Ese arco de meta de aire lleno de logotipos y un reloj que va marcando los segundos, los minutos, las horas. Ay, ese arco de meta.

Hay muchos motivos por los que emocionarse al verlo cuando es tu pareja quien da la última zancada y lo cruza.

El primer triatlon. Esa primera vez, que no es la mejor, que no es como esperaba, que ha pagado novatadas. Habrá mejores pruebas pero esta es vuestra primera vez. Y es motivo de llorar, que los hombres no lloran pero debajo de una meta son todos blandos. Unamonos a su fiesta del lagrimeo.

Por las horas separados para esto. Que todos los momentos robados en entrenamientos culminen en un momento único e intenso que compense todo lo sacrificado.

Por que la familia también es triatleta. Sabes que tu pareja no hubiese aguantado todos esos esfuerzos sin tu apoyo. Lo sabes porque te lo recuerda todos los días y le crees. Y quieres acompañarle en la salida, en las transiciones, en la curva lenta y que seas la última cosa que vea con nitidez antes de entrar en meta. Solo tú.

Porque su sueño es tu sueño. Al menos en parte. No entiendes cómo un ser humano es capaz de querer sufrir tanto para ser feliz pero ves su cara y entiendes que tienes que estar ahí en ese momento. En la salud y en la enfermedad, en la Riqueza y en la pobreza, en la salida y en la meta… Ya sabes.

Porque es un modelo. La gente tiene a tu superman o superewoman en un pedestal pero eres tú el único que te acercas a lo que debe sentir alguien al cruzar ese arco. Ese arco es un poco también para ti.

Porque la magia existe. No se ve pero sabes de lo que hablo si ahora estás recordándote en esa meta, de noche, mirando un reloj porque esperad que todo acabe pronto, y reconoces su ropa al fondo, y os veis, y logra esbozar una sonrisa, sabes que está destrozado pero acelera y para y te coge en brazos y te besa con todo su sabor salado del sudor y con ojos vidriosos le ves recorrer sus últimos metros llenos de euforia, levanta los brazos, grita (también por dentro).

Y algo explota dentro de ti. Debe ser lo que llaman orgullo, o amor, o vete a saber. Qué más dará el nombre si ya sabes que es algo solo vuestro.

A celebrarlo.