Para llegar a correr más rápido se necesitan varios factores claves: desde una buena genética hasta un sólido entrenamiento, pasando también por tener un peso adecuado. Eso sí: estar delgado, por sí mismo, no te convierte en un corredor rápido.

Perder el exceso puede llegar a mejorar tu velocidad, pero no se convertirá en un sustituto de tu entrenamiento; incluso hay un punto en el que deja de ser beneficioso para empeorar nuestros ritmos. Esto ocurre cuando más que peso perdemos masa muscular en nuestro tren inferior y este no puede responder de la misma manera que lo hacía con unos kilos de más.

¿Qué dice la ciencia al respecto?

Los distintos estudios que se han realizado al respecto de cómo incide la variación de peso durante competición hablan de hasta veinte segundos por cada milla por cada cuatro kilos y medio perdidos. Tal como contamos en nuestro artículo Esto es lo que le pasa a tu ritmo de carrera cuando adelgazas, por cada kilo de masa grasa perdido mejoramos nuestro rendimiento en un 1,4%.

¿A qué se debe ese ahorro de tiempo? Básicamente el ser más ligero mejora tus tiempos de carrera porque mejora tu consumo máximo de oxígeno o VO2 máx, que es la cantidad máxima de oxígeno que tu cuerpo puede suministrar a tus músculos.  Cuando pierdes peso, es mucho más fácil para tu cuerpo suministrar oxígeno a todo tu cuerpo y cuando puede suministrar el oxígeno de forma más eficiente a tus músculos, puedes  correr a una mayor velocidad.

Si ya eres una persona ligera, perder peso no te hará más rápido y el intentar perder demasiada grasa puede afectar negativamente tanto tu salud como tu rendimiento deportivo.

¿Por qué influye más el peso en la carrera a pie que en las otras dos disciplinas?

Curiosamente, el peso adicional y la grasa corporal afectan el rendimiento de carrera más negativamente que el rendimiento de natación o ciclismo, lo cual no es muy sorprendente si se considera que la gravedad afecta más a la carrera, motivo por el cual los corredores de elite tienden a ser más pequeños que los nadadores  y ciclistas. Se pude decir que vale la pena ser delgado y ligero en triatlón.

Si bien algunos atletas por naturaleza son más delgados que otros, cada atleta tiene un peso ideal para carreras, el cual obtiene cuando se ha deshecho de la mayor cantidad de grasa corporal al mantener una nutrición saludable y un entrenamiento adecuado. Así muchos triatletas, con la finalidad de adelgazar, modifican su dieta.

Sin embargo, son pocos los triatletas que modifican su entrenamiento para adelgazar, si bien se entiende que el entrenamiento consistente y e intensivo produzca pérdida de grasa, la mayoría de los triatleta entrenan con la finalidad de mejorar su condición física y rendimiento, y aceptan la pérdida de grasa como un efecto beneficioso. En pocas palabras, entrenan de acuerdo con el principio de “la forma sigue a la función”.

¿Es este el camino correcto o debería, como triatleta, invertir esta fórmula (para que “la función siga a la forma”) y entrenar específicamente para eliminar grasa con el fin de mejorar su rendimiento?. La respuesta corta a esta pregunta es “no”. Tan importante como ser delgado y liviano es el rendimiento del triatlón, es solo un factor entre los muchos que afectan el rendimiento.