Si tienes más de treinta años, si recuerdas los Tours de Induráin, o sus Giros, o las escapadas de Marco Pantani, el nombre de Armand de las Cuevas te sonará a tardes de julio pegado al televisor, a contrarrelojes largas donde se decidían las grandes vueltas, y a ciclismo sin vatios, sin aderezos, a pudo pedal.

Armand de las Cuevas, de ascendencia española, fue uno de los mejores rodadores de principios de los noventa, enrolado en las filas del Reynolds, del Castorama, y del Banesto. Lamentablemente, este pasado viernes se quitó la vida a los 50 años en la Isla de Reunión, donde vivía desde hacía una década tratando de buscar su sitio, una tranquilidad emocional que llevaba años tratando de encontrar.

De personalidad única, en el recuerdo siempre nos quedarán sus luchas contra el crono: en la histórica de Luxemburgo, en la que Induráin se destapó como el mejor contrarrelojista de la historia, el francés fue el único capaz de plantarle cara: fue segundo aquel día y «solo» quedó a tres minutos del gigante navarro.

Descanse en paz.