10 de agosto. Siete de la tarde. En total éramos nueve personas, dos de Capillas (considerándome a mí adoptado) y siete de Villerías.

Hacía calor ma non troppo, así que la climatología era ideal para hacer deporte. Por la mañana me había probado cinco minutos en el canal, más por ver cómo estaba el agua y por saber las sensaciones que por otra cosa, y la verdad es que eran buenas. Una hora y media antes de empezar, estando en casa de mis suegros, me notaba nervioso. Llevaba varias semanas preparando el entrenamiento a conciencia, sin fallar los últimos quince días ni un ápice sobre lo marcado por Carlos, y la alimentación había sido buena. Incluso el mismo día de carrera -momento chorra- había logrado escapar de la maravillosa ensaladilla rusa de mi suegra para contentarme con un plato de pasta con aceite y orégano.

Todo en su sitio.

Empezamos a nadar y rápido veo que voy a liderar la carrera. Adelanto a Jorge, que era mi principal oponente en el agua, cuando apenas llevamos un minuto y medio, y continuo con un ritmo uniforme. El Canal no bajaba con excesiva fuerza, al contrario de otros años, y el nado era fácil. Casi sin darme cuenta llego a la curva que enfoca la recta final al puente, y cuando veo que estoy cerca, me sorprendo. Tengo la sensación de que lo estoy haciendo bastante rápido. Aprieto un poco pero sin forzar, prefiero dejar fuerzas para la bicicleta, a la que tengo bastante respeto por hacerla en un terreno que no es carretera. Al final logro salir del agua en 07:39, teniendo en cuenta que pude perder unos 20′ en saltar el muro. El año que viene hay que practicar esa salida con anterioridad.

Me calzo rápidamente las zapatillas (vaya invento los cordones rápidos) y miro hacia atrás. Veo que a Jorge le quedan perfectamente 30″ para salir del agua más la transición. A Juan, otro minuto, más o menos. Subo a la bici. El tramo por el Canal complicado, esquivando los baches y las hendiduras del camino. Entro en el pueblo, la gente aplaude y empiezo a pensar que llevo una diferencia considerable con mis perseguidores. Supongo que Juan adelantará rápidamente a Jorge y en el tramo de carrera a pie tratará de darme alcance. Tengo que apretar en la bici e intentar de hacer entorno a 17′ para estar tranquilo.

No paro de pedalear en ningún momento. Llego a Boada, doy la vuelta, y no me cruzo con Jorge hasta pasado un minuto y una buena rampa. A Juan le saco otros 30″ y salgo reforzado. les saco mucha distancia. Mal tiene que darse para no ganar. Ahora sólo queda no desfallecer e intentar bajar de 40. Voy un poco apurado de fuerzas y el tramo de carrera a pie me infunde bastante respeto por el efecto robocop.

Llego a Capillas y apenas hay gente en la transición. No les ha dado tiempo a llegar desde la zona de nado. Solo mi suegra, que me ofrece agua. No tardo nada en pasar al running. Me noto rígido y sin fuerzas. Los tres kilómetros van a ser un dolor constante, y aparte no tengo gel de glucosa. Me esfuerzo en intentar mantener el ritmo y no pararme, aunque tengo ganas de pegarme un respiro. Cuando llevo cinco minutos me cruzo con mi padre y con Judit, que me animan. Me alegra verles y ellos se sorprenden de verme tan pronto. Miro el reloj y veo que estoy yendo a 4’22” el kilómetro. No puede ser, tengo sensación de estar yendo a 5’30” como mínimo. No me lo creo. ¡Resulta que no voy parado, voy incluso mejor que en un entrenamiento normal!

Llego al canal, doy la vuelta, y al minuto y algo me cruzo con Juan, que ya ha adelantado a Jorge. Viene a buen ritmo, pero voy tranquilo porque yo, comprobado que efectivamente estoy yendo a 4’30” aproximadamente, me noto dolorido pero cómodo. Veo el pueblo a lo lejos y empiezo a disfrutar de la victoria. Oigo a Toño guitando “ya viene Diego” y sonrío. Quedan doscientos metros y llevo 36′. Voy a batir todos los records. El trabajo de las últimas semanas ha dado sus frutos y he cumplido los dos objetivos: bajar de 40′ y ganar. Más no se puede pedir.

Cruzo la meta muy cansado, pero exultante. Al final, 37’35”. Intento guardar la compostura pero tengo ganas de saltar y de gritar, liberando toda la tensión. Ha sido mucho esfuerzo para conseguirlo. Para los triatletas avezados este tiempo y esta distancia tiene que ser de chiste, pero para mí es un éxito.

Juan entra en 39’58”. Tiempazo, porque nunca se había bajado de 43′ minutos. Vamos, que nos habría machacado a todos en condiciones normales. Se lo ha currado y aún con eso le he ganado, vaya.

Jorge, 41’08”. Más de lo mismo. Me sorprendo de los tiempos que se están marcando. Nivelón.

Entrega de premios, melón, agua, cerveza y comentarios. Ahora a pensar en Lantadilla y la primera prueba seria, el día 24 de agosto: 750mts de nado, 29kms de bicicleta y 6kms de carrera a pie.

A disfrutar.