Si el otro día descubríamos el circuito de bicicleta de la prueba de triatlón de Río 2016, hoy volvemos con noticias sobre la cita olímpica. Y no sé yo si muy agradables: una serie de pruebas encargadas por la Agencia Associated Press ha llegado a la conclusión de que las vías fluviales en las que se celebrarán pruebas olímpicas a lo largo de agosto de 2016 -entre ellas el triatlón- están más contaminadas de lo que en un principio se creía.

En julio, la AP hizo pública su primera ronda de pruebas, en las que indicaba que se habían encontrado virus relacionados directamente con aguas residuales hasta niveles de 1’7 millones de veces lo que se considera alarmante tanto para EEUU como Europa. Los expertos dijeron que a efectos prácticos, los riesgos para la saludo pública eran elevados y que los triatletas competirían en el equivalente a hacerlo en aguas residuales.

Pruebas llevadas a cabo por la propia AP indicando que lejos de haber mejorado la salubridad de las aguas, está más contaminado de lo que se pensaba. Ninguno de los lugares escogidos para la realización de pruebas durante los Juegos Olímpicos son aptos para los nadadores, y los triatletas que ingieran el agua equivalente a tres cucharadas de café tienen una probabilidad del 99% de infección.

En palabras de Mel Stewart, ganador en Barcelona’92 de dos medallas en aguas abiertas, si su hijo fuese a competir en una prueba del mismo tipo en Río 2016, le pediría que no lo hiciese: “no merece la pena poner tu salud en juego por una medalla”, ha dicho el americano.

Ahora queda saber qué harán las autoridades para no arriesgar la salud ni la integridad de nuestros triatletas…

El informe completo, en The Guardian.