Pues parece ser que sí. Y así lo hizo el pasado 19 de septiembre el corredor profesional de montaña leonés Manuel Merillas. Ahora, pelea porque la Xunta de Galicia reconozca esta hazaña.

Y os preguntaréis, ¿qué le lleva a un profesional de las carreras por montaña colgar las zapatillas y subirse a una bicicleta? Pues nada más y nada menos que una operación en el pie durante la pasada primavera. De ahí pasó a completar los 774 kilómetros entre Roncesvalles y Santiago de Compostela sin dormir, en solitario y acompañado por dos familiares en coche.

Su cuñado le acercó en coche hasta Roncesvalles donde salió a las 9 de la mañana el pasado 19 de septiembre rumbo a Pamplona. Desde allí hasta Logroño y Santo Domingo de la Calzada, evitando atravesar núcleos urbanos. El segundo pinchazo y la falta de cámaras de repuesto se unieron a la falta de fuerzas para seguir en este punto. Pero el ánimo de su familia le hizo seguir adelante y llegar hasta Astorga, donde su padre cogió el relevo al volante para acompañarle el resto del camino.

Manuel Merillas

Foto: Facebook Manuel Morillas

Desde allí hasta el final, lo más duro. Territorio comanche y puertos de montaña, a lo que hay que sumar la noche y el frío. Después de dos pinchazos, llegó también otro imprevisto: la luz del casco se fundió. Solo podía seguir alumbrado por los faros del coche de su padre.

A las 11 de la mañana, Manuel Merillas llegaba a la plaza del Obradoiro en Santiago de Compostela. Objetivo cumplido y a recoger la Compostelana (acreditación que se entrega a todos aquellos que consiguen terminar el Camino). Pero, oh cielos, al ir a recogerla le dijeron que era imposible que hubiera terminado en tan solo 26 horas y sin sellar el carnet de peregrino.

Ahora solo queda por confirmar si la Xunta de Galicia reconoce oficialmente el tiempazo del leonés en el Camino de Santiago en bici o no. Por curiosidad, el mejor tiempo en terminar la ruta está en poder del vasco Mikel Azparren en 24 horas y 15 minutos.

Atención al desnivel acumulado durante el mes de septiembre de Manuel Merillas, lo normal…

Fuente: El País