Bueno, pues ya ha acabado el Tour de Francia. Ya ha pasado otro año, y los bares se vuelven a vaciar de lo que estas tres últimas semanas eran expertos en ciclismo. Esa gente que quizá no haya dado una pedalada en su vida pero que habla cual director deportivo de un equipo ProTour. Esa gente que es capaz de pronosticar si una escapada será capaz de llegar a meta en solitario o si será neutralizada. Capaz incluso de acertar (o intentar acertar) en qué kilómetro será neutralizada esa escapada.

Por suerte (o no), este año no habrá que esperar hasta la vuelta ciclista a España para que esos apasionados resurjan de sus sofás y se vuelvan de nuevo expertos deportivos, es año olímpico. El impás entre el Tour y la Vuelta se ve interrumpido por ese periodo en el que se vuelve a alabar a los deportistas…de la TV.

Porque, asumámoslo, los deportistas, mejor lejos. Adoramos los semidioses olímpicos, ensalzamos a los ciclistas españoles en el Tour y la Vuelta, nos emocionamos con Valverdes, Puritos, Contadores, Landas o Izaguirres, en la TV. En la TV y cuando llevan un dorsal, cuando les distinguimos en el pelotón por su característica forma de pedalear, su maillot o bici personalizada o por su escapada impresionante.

Foto: RoadCycling

Foto: RoadCycling

Pero…¡Ay amigo! Que no te crucen en la carretera. Porque ese mismo que te vanagloria cuando te ve en la televisión, luciendo colores, puede ser tranquilamente el mismo que no te guarda el metro y medio en la carretera. El que no te reconoce cuando llevas tus prendas de entrenamiento (o incluso la equipación de tus carreras). El mismo que piensa que cuando vas por el arcén, hay una misteriosa barrera invisible en la línea y piensa que no hay que respetar el metro y medio.

Ese que os alaba, es el mismo que no distingue entre tu y yo en la carretera. El que piensa que eres una lacra a la hora de subir un puerto, el mismo que te llama cerdo por tirar un gel (que ojo, lo eres si lo haces) mientras tira latas al arcén. Latas y el resto de basura que tu y yo vemos casi a diario en los arcenes, y que los convierte en un campo de minas; porque, admitámoslo, desde el coche, esa mierda no se ve. Ni la mierda del arcén, ni el viento en contra, ni tus pulsaciones, ni la pájara que lleves, ni si tienes un hombro de goma, o una cadera de titanio, o incluso, si como cada día más, tienes pánico a entrenar en la carretera.

Foto: Reuters

Foto: Reuters

¡Ay compañeros ciclistas! Estad atentos, ya ha acabado el Tour, volvemos a ser los malos de la película, volvemos a ser el estorbo, el lento, el débil. Volvemos a ser ese que retrasa, que parece no tener familia esperando en casa. Estad atentos, porque ya no emocionamos, no salimos en la tele, no inspiramos. Estad atentos, porque da igual que seas una joven promesa, un futuro Indurain. Pero eso no se ve, como la mierda del arcén. No se ve, no nos ven. Pero ¡eh! el ciclismo volverá, la Vuelta a España está ahí mismo y el ciclista molará de nuevo. Porque admitámoslo, el ciclismo mola, pero en la TV para la siesta, no en la carretera.