Ayer es otro de esos días de los que, dentro de nuestras pequeñas carreras deportivas, nunca te olvidarás. Ya está, ya soy triatleta. Ya tengo un dorsal que lo corrobora y ya he sufrido lo indecible y ya he pensado que no volvía a hacer un entrenamiento y que tenía que vender la bici y las zapatillas y el maillot y que nunca sería incapaz de hacer un IM y la biblia en verso y que a partir de ahora, a engordar y a la vida contemplativa en el sofá.

Suputamadre sería la palabra con la que describiría el triatlón de ayer.

Ya por la mañana, cuando estaba en Valladolid entrenando la T2, intuí que no sería un día fácil por el viento que hacía en toda la meseta. Al llegar a Lantadilla lo corroboré: rachas fortísimas que cuando nos dieran de frente iban a hacer el hecho de pedalear toda una cuestión de fe.

Llegamos a las 15:30h, demasiado pronto, recogimos el dorsal y mi padre y yo nos fuimos a dar un paseo a ver la zona de transición y luego un poco el río. Yo no había sido capaz de entender, viendo la gráfica de la prueba, cómo era el tramo de natación, y viéndolo en directo tampoco me quedó muy claro. Me cabreó ese hecho, ya que empezaba con la sensación de tener que mirar al resto para ir enterándome de las cosas.

A las 16:30h abrieron la zona de material, me cambié y fui a llevar la bicicleta. Primer problema. Uno de los jueces tuvo a bien decidir que mi manillar de triatlón sobresalía del manillar -lo cual es cierto, pero apenas centímetro y medio- y me hizo quitarlo. No llevaba llave allen y tuve que buscarme la vida. Veía a otros atletas que tenían manillares iguales a los míos y nadie les había dicho nada. Decidí pasar del tema pero a los cinco minutos me estaban llamando por megafonía para revisarme de nuevo la bicicleta. Notaba que ya estaba muy nervioso, sin poder dedicarme a lo que quería, que era inspeccionar la zona, ver al resto de la gente, y relajarme.

Conseguí la llave, quité el dichoso manillar y preparé las cosas, zapatillas de ciclismo y zapatillas de carrera a pie, dorsal y agua, revisé que la bici estaba bien colocada, y me fui para la zona de salida.

Me volvieron a llamar cuando ya estábamos todos en la escalera de bajada a la zona de salida de natación, me tocó volver para atrás, buscar a los jueces, decirles que ya estaba todo solucionado y sin tiempo para respirar. Llegaron Juan, David y Judit y apenas les presté atención, estaba en ese momento que bramaba en arameo: hago deporte por satisfacción personal, no por ganar o competir con terceras personas que ni conozco ni me interesan, y en cambio tuve que sufrir el libre albedrío de un juez con ínfulas. En fin.

Nos explicaron la salida en natación, primero federados masculino, luego chicas, y luego no federados, con un minuto de diferencia en las salidas. Bien, no federados éramos unos treinta, así que no habría muchas patadas.

Dieron la salida y empecé a nadar con un ritmo fácil y uniforme, no quería forzar, al fin y al cabo no sabía ni cuánto tiempo iba a ir contracorriente, ni el recorrido ni nada. Tuve un par de choques sin importancia y me aparté a la derecha, algo que había oído a un par de chicos en la espera. Me di cuenta de que iba apartado del pelotón pero tampoco me preocupé. Seguí con mi ritmo, vi que no éramos mucha gente, pero que iba adelantando personal, así que bien.

La llegada a la boya de vuelta fue complicada. Juan me explicó después que el giro hay que darlo a espalda. Probaré algún día de estos. Nadando a favor de corriente volamos. Llegué a la salida sin apenas referencias, aunque yendo en pelotón, pero desubicado en cuanto a mi posición general. Acabé bien, sin un gran cansancio. Para futuras ocasiones tengo que practicar el hecho de controlar más el tramo en sí, nadar en grupo, tomar referencias de gente y referencias geográficas. Lo que más me jodió en general fue no saber si estaba yendo bien o estaba yendo mal, aunque mis sensaciones fuesen buenas.

Subí a la zona de material y dado que iba sin gafas, no pude ver mucho. Oí a mi padre, Judit y el resto animándome. Me puse las zapas, el casco y el dorsal y salí lo más rápido que pude. Me dio tiempo a ver que no quedaba muchas bicicletas, así que supuse que no iba muy allá. Bueno, al fin y al cabo íbamos a disfrutar, tampoco pasaba nada.

Lo duro de todas maneras venía con la bicicleta. Empecé a pedalear detrás de otro corredor que paulatinamente se me fue distanciando. Intenté chupar rueda, pero su ritmo era más fuerte que el mío. Me crecí viendo que iba a 36kms/h, y pensé que todo el monte iba a ser orégano. Nada más lejos de la realidad. Al girar en el kilómetro 9 el viento se nos puso de cara, y fue la muerte. Creo que, si echo la vista atrás, hacía mucho tiempo que no sufría de esta manera. Quizás los últimos cinco kilómetros del maratón de Barcelona.

Las rachas de viento eran insoportables y no tenía capacidad de luchar por ir más deprisa. Hubo momentos en que, en llano, iba a 12kms/h. Terrible. Aun con ello tenía relativamente cerca (veinte segundos) a un grupo de cinco corredores. Al girar en el km 18 se me unió otro que venía por detrás y fui detrás de él sin darle relevos. Empecé a encontrarme un poco mejor siendo consciente de que lo peor había acabado, me puse delante de él y en el giro del km 22, ya de vuelta para Lantadilla, con el viento a favor, volamos dándonos relevos, llegando a picos de 46kms/h. Ese rato, apenas diez minutos, fue realmente un disfrute. Ahí se me olvidaron todas las penas de antes, aunque iba cansado.

Llegué a la T2 haciendo la salida de la bici tal y como marcan los cánones, sacando los pies de las zapatillas aún pedaleando y saltando de la bici justo en el punto de llegada a los jueces. Dejé la bici un poco nervioso, con prisas, me puse las zapas de running y salí sin quitarme el casco. Me gritó la gente y me tocó volver. Luego saliendo me equivoqué y para rizar el rizo me tropecé con un cable. Bastante ridículo. Me puse más nervioso.

Judit me acompañó grabándome en vídeo durante un minuto y dándome ánimos. Me gustó, porque estaba ilusionadísima.

Me lié con el garmin y lo paré. Me dio rabia: nada estaba saliendo como estaba previsto. Tengo que estar más relajado en las carreras, no pasa nada por perder tiempo, pero los mecanismos hay que hacerlos bien. Tarea a tener en cuenta.

Arranqué el cronómetro de nuevo, para tener referencia de velocidades, y vi que estaba yendo a ritmo de 4’30”. Dada la experiencia de Capillas, en la que creía que iba mucho más lento de lo que realmente estaba yendo, esto me satisfizo. El primer kilómetro fue muy duro, entre otras cosas porque me cruzaba con los que estaban volviendo y veía que había mucha gente por delante: iba a llegar de los últimos. Me autosugestioné para pensar que corría para mí y contra mí, así que seguí corriendo a lo mío. Me dolían las piernas y quería llegar, pero el ritmo era bueno y las pulsaciones no subían de 157ppm: podía forzar más, aunque decidí no hacerlo, con miedo de hundirme. Tenía referencia de otro corredor a unos veinte segundos por delante, y me cruzaba con gente por detrás. En la entrada al pueblo, me recompuse y dediqué a disfrutar, ya estaba, hecho, en nada la meta, descansar y la satisfacción. Giré en la recta de entrada y Juan y Judit animando.

Me centré en disfrutar de la gente aplaudiendo, y sabiendo que me estaban aplaudiendo a mi. Acostumbrado a carreras en las que entras con centenares de corredores, ver que te aplauden a ti por el hecho de acabar, mola. Entré esprintando, dándolo todo. Mi padre me hizo unas cuantas fotos y me felicitó. Le vi sonreír ilusionadísimo y empecé a ser consciente de que, aunque yo no le diese importancia -por todo lo que llevo entrenando- la gente a mi alrededor estaba muy orgullosa de mí.

Fotos con Judit, Juan y David, recogida de la bici y el material, comentarios sobre la carrera, y para casa. Ni me enteré de la entrega de premios, ni de quien ganó, ni nada. No iba conmigo, al menos hoy.

Al final, según he visto esta mañana en la clasificación, los tiempos que ayer pedía en la carta a los reyes magos, pese a que yo pensaba que había ido mucho más lento y que habría rozado las dos horas:

Natación: 0:17:43 (ritmo de 2,22)
Bicicleta: 1:04:36 (ritmo de 26,93)
Carrera a pie: 0:22:33 (rtmo de 4,20)
Total: 1h44’52”

Mas no se puede pedir, sin duda.

Cara a Barcelona hay que entrenar mucho más la bicicleta. Estoy contento con los tiempos de la carrera a pie, pero no con la bicicleta. Independientemente del viento, me sentí muy mal, así que hay que forzar más. En la natación, creo que tengo recorrido de crecimiento, pero estamos haciéndolo bien.