Hace tres años, una amiga invitó a Rachel Brenke a probar esto del triatlón. Había dado a luz a su quinto hijo y pensó que sería una buena manera de perder peso. Qué mejor manera de perder algún kilo que empezar a entrenar con amigos. Lo que Brenke no sabía es que el triatlón iba a cambiar su vida para siempre.  Su filosofía de aprovechar cada minuto en la vida es el resultado de una lucha de años contra el cáncer. En 2005, mientras estaba embarazada de su primer hijo, Brenke encontró un bulto en la garganta, un tumor canceroso. Pasarían dos años, dos cirugías y una serie de tratamientos de radioterapia antes de que finalmente superara la enfermedad. La experiencia le enseñó a exprimir hasta la última gota de cada experiencia de la vida, ya sea un momento con sus hijos o en la línea de salida de una carrera.

 

Rachel Brenke

Foto: Instagram // Rachel Brenke

«El triatlón me hace mejor madre», dice Brenke, de 34 años. «No sólo estoy dando ejemplo a mis hijos, sino que además me proporciona el cuidado que necesito, de modo que cuando estoy con mis hijos, estoy con ellos». Lógicamente, para poder entrenar, trabajar como abogado y atender a cinco hijos en casa tiene que hacer un verdadero encaje de bolillos. «Todo se trata de programación», dice Brenke. «El entrenamiento aparece en mi calendario como una reunión de trabajo.» A las 6 am empieza su primer entrenamiento del día, lleva a los niños al colegio, trabaja y la vuelta a casa, tras estar un tiempo con su familia y dejar a los niños acostados, vuelve a salir a entrenar.

En junio, Brenke fue una de las triatletas elegidas para participar en uno de los 40 puestos conmemorativos en el Campeonato Mundial de Ironman en Kona para celebrar el 40 cumpleaños de la prueba. Compitiendo en su grupo de edad, F30-34, no fue de las mejores, su tiempo de 14:28:19 es el tiempo de alguien que se sacrifica cada día por un deporte tan maravilloso que nos trae historias como ésta. Un ejemplo para todos y para todas de que si quieres, puedes.