Cuando, en la edición de 1998 del Maratón de Berlín, Ronaldo da Costa alcanzó en primera posición la línea de meta comenzó a bailar samba. Se merecía festejarlo: el récord mundial de maratón llevaba estancado en 2h06’50” desde 1988, tras ir bajando unos cinco segundos en los últimos sesenta años, pero él fue capaz de minorarlo en 45 segundos.

Y solo fue el principio. A partir de ahí, el record del mundo de maratón se ha logrado mejorar nueve veces hasta la actualidad, y se ha bajado tres minutos y 53 segundos, dejándolo justamente dos minutos y cincuenta y siete segundos por encima de las dos horas. Está en posesión de Dennis Kimetto, quien lo logró también en Berlín en 2014, a un ritmo de 2’55” el kilómetro. Para bajar de las dos horas, habría que hacer una media por kilómetro de 2’51”. ¿Puede un humano correr durante más de cuarenta y dos kilómetros?

Joyner MJ, en 1991, predijo que el cuerpo humano estaba preparado para correr el maratón en 1h58′ en base a una serie de factores fisiológicos y de resistencia a la fatiga dentro de los distintos grupos musculares y mejorando la fatiga neurológica. Pero también tendrían que darse unos condicionantes del entorno. ¿Cuáles?

La carrera perfecta

¿Tiene algo el chucrut que favorece los récords mundiales de maratón? Pues debe ser, porque los últimos seis récords se han dado en Berlin, y el mejor tiempo que no se dio en la capital germana tuvo lugar en Frankfurt. De hecho, solo seis ciudades: Berlin, Dubai, Rotterdam, Frankfurt, Chicago y Londres- se reparten las 44 veces en las que un corredor ha logrado bajar de 2h05′. La última de ellas, el 28 de septiembre de 2015.

Por tanto, se podría asegurar que si hay alguna ciudad capaz de favorecer que el récord del mundo de maratón baje de las dos horas, ha de tener las características de alguna de estas. Concretamente, de Berlín.

Debe ser un día frío de marzo (o de noviembre)

Los corredores élite suelen correr rápido en cualquier momento del año, pero con temperaturas bajas corren un poco mejor: así, un reciente estudio del Instituto Francés del Deporte ha demostrado que la mejor temperatura para correr un maratón son 4’44 grados centígrados, analizando los datos de casi dos millones de finishers desde 1998.

Si nos centramos en los élite, la temperatura ideal bajaría incluso a los 3’83 grados centígrados.

¿Por qué? El cuerpo no deja de ser un horno, que quema el combustible (la comida) en movimiento y calor. Cuanto mayor sea el VO2máx, más caliente se quema. Al esfuerzo máximo, los corredores élite generan más del doble de calor que el corredor medio, de ahí que sea mejor para ellos correr a temperaturas frías.

La carrera tiene que ser muy aburrida (y quizás en Polonia)

Hasta hace unos años, los corredores solían alcanzar el récord del mundo de maratón en Nueva York. Sin embargo, desde 1998, el ganador de Nueva York sólo ha estado entre los 20 más rápidos del año tres veces: su desnivel (casi 245 metros de desnivel acumulado) y 26 giros bruscos roban un precioso tiempo cuando se habla de batir un récord. En la actualidad, se necesita una carrera completamente plana como Chicago o Berlín, con menos de 10 metros de desnivel acumulado, o Dubai, que es extraplana.

De hecho, se ha calculado que un corredor mejora en Berlín su tiempo 81 segundos con respecto a otras carreras, mientras que en Nueva York se corre 83 segundos más lento. En Chicago y Dubai, se acaba 14 y 68 segundos más rápido.

Así que para bajar de las dos horas necesitamos un recorrido plano y sin giros bruscos. En este sentido, la ciudad polaca de Debno se puede congratular de tener un maratón que, desde el año 2000, mejorar la marca personal de sus corredores en 79,2 segundos. ¿Qué pasaría si todos los tops que prueban Berlín para batir el récord, probasen allí?

Las liebres tienen que ser una muralla humana

El drafting no solo funciona en la bicicleta: también en la carrera a pie. Los mejores registros en maratón se han logrado agazapado detrás de otros corredores, y lanzando un ataque en los kilómetros finales. ¿La razón? Los élite corren tan rápido que la resistencia del aire sí que les ralentiza. Estudios realizados en el túnel del viento han demostrado que ir detrás de otro corredor durante dos horas permite reducir la marca en cien segundos.

Carreras como Berlín han llegado a utilizar seis liebres para ir tapando a los líderes de carrera. Además, las liebres favorecen mejorar el ritmo al eliminar de la ecuación el derroche de energía que suponen las estrategias tácticas y los arreones.

El problema es que las liebres suelen aguantar hasta el kilómetro 32, dejándoles a los top diez kilómetros para pelearse entre sí por la victoria. Para atacar la barrera de las dos horas, los top tendrían que trabajar entre ellos hasta el final, decidiendo casi antes de empezar la carrera quién sería el ganador final.

Tiene que haber mucho dinero en juego

Una de las razones por las que los maratonianos corren más deprisa es que la carrera sea lucrativa para sus bolsillos. Cuando en 2008 el Jeque de Dubai ofreció un millón de dólares a aquel que lograse batir el récord del mundo de maratón, el Maratón de Dubai se convirtió casi al momento en el más rápido del mundo, pese a las temperaturas del desierto (incluso en enero, mes en que se disputa, se rondan los 7’22 grados centígrados.

De hecho, los premios por victorias se han doblado desde 1998. Como resultado, ahora hay más élite en pruebas de maratón.

Pero claro, el dinero también puede hacer que los corredores más rápidos no vayan a las carreras más rápidas, o que se traten de evitar los unos a los otros. ¿Solución? Hacer como el maratón de Amsterdam, que estableció premios en función del tiempo de llegada a meta. De esta manera los cuatro primeros corredores logran bajar el récord de la prueba en 90 segundos.

Así que para lograr bajar de las dos horas, el último de los condicionantes externos tendría que ser establecer una política de premios que ayudase a que los tops colaborasen entre ellos: una pasta gansa por lograr, por ejemplo, que fuesen varios los que lograsen bajar de las dos horas.

Fuente: Runners World’s y Edward F Coyle