El reconocimiento médico deportivo es un tema que hemos tratado en varias ocasiones y no nos cansaremos de insistir sobre él. El primer artículo que tuve el placer de escribir en esta revista, ya hace unos años,  hablaba del problema más relevante, trágico  y que más preocupa a los médicos del deporte y cardiólogos, cómo es la muerte súbita del deportista. En él, hablamos largo y tendido de ella y del reconocimiento médico deportivo como única estrategia para prevenirla.

También dedicamos un artículo entero a hablar de las exploraciones que debería realizarse todo deportista. Cuando hablamos del reconocimiento médico del deportista, no nos referimos al atleta profesional ya que éste dispone de un equipo de profesionales de la salud, la medicina y del deporte velando por él.

Hablamos del deportista aficionado, del que compagina entrenamientos y competiciones, que pueden ser tanto o incluso más duras que las de los profesionales, con obligaciones laborales y familiares. Del que no tiene un ejército de expertos de la salud y del deporte a sus espaldas. A este grupo de deportistas pertenecemos la mayoría.

A raíz de la doble tragedia vivida en Ironman Sudáfrica 2019, volveremos a insistir en la importancia del reconocimiento médico deportivo y de practicar deporte de larga distancia con cabeza y sentido común.

Como ya habréis leído, el pasado fin de semana dos deportistas sudafricanos, de 58 y 63 años, fallecieron al llegar al hospital tras de ser rescatados del mar y atendidos por los servicios de emergencias. Según el Herald Live, uno de los atletas falleció por  infarto de miocardio, mientas que el otro sufrió convulsiones. Ambos casos ocurriendo durante el segmento de natación, recortado por las malas condiciones del mar.

Los sucesos se produjeron con sólo unos minutos de diferencia y terminaron con la confirmación de los fallecimientos a su llegada al hospital. A pesar de las hipótesis de los médicos y sanitarios que atendieron a los afectados sobre qué les ocurrió, sólo las autopsias de ambos revelarán la causa real de sus muertes. Recordad que la autopsia no sólo se realiza en las muertes violentas sino que debe realizarse siempre, en cualquier individuo que fallece inesperadamente, ya sea en un hospital, en casa o en la vía pública, viendo la TV, paseando o compitiendo.

Porqué el segmento de natación es el más peligroso para el triatleta

De nuevo comprobamos un hecho que ya se conoce y del que hemos hablado en más de una ocasión, las muertes en el triatlón acostumbran a ocurrir durante la natación. Esto, a priori, puede sorprender ya que se trata del inicio de la prueba, cuando todavía no somos víctimas de la fatiga, la deshidratación ni de ninguno de los estragos que implica una competición tan larga.

La natación es el momento en el cual el estrés psíquico y físico es mayor por muchos motivos. Tras una agónica espera en la arena, suena el pistoletazo de salida y nos lanzamos al mar todos a una. El agua no es nuestro hábitat natural así que, de buenas a primeras, no nos sentimos cómodos en ella y necesitamos un rato más o menos largo para adaptarnos y relajarnos, cosa que a veces puede ser difícil por muchos factores.

La temperatura del agua y el estado del mar pueden no estar a nuestro gusto pero esto no es lo peor de todo.  Lo más peludo es que nos encontramos hacinados entre una multitud de triatletas enloquecidos, cada uno más histérico que el anterior, intentando avanzar y dando y recibiendo estopa a diestro y siniestro. Los niveles de catecolaminas y hormonas del estrés se elevan a niveles estratosféricos y éstas, junto al esfuerzo físico que supone nadar en dichas circunstancias, hacen que la tensión arterial y la frecuencia cardiaca se disparen. Este escenario es una combinación explosiva para cualquier individuo que padezca alguna enfermedad cardiovascular. Si a este hecho le sumamos la dificultad para ser visto y rescatado del agua ante cualquier percance, ya tenemos una combinación de factores mortífera.

Pero es que todavía hay más. La natación en aguas abiertas se relaciona de forma directa y es la causa del Edema Pulmonar Inducido por la Natación o EPIN, una forma de edema pulmonar agudo que puede desencadenarse en individuos con ciertos factores de predisposición, al nadar en aguas abiertas.

Así pues, aunque nadie duda que la natación es uno de los mejores y más completos deportes que hay para la salud, es el segmento más “peligroso” para el triatleta en cuanto a muerte súbita se refiere. Por eso es muy importante la prevención y la precaución. Por un lado,  con un reconocimiento médico para detectar posibles enfermedades causantes de muerte súbita y/o de EPIN y, por otro lado, siendo cautos y pidiendo auxilio lo antes posible si nos sentimos mal. Si uno apura demasiado y queda inconsciente en el mar entre la multitud, dejando a un lado la cantidad de agua que puede aspirar y la alta probabilidad de ahogarse, va a ser difícil verle, percatarse que está inconsciente, sacarle de ahí y atenderle.

El reconocimiento médico deportivo: ¿en qué ha de consistir?

El principal objetivo del reconocimiento médico deportivo es detectar las enfermedades que constituyen un riesgo de muerte súbita o de cualquier complicación durante la actividad deportiva. En qué debe consistir este reconocimiento es un tema controvertido.

Existen diferentes guías de las diferentes sociedades cardiológicas que indican qué exploraciones realizar. Todas están de acuerdo en la necesidad del reconocimiento médico a todo deportista pero no en qué exploraciones debe consistir. Corremos el riesgo de pasarnos y realizar más exploraciones de las necesarias, lo cual es un gasto económico y de recursos excesivo pero también podemos quedarnos cortos. Es obvio que cuantas más exploraciones se realicen, más probabilidad habrá de diagnosticar una enfermedad pero, de la misma manera que no hacemos un escáner cerebral a todo individuo que tiene dolor de cabeza, tampoco podemos realizar toda una batería de exploraciones a todos los deportistas sanos.

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Foto: Marcelo Leal

El modelo más básico es el reconocimiento norteamericano que recomienda solamente una historia clínica y en un examen físico, es decir, una visita médica sin exploraciones adicionales. Esto es de escasa utilidad para detectar cardiopatías potencialmente letales porque la mayoría de fallecidos no tienen síntomas previos a la muerte ni antecedentes familiares.

En el otro extremo se encuentra el modelo italiano que a la visita médica habitual añade un electrocardiograma, ecocardiograma y una prueba de esfuerzo.

Entre los dos extremos, está el reconocimiento médico deportivo más ampliamente realizado y aceptado en la sanidad pública que incluye la visita médica y un electrocardiograma. Si se halla alguna alteración en el electrocardiograma o en la visita médica, se ampliaría el estudio mediante otras exploraciones. Aunque éste reconocimiento mejora el modelo norteamericano y es aceptable, cómo cardióloga y deportista creo que no es óptimo porqué el electrocardiograma, si bien puede detectar patologías causantes de muerte súbita, es poco sensible para ello.

¿Por qué hay que ir más allá del electrocardiograma?

La causa más frecuente de muerte súbita en deportistas mayores de 35-40 años es el infarto de miocardio, una forma de manifestación de la enfermedad de las arterias coronarias y en los menores de 35 años, las cardiopatías congénitas estructurales.

Teniendo en cuenta que la enfermedad coronaria puede diagnosticarse mediante prueba de esfuerzo y las cardiopatías congénitas estructurales mediante ecocardiografía, el reconocimiento óptimo sería el que incluyera electrocardiograma, prueba de esfuerzo y ecocardiografía. Una cosa es que sea óptimo y otra diferente es que sea asumible para el sistema sanitario público.

Si los pacientes que necesitan estas pruebas para ser diagnosticados y tratados han de esperar más de lo deseable, sólo falta que incluyamos en estas listas de espera a todos los deportistas sin síntomas y aparentemente sanos. Por este motivo, el reconocimiento médico deportivo, hoy por hoy, no está protocolizados ni se realiza de forma rutinaria en la sanidad pública. Hay que ser conscientes que en un escenario de escasez de recursos, hay que optimizarlos y obviamente la prioridad son los enfermos y no los triatletas sanos.

Mi recomendación es acudir a una mutua privada dónde os realizarán todas estas exploraciones de forma rápida. Si no estás afiliado a ninguna mutua te costará dinero pero el precio de una revisión completa con electrocardiograma, ecocardiografía y prueba de esfuerzo es ridículo comparado con lo que nos gastamos en material deportivo y competiciones.

He oído deportistas exclamarse por tener que pagar 150 euros por dichas exploraciones. Pero vamos a ver, la mayoría se gasta más de tres mil euros en una bici, centenares de euros más en neoprenos, calzado, ropa, pulsómetros, dispositivos GPS y mil milongas más, por no hablar de lo que nos gastamos para ir a competir a una prueba del circuito Ironman. Pero luego resulta que pagar 150 euros para un reconocimiento médico deportivo es demasiado dinero.¿En serio? Es para hacérselo mirar.

Reflexiones finales

Aunque soy una apasionada de la larga distancia, he de reconocer que esto del deporte se nos ha ido de las manos. Cada vez le tenemos menos respeto a las distancias. Y esto se hace evidente en todas las disciplinas de  larga distancia.

En el mundo del trailrunning, los organizadores de ultramaratones de montaña acostumbran a ofrecer varias distancias alternativas. Resulta gracioso escuchar a la gente referirse a la de 50 km como a “la corta”. Correr 50 km por la montaña es muchas cosas menos algo corto. Aunque claro, comparado con correr 100, 160, 200 o incluso más km, 50 es como un “calentamiento”.

En el mundo del triatlón también estamos perdiendo el norte. Como si no fuera suficientemente largo un triatlón de larga distancia, ya existen competiciones de distancias doble o triple ironman ultraman o retos que consisten en hacer un triatlón de larga distancia cada día durante no sé cuántos días y así podríamos seguir nombrando retos inverosímiles.

Aunque el marketing nos quiera hacer creer que no tenemos límites, si que los tenemos y cada uno debería saber cuál es el suyo. Todo eso de “no pain, no gain”, “no fear, no limits”, “el dolor es momentáneo y la gloria es eterna” suena y queda muy bien como eslogan pero no se ajusta a la realidad. Todos tenemos límites, lo único que no tiene límites es la imaginación del ser humano.

Y la verdad es que la larga distancia no es para todo el mundo. Debería ser la culminación de una larga trayectoria en el mundo del deporte. Yo hago deporte desde adolescente porque he tenido la suerte de crecer en una familia de apasionados del deporte. A los 16 años ya pedaleaba en bicicleta de carretera cuando las bicis eran rudimentarias a más no poder, en las carreteras no había ciclistas y ni siquiera llevábamos casco. De eso hace ya 25 años.

Esa larga trayectoria deportiva no me convierte en mejor deportista, porque la realidad es que no destaco en ninguna disciplina en concreto, pero si me convierte en una atleta con un organismo que se ha ido adaptando de forma progresiva al deporte y que ha acabado haciendo larga distancia después de sudar camisetas durante muchos años.

Que alguien que siempre ha llevado una vida sedentaria quiera empezar a entrenar para hacer un maratón, un ironman o algo peor es una barbaridad. Empezar a hacer deporte está muy bien, pero no para hacer estas barbaridades. Muchos dirán que lo han hecho o tienen un amigo que lo ha conseguido.  Claro que es posible, el ser humano puede conseguir retos asombrosos si se lo propone, pero no es recomendable. Tanto el sistema músculo-esquelético como el cardiovascular como el metabólico necesitan adaptarse a la actividad física. Imponerle semejante volumen de ejercicio sin estar preparados es una aberración. Y esta adaptación no se consigue en unos pocos meses de entreno cuando uno ha sido sedentario toda su vida

A ver si recuperamos la cabeza, que la hemos perdido en algún punto del camino…