El artículo de ayer sobre Luis Enrique y sus ironman dio para rato de reflexión en las redes sociales: Todo surgió a colación de un comentario en facebook en el que se decía que al vigente entrenador del FC Barcelona no se le podía denominar como “magnífico deportista”, al menos en lo que a deportes de resistencia se refería. El argumento se centraba en sus tiempos en las distintas pruebas, que no dejaban de ser tiempos del montón, lejos de Jan Frodeno o Kimetto.

Así, sin comerlo ni beberlo se originó un debate muy interesante sobre qué requisitos ha de cumplir un “magnífico deportista” para ganarse el derecho a que se le tilde con tal adjetivo, en el que se vieron dos puntos de vista totalmente distintos: gente que decía que es un adjetivo destinado únicamente a los élite, y otros cuantos que lo veían más accesible, en función de otros atributos más allá del tiempo final de entrada en meta.

En Planeta Triatlón somos globeros. Ya nos conocéis. Defendemos a capa y espada a la gente que se preparar un ironman, que hace malabares para cuadrar los entrenamientos, que se gana los enfados de sus parejas por no estar en casa todo el tiempo que debieran, que se pone en la línea de salida con la ilusión de un niño pequeño y que, por el propio devenir de la carrera, termina andando los últimos kilómetros. De igual manera que defendemos al que entrena martes, jueves y sábados para correr un 10K y lo termina en una hora.

Uno de los mejores comentarios que pude leer anoche hablaba de Ricardo Abad: un tío que trabaja a turnos en una fábrica y es capaz de alcanzar 100 pruebas de distancia Ironman en un año tiene el mayor de nuestros respetos, aunque ninguno de estos larga distancia baje de diez horas. ¿Es un magnífico deportista? Sin duda. Es un deportista del copón. ¿Es mejor que nuestros élite? Pues posiblemente no, porque en una prueba oficial quedaría perfectamente a un par de horas de distancia, pero el esfuerzo realizado hay que ponerlo en perspectiva -y a él un monumento, ya de paso-. Cada uno con lo nuestro.

Para nosotros todos aquellos a los que hacer deporte les suponga un sacrificio, les exiga un compromiso -con el que cumplen a rajatabla- y termine logrando sacar de ellos lo mejor de sí mismos, es un magnífico deportista. Al fin y al cabo el deporte va de ilusión y esfuerzo y el resultado solo es la parte final de una ecuación en la que nosotros decidimos los valores de partida.

Foto de portada: ETU Triathlon