Un triatleta -o una triatleta, que afortunadamente en este deporte poco a poco comienza a haber paridad- se pasa el día hablando de triatlón. No hay nada que nos guste más. Pero para nuestro entorno -léase nuestra pareja- es complicado, más si cabe si cuando nos conocieron y se enamoraron de nosotros apenas hacíamos deporte. ¿Quieres saber si tu pareja es adicto al triatlón? Pues revisa si te ves identificado -o identificada-…

1.- Compartes casa con alguien que ha monopolizado la cesta de la ropa sucia: camisetas sudadas que dan auténtico asco, maillots, culottes, calcetines, mallas, gorras… No hay camisas, no hay jerseys o calzoncillos por lavar: solo ropa de deporte.

2.- Su idea de una cita perfecta es poder pasarse cuatro horas con la bici, con más de mil metros de desnivel acumulado, y una transición a treinta minutos de carrera a pie. Y después baño y masaje.

3.- Por la noche, mientras estáis viendo la televisión en el sofá, sin razón aparente y sin venir a cuento se tumba en el suelo con algo que llama foam roller y se pone a hacer movimientos raros.

4.- Cada noche, antes de irse a dormir, se unta las piernas de trombocid y te pide que le des radiosalil en las cervicales.

5.- No come. Devora. Y si al terminar sigue con hambre y tú aún estás por el primer plato, te mira y te dice: «¿te vas a comer eso?«, esperando que digas que no.

6.- Los fines de semana pone la alarma antes que los días de trabajo. Es más: si vais de vacaciones sigue manteniendo la alarma con la excusa de «así entreno un ratito antes de que tú te despiertes».

7.- Es incapaz de responder con un simple «bien» si se te ocurre preguntarle «¿qué tal el entrenamiento?«.

8.- Cada vez que le duele, por ridículo que sea, un centímetro de su cuerpo, dramatiza durante horas. Por no hablar de que rápidamente llama al fisio para pedir hora.

9.- Vas en coche a su lado y tienes que ir apartando del suelo los bidones de ciclismo que va acumulando. «No, luego cuando volvamos los recojo todos«, es la excusa perfecta para posponer el llevarlos al trastero, o al cuarto donde van a parar las cosas que no sirven para nada.