En triatlón es más que común hablar de los beneficios del entrenamiento cruzado. En nuestro deporte, viene a ser aprovechar la natación y la bicicleta para mejorar en la carrera a pie, o la natación con los otros dos, o la bicicleta a medida que nadamos y corremos. Vamos, resumiendo: realizar deportes complementarios o diferentes al que queremos potenciar para mejorar el conjunto.

De hecho, si os paráis a pensar, todo nuestro deporte se basa en aprovechar el entrenamiento cruzado. ¿Cuáles son sus ventajas?

Físicamente, en primer lugar mejora nuestra base aeróbica. Además, mejorará la potencia en grupos musculares que solemos tener desatendidos, con lo que además ganaremos velocidad. Aparte, potencia la recuperación activa y el equilibro muscular.

Luego, mentalmente, evita la monotonía en nuestros entrenamientos y nos mantiene motivados. Por último, el entrenamiento cruzado permite aprovechar las cargas de una disciplina para hacer menos volumen o intensidad en las otras dos.

La manera más sencilla de incorporar el entrenamiento cruzado es planificando las temporadas en función de semanas, y éstas dando prioridad a cada disciplina por bloques de cuatro. Algo así como hace Joe Friel en La biblia del triatleta.

Los entrenamientos con transición también son una buena opción. Por ejemplo, un entrenamiento con rodillo antes de una salida de carrera a pie, puede ayudarte a mejorar la eficiencia corriendo.