente en dos objetivos importantes en un período de 3 semanas (envidio a Ricardo Abad).

Desde la mañana en Buitrago empezaron los nervios. Una hora antes en el Box, tiempo más que de sobra pero… una de mis ruedas está pinchada, empiezan las prisas. Shimano aún no está montado, es de noche y no se ve nada. Por fin encuentran una cámara de 50 mm para la rueda delantera, pero quedan 10 minutos para el inicio y aún me faltan cosas por colocar en la bici (casco, gafas, zapatillas), todo está abajo en la zona de bolsa de la T1. Estoy con el neopreno puesto, y me dice el chico que me cambia la rueda.

Mecánico: Son 5€.
Salinas: ¿Qué?
Mecánico: Es que si no, no puedo dártela, son órdenes de la Organización.

Como se podrá comprender, a 10 minutos del silbato, y por más que miré, en mi neopreno, no llevaba monedas encima.  Así que pensé que no había solución… pero recuerdo que llevo 20€ en la bolsa de abajo. Corro, los saco y subo a toda leche, se los doy y monto la rueda. ¡Cinco minutos!. Corro para el agua y no coloco nada, pienso que luego me lo pongo en las sillas y punto.

Y aquí comienza la distancia “casi” Ironman KM0, casi porque la bici fueron finalmente 170 km.

La natación, he decir que bastante cómoda. La temperatura del agua me pareció buena, pese a que leí que estaba fría. El único problema, que la boya que te encaraba a meta, te hacía tener el sol de cara con el amanecer. Eso es precioso, pero no ves nada.  Así que allí nos parábamos todos, hasta que un valiente se lanzaba delante y todos detrás. Por dos veces claro, porque eran dos vueltas.

Al salir del agua, pues un paseo por el campo hasta las bolsa y otro hasta la bici. Este año no había mucha agua en el pantano de Riosequillo y el agua estaba muy baja.

Agua_sali

Aquí lo consabido. Te cambias a toda prisa, miras tu reloj y comentas cómo ha ido la natación. Hasta aquí 1h 04min y lo que tardé en llegar a la carretera. En la transición veo a Luis que sale casi conmigo y a Carlos que llega 1 minuto más tarde, pero que pese a que siempre las lía en las transiciones (se le caen cosas, las pierde, las recupera), siempre sale a mi lado.

Empieza  la bici, he de decir, ¡¡¡ preciosa!!!. Para nosotros, que la hemos hecho a menudo y hemos debatido de cada puerto, una de las rutas más bonitas de Madrid.  El comienzo hasta el puerto de Canencia es muy bonito y te deja llevar un ritmo alegre sin ser rápido, acoplado y mirando desde el km 10 lo que va a ser el ascenso al primer puerto. En el pueblo de Canencia me coge Carlos y comenzamos una ascensión a gritos. A gritos sí, porque somos unos obsesos de la ley y lo de no drafting va a fuego.  Así que a 10 metros y escalonados lateralmente por si en la ascensión un juez cree que hay rebufo. La ascensión, muy buena, tapados por los árboles y ligera con las cabras. Al llegar arriba te lanzas hacia Miraflores, sabiendo que si has subido 14 km desde el cruce, solo vas a bajar 4 km, luego llaneas y otro en picado.

La bici preciosa, una de las rutas más bonitas de Madrid

Llegada a Miraflores, giro y empieza  el que a priori es el más duro de los 3 puertos. Aquí empieza el que a la postre, sería mi gran problema. Desde el público nos dicen 34 y 35 de la general, 14, 15 de grupos de edad. ¡¡¡ UF!!!.

Y a subir Morcuera, igual que Canencia, ritmo, gozo y gritos…. Y adelantamos a 3 más en la ascensión. Bajada a toda leche a Rascafría, pasas el pavés sin perder empastes y tiras al último puerto por la carretera del precioso monasterio del Paular. Empieza el largo ascenso de Cotos, bonito, suave y con los árboles, que te da una paz especial con el sol.

Al llegar a venta Marcelino, esta no vez no hay bocata y sigues a Navacerrada, rápido y acoplado, sabes que allí comienza otra etapa de bici distinta. Carlos me dice que está algo cansado y que va a bajar más relajado. Te avituallas allí, bajas Navacerrada a altísima velocidad y tiras hacia el Escorial. Allí, la familia, me dice que voy el 32 y entre el grupo de edad al que pertenezco (35-39), debo ir el cuarto o quinto. Así que aprieto dientes y digo, “éste es mi día”. Agacho la cabeza y pedaleo, mucho, mucho tiempo. Por una zona rompe piernas de verdad, te esperas que no sea tanto después de subir 3 puertos, pero acaba siendo un mata “triatletas”.

Bici_sali

El problema, que una persona a la que le va faltando el oxígeno, comete cada vez más errores. Probablemente el mío fueron dos: el primero, pensar en la meta y no en lo que hacía; el segundo, pensar en la meta y probablemente perder hidratación, alimentación, etc. He de decir que aluciné con el despliegue policial, cada rotonda bien cubierta por todos lados, no tuvo que ser fácil.

He de decir que aluciné con el despliegue policial, cada rotonda bien cubierta por todos los lados, no tuvo que ser fácil

De ahí, llegue a Boadilla, mareado, ausente, extraño. Pero dando pedales sin parar y creo, sin que nadie me adelantara, tema con el que me obsesioné. Pensando en un posible podio. Al llegar a la Casa de Campo, simplemente, no estoy dentro de mí. No la recuerdo, sólo recuerdo que en un momento, mi tía me grita desde una grada y me despierta. Estoy en la mitad de la T2. Me he saltado la moqueta y casi llego al box, dos voluntarios me bajan de la bici y me sientan en un silla, de la cual me caigo en repetidas ocasiones.

Y empiezan los 45 minutos que me tiro entre la T2 y la furgoneta del Samur. Como el monólogo de Leo Harlem, “échale agua que así mejora, arena en el pecho, túmbalo, levántalo…” No hay manera. Los voluntarios me cuidan como a un niño, me hacen preguntas con trampa: ¿cómo te llamas?¿número de DNI?… vamos no me jodas, a mala leche y en frío. Veo aparecer a Carlos que me habla preocupado, pero al final le convenzo para que se vaya a correr. Y llega Nino y lo mismo. Pero me meten en el Samur y allí descanso un rato más… me siento mejor.

Pero la familia me espera en la puerta, preocupada. Me conocen bien. Me esperan para no dejarme correr.

Tras un debate en la puerta de la furgoneta, les digo -miento- que voy a trotar hasta el primer avituallamiento y allí valoramos. Nadie de acuerdo, pero me escabullo y empiezo a correr. No voy a decir que mi decisión fuese lo más racional, pero no sé  si algunos de los lectores no habrían tomado la misma irresponsable decisión.

Carrera_Sali

Empiezo a correr, a 4:20 los primeros 10 km, o eso me decían mis amigos cuando les adelantaba o me los cruzaba. Intentaban pararme, pero no podían, no quería, solo quería llegar a meta. Intenté comer. No entraba. Hidratarme a duras penas. Sólo correr y espetar frases a mis amigos (que no recuerdo), “espérame en la meta con la medalla” , “a mí no me para ni Dios”, eso,  buscándome enemigos poderosos. Así  seguí, pero en el km 19 todo cambió, no hay fuerza, no es pájara… es la nada. Vuelvo a no ver bien, colores más que nada. Veo a mi padre, me paro y hablo con él.

Salinas Jr:  Papá, ya no puedo.

Papá: Si no puedes, para.

Público: vamos tío, te hemos visto salir de la ambulancia, ánimo.

Papá: No me toquéis los cojones.

Salinas Jr: Voy a andar un poco y veo, ¿ vale?, con cabeza.

Y ando y troto. Y veo a mi mujer y hablo con ella:

Salinas: Cariño no veo bien y no creo que pueda, pero tranquila estoy bien.

Laura: No arriesgues más por favor, no hay más que demostrar.

Salinas: Voy a ver un poco más, no quiero abandonar.

Me da un beso (qué valor)  y sigo.

Kilómetro 22, no doy un paso más, ni un paso. Es el fin.

Después de reflexionar, las cosas que se sacan en claro, no son muchas. Hay demasiadas pasiones por medio. Lo quise todo, no quería acabar un Ironman más, quería la mejor versión de mí mismo en éste, aquí y ahora. Un ejemplo para la gente que me quiere, para mí en un impulso egoísta.

No pudo ser. Caí como Gary Cooper . Es lo que hay, si no arriesgas, no sabes qué puedes ser.

Sentí decepción en las horas posteriores. Mis amigos entraban en meta. Yo me alegraba y les envidiaba a la vez. Me culpé de lo que creí eran los errores (y que quién lo lea habrá pensado ya):  demasiado fuerte en la bici, la hidratación, la comida, así un largo etc. Pero en realidad, creo que si quieres sacar lo mejor, siempre estas al filo, así que en algún momento puedes errar y caer. Vayas a acabar, a hacer 15 horas o a ganar, es tu máximo en cada perfil.

Al día siguiente, sentí orgullo, creo que lo dí casi todo. Por eso estamos aquí, para subir la montaña o que ésta nos tumbe en la camilla.

3 semanas después, nos esperaba Full Ican Gandía. Y un día después ya habíamos abonado la inscripción del KM0 2016.

Las deudas hay que pagarlas.