Entendemos por dopaje el mal uso o abuso de medicamentos o de sustancias prohibidas para aumentar el rendimiento deportivo. Desgraciadamente, se ha convertido en un fenómeno tan generalizado en el  deporte profesional y cada vez más frecuente en el amateur que amenaza la seguridad, la salud y la esperanza de vida de demasiados atletas.

Aunque no se trate de dopaje, la mayoría de deportistas aficionados consumen una cantidad indecente de “suplementos permitidos”, vitaminas, aminoácidos, enzimas, medicamentos en forma de pastillas, sobres, ungüentos… con la idea de aumentar su rendimiento, recuperarse mejor, eliminar el dolor muscular, quemar grasa,  ganar músculo… de tal manera que la mayoría de atletas llegan  a la conclusión que es imposible desarrollarse en el deporte sin la ayuda de sustancias que no forman parte de la alimentación.  Aunque la mayoría de suplementos no sean dañinos para la salud, la cantidad de dinero que se invierte en ellos es muy dañina para el bolsillo, así que habría que analizar si son necesarios y/o útiles. El deporte aumenta las demandas energéticas, de vitaminas, minerales y aminoácidos, no obstante, los suplementos no aportan un beneficio adicional a un deportista aficionado sano, con una dieta de cantidad y calidad adecuadas. Puede ser necesario un determinado compuesto en un deportista en concreto, si un dietista o médico lo prescribe, pero no su uso y abuso generalizado. Hay un negocio y mucha publicidad engañosa detrás. La realidad es que muchas de las sustancias que se consumen, ejercen sus beneficios mediante el efecto placebo, es decir, los efectos deseados a nivel del rendimiento no son producidos por la sustancia en si sino por la fuerte convicción del quién la consume de que le será beneficiosa. Se ha demostrado que el efecto placebo es de los más potentes que existe y el principal causante que muchas sustancias “superfluas” produzcan los efectos deseados.

El objetivo de este artículo es dar a conocer las principales sustancias dopantes y sus efectos tóxicos tras su consumo abusivo fuera del contexto médico admitido. La larga lista se puede dividir en tres categorías:

  1. Las sustancias ergogénicas: Son sustancias ilegales dentro del mundo del deporte. Su uso queda restringido a pacientes afectos de ciertas enfermedades y bajo prescripción médica.  Incluye todos los esteroides anabolizantes, los estimulantes como las anfetaminas, la cafeína y la efedrina y las hormonas peptídicas como la hormona del crecimiento, la eritropoyetina y la insulina.
  2. Los medicamentos: Esta categoría es muy amplia e incluye medicamentos de uso cotidiano muy frecuente. Su mal uso o abuso puede ser considerada tentativa de dopaje, además de perjudicial para la salud.
  3. Las drogas de venta ilegal y de divertimento. Hachís, marihuana, heroína, etc. Obviamente, prohibidas en el mundo del deporte. Es raro el consumo de este tipo de drogas entre el colectivo deportista. Excepto la cocaína y anfetaminas que pueden tener algún papel en el dopaje por su efecto estimulante y de las que hablaremos a continuación, el consumo del resto de drogas ilegales no corresponde a una tentativa de dopaje sino a una tóxicomanía, así que no hablaremos de ellas.

Los efectos tóxicos de las sustancias dopantes

El alcohol no es una sustancia prohibida explícitamente ni con efectos dopantes en el mundo del deporte. No obstante, dado que tiene serios efectos sobre el estado de alerta, la capacidad de reacción, los reflejos y la coordinación, en ciertas disciplinas se pueden hacer controles de alcoholemia que pueden suponer sanciones al atleta que supere cierto límite, límites que serían superponibles a los establecidos para la conducción de vehículos.

Estimulantes

El deportista busca en ellos retrasar la aparición de la fatiga, aumentar la concentración, el estado de vigilancia, la explosividad y la velocidad. Se toman por vía oral poco antes o durante la competición, a largo plazo no tienen ningún efecto positivo sobre el rendimiento. Sus efectos tóxicos a corto plazo son comunes en todas las sustancias de este tipo: Nerviosismo, irritabilidad,  insomnio,  temblor, hipertensión, taquicardias, arritmias, sequedad de boca.  Todas ellas son detectables en orina.

Amfetaminas: Comparten numerosos efectos con la cocaína. Además de los efectos agudos mencionados, pueden generar psicosis, alucinaciones, dependencia, adicción  y síndrome de abstinencia tras su retirada.

Efedrina: Esta sustancia se encuentra en numerosos preparados farmacéuticos como los descongestionantes nasales para el tratamiento de los resfriados.

Cafeína: La cafeína es un estimulante cuyo efecto ergogénico o dopante depende de la dosis ingerida. Pequeñas dosis son inocuas y permitidas en el deportista pero a dosis altas, puede ser considerado una tentativa de dopaje y seriamente perjudicial. Se considera mortal la dosis aguda equivalente a unos seis litros de café. Un consumo crónico excesivo aumenta el colesterol en sangre, favorece el infarto de miocardio y es cancerígena.  Cuidadín con los geles enriquecidos con cafeína ya que son dosis altas y muy concentradas y en deportistas no acostumbrados a ella, les puede sentar fatal.

Cocaína: El ejercicio multiplica los efectos tóxicos cardiovasculares de una droga que, ya de por sí, es muy peligrosa, principalmente por hiperestimulación cardiaca con arritmias e infarto de miocardio.

Esteroides anabolizantes

Los más utilizados en este grupo son la nandrolona, testosterona y el estanozodol. Aumentan la masa y la fuerza muscular.  Se consumen en inyecciones asociado con pastillas durante largos periodos de tiempo. Tienen muchos efectos adversos a largo plazo. Aumentan el riesgo de cáncer de hígado y próstata, hipertensión, taquicardia, infarto de miocardio o cerebral, agresividad, acné, caída del cabello, feminización en hombres (disminución del tamaño de los testículos, de la cantidad y calidad de los espermatozoides,  esterilidad,  crecimiento de las mamas, etc),  virilizacion en la mujer (hirsutismo o aumento del bello, voz ronca y grave, amenorrea y trastornos menstruales, etc.).

Foto: Marca

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Hormonas peptídicas

Son sustancias análogas a hormonas fabricadas por el propio organismo.  Se administran en inyecciones durante largos periodos de tiempo, en la fase de entrenamiento.

Corticotropina (ACTH): Análogo de la ACTH, una hormona fabricada en el sistema nervioso central que estimula la producción de corticoesteroides en las glándulas suprarrenales. El objetivo de la toma de ACTH es intentar aumentar la tasa de corticosteroides endógenos en la sangre, para obtener el efecto euforizante de los mismos. La toma de estos productos puede entrañar reacciones alérgicas que van desde la urticaria al choque anafiláctico en el momento de la inyección. A largo plazo produce hipertensión, retención de líquidos, aumento de peso, osteoporosis, cambios de humor, hiperglicemia y diabetes, propensión a las infecciones, etc.

Eritropoyetina (EPO): Es una hormona fabricada en el riñón que estimula la producción de glóbulos rojos a nivel de la medula ósea, aumentando la tasa de hematocrito en sangre. La tasa normal está entre 35 y 45%, pudiendo llegar a superar el 50% con EPO. El mayor porcentaje de hematocrito en la sangre se traduce en más capacidad para transportar oxígeno y mejor rendimiento en deportes de fondo.  Su uso está aceptado única y exclusivamente en pacientes con anemia severa asociada a insuficiencia renal crónica bajo prescripción médica.  Los efectos secundarios agudos son síntomas gripales, dolor de cabeza, óseo y articular e hipertensión tras la inyección. A largo plazo, el aumento de la tasa de hematocrito en sangre se deriva en un aumento de la consistencia de la sangre o hiperviscosidad que produce dolor de cabeza, hipertensión y favorece las trombosis arteriales y por tanto, el infarto de miocardio y cerebral, y venosas.

Se puede detectar en sangre y orina. Independientemente de si se detecta o no, un valor de hematocrito superior al 50% implica la descalificación del atleta. No obstante, situaciones de hipoxia o entrenar a grandes alturas puede aumentar el hematocrito sin haber hecho uso de la EPO.

Hormona del crecimiento (GH): Junto con la EPO y los esteroides, constituyen el  caballo de batalla del dopaje en la actualidad. Es una hormona que se produce en la hipófisis, una glándula del sistema nervioso central. Su efecto es favorecer  el anabolismo de las proteínas y el catabolismo de la grasa, aumentando así la masa muscular y ósea y reduciendo el porcentaje de grasa corporal. No obstante, varios estudios han demostrado que la administración de GH, a pesar de aumentar la masa muscular y reducir la grasa, no provoca mejoras significativas del rendimiento deportivo. Por el momento, no se detecta en las pruebas de dopaje aunque produce unos cambios morfológicos muy evidentes y delatores como es un crecimiento exagerado de la mandíbula.

Insulina: Ampliamente conocida para todos como responsable de reducir la glicemia de la sangre. Su uso está restringido a diabéticos. Su utilización en deportistas como dopaje es por su efecto estimulante de la hormona del crecimiento  dado que la insulina es un análogo de un factor llamado IGF-1 que estimula la producción de la GH. El efecto secundario inmediato es la hipoglucemia. Las hipoglicemias por insulina, a diferencia de las espontáneas que acostumbran a ser leves, son muy graves,  pueden ocasionar coma y la muerte en instantes.

Medicamentos ¿cuáles están prohibidos?

Están prohibidos un largo listado de medicamentos, entre los más destacados y conocidos:

Estupefacientes: Todos aquellos medicamentos que tienen efectos en el sistema nervioso central reduciendo el nivel de conciencia y estado de alerta. Analgésicos narcóticos como la codeína y otros derivados de la morfina, tranquilizantes como los barbitúricos y benzodiacepinas.

Diuréticos: No tienen efectos dopantes pero diluyen la orina e impiden que se detecten las sustancias ilegales en ella. El uso de diuréticos es extremadamente peligroso por la deshidratación y pérdida de electrolitos que generan.

De los medicamentos “permitidos”, merecen mención especial los Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs). A este grupo pertenecen todos los analgésicos y antiinflamatorios de los cuales los deportistas usan y abusan sin discreción. Aunque su uso puntual no acostumbra a producir efectos secundarios, su uso y abuso a medio y largo plazo puede producir ulcera de estómago o duodeno, hipertensión, retención de líquidos e insuficiencia cardiaca.