Pues la respuesta es sí. Pero rotundo. El pasado mes de septiembre decidí que tenía que cambiar mis hábitos alimenticios. Siempre he estado con las dietas y al final me he acabado aburriendo con todas. Gracias a un libro que me recomendaron me di cuenta de lo dañina que puede ser la comida y de lo mal que nos alimentamos. El libro en cuestión es “Paleodieta para deportistas”, de Loren Cordain, un afamado nutricionista y creador de “Paleodieta”, y Joe Friel, entrenador de triatletas y ciclistas de élite.

La dieta paleo, más que una dieta es un estilo de vida. Está basada en comer productos naturales como carnes, pescados, huevos, frutas, verduras, semillas y frutas secos. Así de fácil y así de complejo. Digo complejo porque seguramente tú seas adicto al azúcar, no lo sepas y empezar con esta dieta no te será fácil al comienzo. Y digo el azúcar porque es la droga legal del siglo XXI que nos lo meten en casi todos los alimentos. A partir de ahora, fijaos en las etiquetas de lo que compráis y veréis cómo el azúcar es el compañero de viaje de por ejemplo productos que jamás pensaríais que lo lleva como el jamón ibérico, el salmón ahumado o unas salchichas que puedas comprar en tu centro comercial habitual. Hablo de tres alimentos al que jamás tú le echarías azúcar para comértelos. Por no hablar ya de todos los productos industriales como los cereales, la bollería, los zumos, refrescos, snacks… Todo, completamente todo, lleva azúcar. Así que una persona que se tome por la mañana un café con leche con su cucharada de azúcar, una tostadita con mermelada y mantequilla, a media mañana un donuts, después de comer un flan y otro cafecito con azúcar, por la tarde que si le robo a mi hijo un par de cookies y me tomo un tazón de cereales fitness que son buenísimos y antes de acostarme tengo mono de dulce y me como un trocito de bizcocho que me ha hecho mi madre, esta persona está ingiriendo unas cantidades brutales de azúcar que puede derivar, no sólo ya en unos michelines, sino en enfermedades más serias. Pues bien, este tipo de personas le será complicado adaptarse al estilo de vida paleo porque son dependientes de todo este tipo de productos. Pero sin duda alguna si consiguen superar esa etapa inicial, verán como les cambia la vida.

A mi me ha cambiado. Desde que soy paleo me encuentro más fuerte, estoy más delgado, me encuentro menos cansado, más animado, no me cuesta tanto hacer las cosas. He desterrado de mi vida la palabra pereza. Y sobre todo hubo una cosa que me llamó la atención del libro: “mejorará tu sistema inmunitario”. Y es así. Cuando jugaba al fútbol y comía mal, estaba con gripe, catarro, tos o mocos semana sí, semana no. Pues bien, este invierno tan sólo he pasado una gripe. Tiene mérito porque tengo dos hijos en el colegio que traen a casa todo tipo de bichitos en forma de virus. El Triatlón es un deporte que te expone mucho debido a que pasas mucho tiempo entrenando en la calle. Pues nada de nada. Ni un dolor de garganta. Ni un resfriado. ¡La bomba!

En cuanto a los entrenamientos. La pregunta típica es: ¿pero puedes hacer triatlón sin comer pasta? Sí. Claro que se puede. La pasta contiene gluten, que es una proteína muy dañina para el organismo que está presente en todos los alimentos refinados ( harinas de trigo, centeno, pan, pizzas…). Por lo tanto, la pasta está desterrada de la alimentación de un deportista paleo. Y rindes. Claro que rindes sin ella. Hay otros hidratos de carbono que puedes tomar que son más saludables y tienen la misma función que la pasta como pueden ser el arroz, el boniato, la patata (aquí hay debate) y por supuesto las frutas y las verduras. Normalmente los hidratos hay tomarlos antes (si el ejercicio va a ser superior a una hora), durante y después de realizar un entrenamiento y limitarlos cuando el nivel de entrenamiento es muy bajo o no entrenamos, sustituyéndolo por más grasas y proteínas. Sí. Más grasas. Pero buenas. Las que están presentes en carnes magras (mejor si el animal es de pasto, sino evita comer la grasa), el aceite de oliva virgen extra o de coco, el aguacate o los frutos secos. Las utilizamos como fuente de energía. Los depósitos de grasas son casi inagotables, -nos darían para hacer varios ironman consecutivos – sin embargo los del glucógeno que nos aportan los carbohidratos, sí se acaban, de ahí las famosas pájaras. Por eso durante todo este invierno he hecho muchos entrenamientos de baja-media intensidad y de larga duración en ayunas para acostumbrar a mi cuerpo a tirar de grasas. Suena difícil hacerse 20 kilómetros corriendo o 2 horas de bici en ayunas, pero todo con práctica se consigue.

Pero para hacer deportes de resistencia necesitas un aporte extra de hidratos de carbono. No se puede hacer un Ironman o un Ultratrail siendo paleo estricto. Ahí es donde aparecen los geles, las barritas y demás suplementación que nos aportan esas cantidades de energía que necesitamos para poder salir vivos de esas pruebas donde llevamos al cuerpo al límite.

Alimentos que se pueden tomar por orden de importancia:

  • Carnes, pescados, mariscos, aves, caza y huevos: Deben de aportarnos la mayoría de las calorías de nuestra alimentación. Si pueden ser ecológicas, mejor que mejor. Nos aportan grasas saturadas y proteínas.
  • Verduras: de temporada. Sin miedo a comer. Hasta la saciedad. Son muy nutritivas.
  • Grasas sanas: La grasa de animal (saturadas), mantequilla de vaca, aceite de coco, de oliva, aguacates, aceitunas.
  • Alimentos en moderación:
    • Frutas: Si quieres perder peso, debes de controlar su ingesta. Tienen mucha fructosa natural y puede hacer que no consigas tu objetivo de bajar esos kilitos de más.
    • Lácteos: Deben de ser de leche entera. Cruda y sin pasteurizar. Todos los alimentos 0%, light, desnatados y demás productos industriales NO se pueden tomar.
    • Tubérculos, Quinoa, arroz silvestre: muy buena opción para los atletas.
    • Frutos secos y semillas: una muy buena opción como tentempié.
    • Hierbas, especias, caprichos como el chocolate negro puro, una copita de vino rojo, y suplementos como el Omega 3, probióticos o vitamina D.

Cómo veis, es bastante sencillo. Tan sólo tienes que desterrar de tu vida todos los alimentos procesados que no aportan ningún beneficio a tu organismo. No olvides de donde procedemos. Tampoco quiero hacerle una cruzada a la industria alimentaria, pero sí que tenemos que rebelarnos ante ciertas directrices. Nos toman como conejillos de indias en muchos aspectos y nos guían por un camino que es totalmente incompatible con una vida sana y saludable.