Tradicionalmente, más por mítica que por otra cosa, se ha hablado de que el Tour de Francia es la prueba de resistencia más agotador del planeta. Hace un tiempo, allá por 2017, vimos cómo le había dejado las piernas a Paweł Poljański, ciclista de Bora. Según los cálculos, se estima que el gasto medio de cada etapa de la ronda gala es de 6.000 calorías por día, lo que conlleva un consumo total de 126.000 calorías. Incluso, en las etapas de montaña, se pueden alcanzar las 9.000 calorías por día.

La pregunta es: ¿cómo se puede comparar esto con otros deportes de menor duración, pero quizás más intensos? ¿Es un Ironman más exigente? ¿Y un ultraman? En su momento, en su reto de tres ultraman seguidos, el navarro Ricardo Abad consumió 82.000 calorías a lo largo de nueve jornadas. Patricio Doucet, en sus 17 ironman seguidos, se fue hasta las 89.000 calorías

No son los únicos casos. En su segundo puesto en la penúltima edición de Ultra Trail Mont Blanc, Kilian Jornet consumió 15.000 calorías en algo más de 24 horas de competición. En la RAAM, la Race Across America, prueba ciclista de ultrarresistencia en que se cubren 4.900 kilómetros de costa a costa en apenas seis días, el consumo calórico fue de 6.500 calorías por día, es decir, unas 37.000 totales.

Consumo calórico en un Ironman

¿Y un Ironman? Un estudio reciente del Dr. Brent Ruby comparó los cálculos de Ironman Hawaii y la Wester State 100. Mientras que el primero promedió 9.040 calorías, el segundo fue de 16.310. Hay que tener en cuenta que mientras que un triatlón de larga distancia se completa en aproximadamente diez horas, un ultratrail conlleva unas 27 horas (en los casos de grupos de edad). Entre los profesionales, Thomas Lorbarchet, cuarto en la edición de la Western State 100 de 2016, consumió 13.919 calorías en 16 horas de competición.

Los esquiadores de élite en un entrenamiento intenso pueden llegar a las 6.000 calorías.

Es evidente que hay pruebas deportivas con gastos energéticos muy superiores a los de una etapa del Tour de Francia, incluso que en las etapas de alta montaña. Pero sin duda, lo que hace a la carrera francesa única es que estos gastos se hacen entre cuatro y seis horas de competición diarias, y a lo largo de tres eternas semanas. El resto de deportes alcanzan sus cifras de consumo acumulando más horas diarias, a intensidades más bajas, y en muchas ocasiones eliminando horas de sueño.

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