Malcolm Gladwell es un sociólogo canadiense famoso por su regla de las 10.000 horas. Ésta, expuesta en su libro Fueras de serie, por qué unas personas tienen éxito y otras no, habla de que para convertirse en un especialista en cualquier materia se necesitan 10.000 horas de práctica. ¿Y esto de qué sirve en una revista de triatlón? Pues que partiendo de la premisa de que la natación es el segmento en el que más necesitamos mejorar la técnica para mejorar nuestros tiempos, el que repitamos determinados movimientos horas y horas y más horas es la clave para que podamos mejorar. Recordemos que la gran mayoría de los mortales nos encontramos con graves problemas para asumir los ejercicios de técnica, lo que nos suele frustrar bastante.

Pero claro, es que según esta idea de Malcolm Gladwell, para aprender cualquier nueva técnica, necesitamos muchas horas, y tiempo es lo que nos suele faltar. Aparte, nuestro cerebro es un punto clave en todo esto. Los patrones de movimiento necesarios para llevar a cabo cualquier tarea en el agua tienen que repetirse varias veces hasta que se convierten en una rutina, y hay que recordar que si nuestro cerebro ya sabe hacer algo de una manera, le va a costar bastante readaptarse a la nueva situación.

Así, por tanto, nos encontramos en primer lugar con un problema de costumbre, y luego de tiempo. Por eso para un chaval de trece años es más fácil aprender un nuevo gesto que para nosotros.

¿Y qué podemos hacer para remediar esta situación?

En primer lugar tratar de reducir los movimientos a aprender a lo más básico y sencillo. Es más fácil aprender un único gesto cada vez, aunque sean aparentemente muy fáciles, que una cadena compleja de ellos. Teniendo en cuenta además la motivación que genera aprender algo nuevo, frente a la frustración que provoca verse no capaz de lograrlo.

En segundo lugar, si tenemos cerca alguien experto que nos dé feedback constante, mucho mejor que mejor. Nadar y correr son dos tareas que los ciclistas podemos hacer perfectamente solos, pero si disponemos de alguien cerca que nos corrija los movimientos, ya sea un compañero de club, ya sea un entrenador, veremos que nuestra técnica avanza a ritmo más alto que si nosotros mismos somos los que tratamos de autoanalizarnos.