A Sebastian Kienle hay que quererle sí o sí: además de por su humildad, por su ímproba labor por, constantemente, poner en valor el sacrificio y esfuerzo que hacen los profesionales de larga distancia.

El alemán, campeón del mundo de Ironman en 2014, pasa por ser de los deportistas que mejor se lleva con sus compañeros y que más homaneje rinde al triatlón. De hecho, en la rueda de prensa posterior a Kona 2018, solo tuvo palabras de elogio para Lange, Sanders y McNamee, quienes coparon el podio: “Me siento muy orgulloso de poder vivir esta época del triatlón en que nos encontramos“, dijo el de Scott, en referencia al increíble nivel que hay hoy en día en cualquier carrera.

Su última publicación en Instagram nos parece de lo mejor que se ha publicado en todo este 2018. Al menos a nosotros, aunque puede que no seamos objetivos.

Desde nuestro punto de vista es toda una declaración de amor infinito sobre lo que supone completar un Ironman, y pone los pelos como escarpias. En el contexto de una campaña de Oakley, la marca de gafas que le patrocina, el alemán escribe: “2.736 brazadas, 39.360 pedaladas, 29.548 zancadas, 74.415 latidos. Es normal estar agotado tras cruzar la línea de meta de un Ironman“.

La publicación, que incluye tres magníficas fotos de IM Frankfurt 2017, prueba que ganó, deja muy a las claras lo duro que es completar un Ironman, lo hagas luchando por la victoria, como puede ser su caso, lo hagas simplemente por terminarlo, como puede ser en el de la mayoría de los mortales.

Su próxima prueba será en apenas dos semanas y media, Challenge Roth -que en Planeta Triatlón viviremos en primera persona-. Habrá que ver qué frases para el recuerdo nos deja el bueno de Kienle.