En Planeta Triatlón nos encanta que nos contéis vuestras experiencias y las compartáis con otros muchos triatletas que empiezan igual que todos hemos empezado alguna vez. Roberto Guerra nos prometió que nos contaría cómo iba a ser su debut en distancia sprint el pasado 18 de junio, y así lo ha hecho. Reconozco que Roberto es una persona con un sentido del humor propio de esta web, que se ríe de sí mismo. He seguido personalmente su ilusión durante estos meses preparándose esta prueba, el sacrificio que ha hecho y las ganas que le ha puesto y me emociona leer todo lo que ha escrito. ¡¡Enhorabuena, Roberto, estoy muy orgullosa de ti y de tu debut!!

No te entretengo más y te dejo con su crónica en primera persona.

Por Roberto Guerra

Creo que todos ya han descansado por fin. No sé quién tenía más ganas del dichoso triatlón, si la gente que me rodea o yo.

Desde que me inscribí a esta prueba, he dado la brasa y cocinado los sesos de personas que me han ayudado con consejos;  de mi familia -que, heroicos han escuchado la misma cantinela-; y de grupos en las redes sociales que no me han enviado un troyano para fundirme el móvil y dejar de dar la brasa de milagro. Pero a lo que voy: mi debut en triatlón.

La llegada

Después de haber cenado unas cuantas cervezas y unas raciones de HI-DRA-TOS, me levanto a las 6am, 4h antes de la prueba. Hay que hacer la digestión para no buscar un seto más tarde y perder preciosos segundos de 2h  de sprint y, por supuesto, depilarme: Ganar no ganaré,  pero chupar cámara…

Levanto a la parienta muerta de sueño mientras yo reviso por quinta vez mi mochila y la presión de las ruedas, no vaya a ser que la rueda se deshinche en el último instante. Aparcado el coche y embutido como una morcilla, me voy hasta el control luciendo el tritraje. “Oye, que soy TRIatleta”.

Paso  el control y me dirijo a mi box para colocar mi bici clásica (dejada por un buen amigo) y toda la parafernalia cual niño de primaria.

bici

Bien, ya me paseo con el chip…ya estoy a otro nivel de los mortales. Ahora a esperar la gloria del Olimpo.

El lago

Me lanzo media hora antes de mi salida hacia el agua empujando a to dios. Cuando llego, aquello se mueve más que los tornillos de las carpas de la feria de mi pueblo. Me miran todos y pregunto  “¿También sois los de las 10,45?”; ahí ya  me entero que hay varias salidas con mismo gorro. Subo la rampa sin mirar a nadie buscando las chanclas que perdí corriendo.

Es mi hora, todo está hecho. Enfrento la mirada a la primera boya; mejor dicho al barco. Ser miope no ayuda  con las boyas blancas. Me explican el resto de boyas y me dicen “lo siento” cuando contesto que no veo.

Suena la bocina, y zas!! al agua. Está para hacer macarrones.

Foto: Facebook // Roberto Guerra

Foto: Facebook // Roberto Guerra

Mira que leí que las gafas por debajo del gorro para no perderlas; pues nada, las gafas a la nariz (luego me daría cuenta que eran las de repuesto que estaban sin ajustar). Miro bajo el agua y ni la televisión codificada. Como salga un draken, ni me entero. A la mierda, me quito las gafas y a bracear ¡¡1, 2, 3,4… vamos!! Me quedo parado, agotado y no he recorrido 20m, ¿Qué pasa? Y entonces recuerdo que no es la piscina. Toca nadar a braza echando de menos los manguitos porque si de algo me di cuenta, es que la boya nunca llega. Eso agobia.

Salir del lago no sólo fue un esfuerzo físico sino una lucha mental por mantener la serenidad y la frialdad; esto es triatlón, el equilibrio mental y físico para enfrentarte a cada segmento con estrategia. Y por supuesto, quería mis fotos de postureo; “antes ahogado que subirse a la zodiac” como dice mi amiga Ana García.

La bici

He pasado lo peor, el segmento más desconocido. Vamos campeón, siempre sonriendo, siempre adelante sin un paso atrás. Escucho los gritos de mi gente, de cientos de personas  animando, de familias apoyando. Es magia que fluye, es pasión, es amor por nosotros y por el deporte.

Hago la transición en el orden que mi cabeza estableció tomando cervezas la noche anterior con mis amigos #solopiensoentri. Sonrío con el regalo de Ana García cuando sujetos mis zapatillas con los cordones “Me dará suerte algo suyo regalado, como las novias el día de su boda”.

Foto: Facebook // Roberto Guerra

Foto: Facebook // Roberto Guerra

Salgo pitando y no me subo a la bici sin antes la foto de mi gente animándome en la salida de la T1. Enfilo el asfalto, tomo la primera subida, adelanto otras bicis “pepino”, animo a los demás, me veo como el héroe que dirige a sus hombres a la victoria, nadie me hace caso, están centrados en subir.

En la bajada me acojono. Es la primera vez que voy en bici de ruta clásica, y los que me adelantan bajando dando pedales…”oiga si nos metemos la hostia, no lo contamos”.

Al pasar por donde están nuestros familiares y amigos, pongo culo en pompa, cabeza al frente, tiene que parecer que voy a velocidad supersónica y que no se den cuenta que el bote isotónico salió disparado en el primer bote de un bache. Pararse a buscarlo era demasiado globero.

1,2, y 3 vueltas. ¡Hecho!, como los robots de Isaac Asimov a la T2.

La carrera

Todo está hecho, me quedan 5km y,  habiendo cogido ritmo, empiezo a recordar los consejos de Alejandro Peñalba, Ana García, los post de “Planeta Triatlon” y tantos otros amigos a quienes agradezco su paciencia. Mis compis de carrera están cansados. Muchos debutamos, muchas sensaciones (me emociono al escribirlo ahora), porque detrás hay muchas personas que nos han dado su tiempo, que nos han esperado, hay sacrificios, frustraciones, miedos, dudas e ilusiones.

Detrás de esto hay un mundo que no se ve. Un día a día donde congeniar el deporte con las obligaciones, un estoicismo para soportar a aquellos que no valoran esta disciplina, una soledad en el entreno con la incertidumbre de no saber si la naturaleza te pondrá en tu lugar o se pondrá a tu lado. No es presión, es devolveros con nuestro esfuerzo el día de la competición la recompensa de vuestra paciencia. Es compartir nuestra pasión con vosotros.

Me desabrocho el torso… “foto”, mis hijos a ambos lados de la meta, extiendo mis manos y el tiempo se detiene al entrar con ellos. Uno de los días más felices. Es Triatlón, es magia.

crono