Tine, esposa de Sebastian Kienle, comenzó hace una semanas a utilizar la cuenta de Facebook del que fuera Campeón del Mundo de Ironman 2014 para publicar ciertas reflexiones sobre lo que supone ser la pareja de un triatleta. No es nada nuevo, Judit Izquierdo ya lo hizo en su momento con sus «Las mentiras que no puedes creerte si acompañas a tu pareja a un triatlón«. Tine se carga de paciencia y humor para relatar anécdotas que hasta ahora no conocíamos de Kienle. En la última habla de la obsesión del alemán -y añadiríamos, de todos los triatletas, sean profesionales o populares- de acumular bicicletas en casa.

«Sebi y yo compartimos nuestro relativamente pequeño apartamento de dos habitaciones con dos bicicletas de carretera, una de contrarreloj, dos de cross y una de BTT. La Black Beauty -que así llama a la Scott Plasma con que habitualmente compite- nos hace compañía en el salón porque está enganchada al rodillo. Las otras bicicletas se conforman con vivir en el pasillo» escribe Tine. «No es raro que, como el pasillo es estrecho, alguna de las bicis esté en la cocina, que termina siempre por convertirse en un taller improvisado«.

Por el momento, siete bicicletas. Pero hay más: «Las dos habitaciones se usan para las otras bicicletas, las que no utilizamos habitualmente, la Fully, la de ciudad o bicicletas antiguas, y material que tenemos suelto«. Sebastian, cuenta su esposa, tiende a aburrirse en la fase de tapering, y ahí comienza el desastre: pese a que en su equipo cuenta con un mecánico que trabaja para él, Michael Wagner, al triatleta le gusta trastear recordando los años trabajando en una tienda de bicicletas cuando era más joven.

Su mayor obsesión es con el peso de la bicicleta. «Cuando toca escoger un proveedor de material, Sebi es insoportable como un niño pequeño. A menudo rechaza ofertas que podrían darle bastante dinero, si piensa que hay mejor material circulando por ahí«. Continua Tine: «Lo peor viene con las piezas pequeñas, esas de titanio ridículamente caras. Cuando veo un paquete nuevo en casa, me temo lo peor, sobre todo si hay carrera cerca. No es la primera vez que Sebi intenta meter mano al cableado del cambio electrónico, cargándoselo. La última vez fue hace unos meses, unos días antes de viajar al 70.3 de St. George«.

No es el único caso, porque Tine tiene tiempo a contar otra anécdota más: «Dos días antes de la carrera de Samorin, Sebi se aburría, así que se puso a hacer lo que más le gusta, unos pequeños ajustes a la bici». Después matiza: «Aunque debería decir destrozar la bici. Le oía jurar y perjurar en el baño. Yo tenía un mal presentimiento». La imagen, a tenor de la narración, debía de ser de película de terror: «Había quitado piezas y las había dejado sobre el lavabo. De pronto, se cayeron accidentalmente por el desagüe, así que ahí nos vimos, buscándolas entre una asquerosa mezcla de pelos y otras cosas que había acumulados. Sin éxito, claro. No pudimos encontrar todas las piezas«.

Afortunadamente Kienle tuvo suerte: «Estábamos desesperados. Primero llamamos a Micha, y luego a Lubos». Se refiere Tine a Lubos Bilek, su entrenador. «Lubos estaba en Bratislava con otro de sus entrenados, y por suerte tenía las piezas que necesitaba en casa. Así que cogió la moto y se las trajo«.

Del relato de Tine solo se puede extraer una conclusión: nuestras parejas tienen el cielo ganado.

Recuerda que si quieres estar al tanto de toda la actualidad del triatlón, puedes recibir nuestras actualizaciones en telegram: https://t.me/ptriatlon