La larga distancia es un deporte en el que no solo es importante la fortaleza física sino que la mental tiene igual o mayor importancia. El tiempo que se emplea en completar una carrera es tan largo para que por nuestra cabeza pasen muchos pensamientos positivos y negativos y para que nuestro cuerpo sufra los estragos de una actividad que conlleva tanto desgaste. Por un lado, es fácil que a lo largo de una competición tengamos algún percance físico al que no le hagamos caso movidos por las ansias de terminarla. En el otro extremo, también es fácil que los pensamientos relacionados con el abandono se crucen por nuestra cabeza sin ninguna lesión o motivo físico que lo justifique.  Varias preguntas pasan por nuestra cabeza y hacen que nos cuestionemos nuestra afición a este deporte: ¿Qué estoy haciendo? ¿Para qué todo este sufrimiento? ¿Merece la pena? ¿Por qué sigo en carrera cuando lo que me apetece es tumbarme en la cama? A cada uno le surgen sus preguntas cuando las cosas no van bien, ya sea a nivel físico como mental. Por eso, es importante saber distinguir cuándo abandonar y cuándo tratar de seguir adelante hasta cumplir nuestro objetivo.

Una retirada a tiempo es una victoria

La frase “a veces se gana y a veces se pierde” hay que cambiarla por “a veces se gana y a veces se aprende”. Abandonar nunca es un fracaso.  Ser capaces de tomar la decisión de abandonar algo que ansiamos y por lo que hace tiempo nos estamos preparando, por el motivo que sea, es un signo de madurez mental, inteligencia emocional, prudencia y sentido común, virtudes imprescindibles tanto para la vida  como para este deporte si no queremos salir lastimados. Un abandono siempre nos hace mejores deportistas, ya que constituye un aprendizaje.

Aunque sea una frase de perogrullo, la victoria está en llegar a la línea de salida y haberlo intentado con todo lo que ello supone durante los meses previos de preparación y sacrificio.

También hay que tener en cuenta que la mayoría de los que estamos leyendo esto no somos profesionales, no vivimos de este deporte sino que constituye nuestra afición, pero no es ni debería ser la fuente de nuestra felicidad o infelicidad. Tanto si vuelves a casa con tu medalla como si no, el mundo a tu alrededor seguirá igual; no te van a echar del trabajo, cobrarás lo mismo, tus amigos y tu familia te van a querer igual o incluso más, por haber demostrado que no estás tan “loco” como ellos creían y antepones tu integridad a este deporte que tanto te tiene enganchado.  Démosle a la medalla la importancia que merece, ni más ni menos. Lucha, sufre hasta un límite pero jamás pongas en peligro tu integridad física o mental.  Olvídate de las frases motivacionales típicas de que no tenemos límites y otras milongas. Hasta los deportistas profesionales considerados fenómenos a nivel mundial tienen límites, todos los tenemos, cada uno el suyo individual y es básico conocerlo y no sobrepasarlo.

Cuándo abandonar y cuándo no es la pregunta del millón. Diferenciar un momento de bajón que podemos superar del momento de abandonar para no dañar más nuestro cuerpo no es tarea fácil. Dado que las dolencias y sensaciones humanas son algo tan subjetivo y hay tantas como deportistas en el mundo, no existe una respuesta universal. La más ajustada es usar el sentido común. Es una obviedad pero en realidad, este es el menos común de todos los sentidos. Así pues, vamos a enumerar los síntomas físicos más frecuentes que pueden aparecer y cuando tomarlos en serio.

Dolor

El dolor es una señal que no siempre es certera. Todo corredor de larga distancia sabe que en las carreras, el dolor siempre hace acto de presencia tarde o temprano, pero hay que aprender a diferenciar entre un dolor propio de una lesión, ante el cual el abandono ha de ser inmediato del dolor derivado de la fatiga.

El dolor muscular generalizado, más o menos simétrico,  el “nos duele todo”  es fruto del cansancio y no debe implicar un abandono en la mayoría de los casos. En esta situación es donde la fuerza mental nos debe ayudar a seguir adelante. Este es un ejemplo de dolor que se puede gestionar y que no tendrá secuelas negativas en el futuro. Que quede claro que estamos generalizando, cada individuo ha de conocerse a sí mismo y saber decir basta, si el dolor, a pesar de ser atribuible a la fatiga, es insoportable.

Un dolor preocupante es todo aquel dolor localizado que aparece de forma más o menos brusca, con o sin una causa previa – una torcedura, una caída en bicicleta o cualquier traumatismo previo- que va de menos a más y que nos incapacita para seguir corriendo de forma normal. Este dolor es claramente un síntoma de que nos estamos empezando a lesionar o ya lo estamos y debemos abandonar. Todos hemos visto corredores andando o corriendo medio o completamente cojos en el maratón y muchos lo ven como un acto heroico, épico. Vamos a ver, no practicamos este deporte para convertirnos en leyenda ni ser héroes ante los demás.  Las leyendas y los héroes en el cine. Casi todos los corredores de larga distancia hemos cometido este tipo de errores, seguir compitiendo a pesar de andar cojos o estar en mal estado y los que lo hemos hecho, sabemos que esto pasa factura, desde acabar seriamente lesionados y tener que interrumpir nuestra vida deportiva durante semanas o meses, hasta acabar celebrando la medalla de finisher en urgencias de algún hospital.

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Foto: Barter Photography

Falta de energía

La falta de energía es también una fuente de abandonos importante. No haber comido o bebido bien es un riesgo seguro de pájara en las carreras largas. Si nos fallan las fuerzas, no quiere decir que debamos abandonar al instante. A veces pasarlo mal nos nubla el pensamiento y nos hace ver todo demasiado negativamente. Lo mejor que podemos hacer es tomarnos un descanso, parar, comer, beber, hablar con otras personas, etc. Todos estos recursos sencillos  nos pueden ayudar en momentos de flaqueza a reponernos y seguir adelante.  Si a pesar de esto, seguimos sin fuerza, tenemos mareos, la vista nublada o caminamos como ebrios y no somos capaces de andar de forma coordinada, es el momento de abandonar. La imagen lamentable de los hermanos británicos Brown Lee no debería verse nunca jamás, ni entre los profesionales ni entre los aficionados.

Molestias digestivas

Todos hemos experimentado molestias digestivas en menor o mayor grado. El tracto gastrointestinal es uno de los que más sufre en este tipo de carreras por varios motivos. En primer lugar, durante el ejercicio, el tubo digestivo está mal irrigado puesto que la circulación sanguínea se dirige a los músculos y al corazón, motivo por el cual éste trabaja peor y más lento.  También existe un efecto mecánico que hace que éste se vea perjudicado durante la carrera a pie. Cuando corremos, damos saltos y nuestro estómago e intestinos saltan a la par.  Este bamboleo no favorece los procesos digestivos, más allá de las flatulencias y otros síntomas igual de “agradables”.   Algo muy importante que quizás no tenemos en cuenta es aprovechar el segmento bici para comer sólidos y restaurar nuestros depósitos todo lo que podamos a sabiendas que en la carrera a pie vamos a beber pero difícilmente podremos tragar y digerir sólidos.

Las molestias pueden ir desde la distensión abdominal, flatulencias, náuseas hasta vómitos y diarreas e incapacidad para ingerir más alimento sólido o líquido.  Cuando empiezan a aparecer, lo mejor es detenerse o bajar el ritmo. En muchos casos esto es suficiente para que las molestias vayan desapareciendo. Si llegamos al extremo de tener vómitos o diarrea, deberíamos abandonar. Seguir en estas condiciones constituye un riesgo para nuestra salud, la pájara y deshidratación están aseguradas. Mejor no llegar a este extremo y detenerse antes.

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Foto: Hierry Deletelaere

Gestionar el abandono

Si hemos abandonado una carrera, lo primero que debemos pensar es que no hemos fracasado y verlo como un aprendizaje para siguientes carreras. Este es un deporte en el que el riesgo de abandono es muy alto. Muchas cosas pueden salir mal, aun estando muy bien preparados. Prácticamente todo atleta e incluso los mejores y más resistentes del mundo han abandonado alguna competición a lo largo de su vida por lo que estamos ante una vivencia muy común.

Si hemos abandonado prematuramente, podemos marcarnos un nuevo objetivo antes de lo que pensábamos. Buscar nuevos desafíos nos puede hacer olvidar este abandono y motivarnos aún más.

Lo que sí es importante de un abandono es aprender de lo sucedido. Si hemos abandonado por una lesión, quizá tengamos que trabajar mejor nuestra fuerza muscular o propiocepción.  Si ha sido por un desfallecimiento o por problemas digestivos, quizá nuestra estrategia de hidratación y alimentación ha sido errónea. Si nos faltaron fuerzas, a lo mejor no habíamos entrenado tan duro o tan eficazmente como creíamos o quizás no hemos sabido medir nuestro ritmo y nos hemos pasado de rosca.

Un abandono debe convertirse en algo positivo,  forma parte de la experiencia de todo deportista de larga distancia y debemos aprender de él y utilizarlo en nuestro beneficio.