Los tejidos del cuerpo se van renovando a lo largo de nuestra vida. Algunos órganos, como el cerebro o el corazón, tienen poca capacidad de regeneración. Otros, como la piel o la sangre, lo hacen de manera constante hasta que morimos. Cada órgano tiene una reserva de células especiales con la capacidad de dividirse en dos, las células madre.

Pero la capacidad de regeneración de los tejidos tiene fecha de caducidad, porqué si no fuera así, el ser humano sería inmortal. Aunque la ciencia nunca ha cuestionado la mortalidad del ser humano, hasta bien entrada la década de los 60 se creía que las células humanas aisladas en cultivo eran inmortales y se podían dividir infinitamente. Leonard Hayflick experimentó en su laboratorio y observó que las células se dividían un número determinado de veces y después, irremediablemente,  morían. Y cada tipo de célula se dividía siempre el mismo número de veces para después morir.  Hayflick hechó por los suelos la arraigada teoría de la inmortalidad celular demostrando que las células humanas se dividen un número determinado de veces y luego, irremediablemente, mueren o quedan en estado senescente. A éste número finito de veces que puede dividirse la célula, se le llamó el límite de Hayflick y cada célula tiene el suyo.

Y ahora sabemos que este límite o reloj biológico intrínseco de cada célula que marca cuántas veces puede replicarse y cuándo ha de morir es el telómero, una secuencia de ADN especial situada en el extremo de cada cromosoma que lo protege pero que se va acortando en cada división celular. Cuando la longitud del telómero se reduce por debajo de cierto umbral, la célula madre ya no puede dividirse y se vuelve senescente o muere.

La longitud de los telómeros es uno de los biomarcadores más precisos de envejecimiento y salud. Diferentes estudios han demostrado una relación directa entre edad y longitud de los telómeros (The study on telomere length for age estimation in a Thai population, junio 2014) pero también entre telómeros cortos y enfermedad coronaria (Leucocyte telomere length and risk of cardiovascular disease: systematic review and meta-analysis, julio 2014), cáncer (Genetic anticipation is associated with telomere shortening in hereditary breast, julio 2011) y mortalidad general (Peripheral blood leukocyte telomere length and mortality among 64,637 individuals from the general population, 2015).

telómerosPor cierto, una de las mayores investigadoras sobre este tema es la española María A. Blasco, directora del Centro Nacional de Investigación Oncológica y autora del libro Morir joven, a los 140 años.

Telómeros y telomerasa

La  telomerasa es una enzima que añade bases al final de cada cromosoma, alargando la longitud de los telómeros y, con ello, retrasa el reloj celular, permitiendo divisiones adicionales. Pero con el tiempo, la producción de esta enzima disminuye y se acortan los telómeros aumentando la velocidad del deterioro celular. Dicho esto, sería lógico pensar que cuanta más telomerasa menos envejecimiento y más salud pero esto no es exactamente así,  porqué, como pasa en la mayoría de aspectos de la vida, los extremos nunca son buenos. Existe un tipo de células que destacan por sus larguísimos telómeros y gran actividad de la telomerasa que las convierte en casi inmortales y se llaman células cancerígenas. Y es justamente la alta capacidad de duplicarse y su inmortalidad lo que las convierte en peligrosas. De hecho, una de las muchas líneas de investigación contra el cáncer es precisamente intentar inhibir su producción de telomerasa. La telomerasa es una arma de doble filo, su baja producción acorta la vida celular y se relaciona con la vejez y la enfermedad pero si su actividad es demasiado alta, la célula puede “enloquecer”, dividirse sin parar y convertirse en cancerígena. El secreto de la telomerasa (y la salud) está en encontrar un término medio, un equilibrio,  ni tanto ni tan poco.

Los telómeros y el deporte

El ejercicio, en general, activa la telomerasa, alargando el telómero y actuando así contra el envejecimiento y el deterioro celular.  Pero cuidadín! Cuando los profesionales de la salud hablamos de ejercicio “en general”, no nos referimos a la larga distancia “precisamente”. Una cosa es que este deporte apasione, enganche y aporte muchos beneficios, mentales y físicos, a un grupo concreto de la población y otra muy diferente es que sea recomendable desde un punto de vista de salud, para todo el mundo. Es difícil establecer una “cantidad máxima” de ejercicio saludable y depende de muchos factores pero, desde luego, ningún profesional de la salud, en su sano juicio, recomendaría hacer IRONMANES, ni ULTRAS ni siquiera maratones…

El deporte de larga distancia y los telómeros

Hace unos meses,  hablamos en esta revista del envejecimiento prematuro que puede producirse entre los deportistas de larga distancia debido, entre otras cosas, al exceso de radicales libres. Pero ¿qué pasa con la larga distancia y los telómeros? Aunque no todos los estudios al respecto sean concluyentes,  vamos a hablar de alguno de ellos y sus resultados.

En deportistas mujeres de edad mediana, Cherkas y cols. encontraron una asociación dosis-dependiente entre la actividad física y la longitud del telómero. Dicha relación entre los niveles de actividad física crecientes y la longitud del telómero seguía una distribución en forma de ‘U’ invertida, mostrando que tanto la muy baja como la muy alta actividad estaban asociadas con telómeros más cortos y que un nivel moderado de actividad estaba asociado con los telómeros más largos. Como andamos diciendo siempre, los extremos nunca son buenos….

Otro estudio (Borghini y col, 2015; Mutagenesis 22-may) intentó evaluar los efectos agudos y crónicos de una carrera extrema de montaña de larga distancia sobre la longitud de los telómeros, la famosa Tor des Géants, de 300 km con 24.000 desnivel+. Veinte atletas participaron y se comparó la longitud de sus telómeros con sujetos control. Los resultados del estudio revelaron que, aunque antes de iniciar la prueba el telómero del deportista entrenado era más largo, al finalizar la competición se constató una disminución de la longitud de los telómeros en aquellos atletas que finalizaron la carrera. Los datos de este estudio sugieren que el ejercicio de resistencia puede ejercer efectos positivos sobre la longitud del telómero pero que la exposición aguda a una prueba de ultra-resistencia se asocia a un acortamiento de los mismos, posiblemente por daño oxidativo del DNA.

En 2016 se publicó un estudio en la revista científica PubliCE que tenía como objetivo evaluar si la longitud de los telómeros del músculo está asociada con el ejercicio físico de resistencia y el VO2máx en personas de diferentes edades. Se estudiaron veinte hombres, la mitad entre los 22 y 27 años y  la otra mitad entre los 66 y 77 años. Cinco de los diez adultos jóvenes y cinco de los diez adultos mayores eran atletas de resistencia, mientras los otros se estaban ejercitando a un nivel medio de actividad.

Se les midió la longitud de los telómetros y el VO2máx. Se halló que los atletas mayores que practicaban deportes de resistencia de larga duración tenían el VO2 máximo y la longitud de los telómeros más larga comparada con las personas mayores con niveles de actividad menor. No obstante, la longitud de los telómeros de los atletas de resistencia del grupo de edad más joven no fue significativamente diferente a la de los no-atletas de esa misma edad. La conclusión que sacaron de este estudio en concreto fue que el entrenamiento de resistencia de larga duración puede proveer un efecto protector en la longitud de los telómeros del músculo en  adultos a partir de los 60 años.

Conclusión

Es probable que la mayoría de los que estamos leyendo (y escribiendo) esto seamos adultos menores de 60 años, en los cuales no se demostró, en dicho estudio, una relación estadísticamente significativa entre el deporte de larga distancia y nuestros telómeros, así que, habrá que esperar a cumplir 60 años para que hacer un IRONMAN tenga un impacto significativo y positivo sobre nuestros cromosomas… Ya tenemos una “motivación” más (o una “excusa” más según como se mire) para seguir haciendo triatlones hasta la vejez. No es que esté recomendando hacer larga distancia hasta el día del juicio final, porque, aunque sea asidua a este deporte, también soy profesional de la salud y no debería hacer según qué recomendaciones, pero bueno… ahí lo dejo…