El pasado 12 de octubre todo cambió para Tim Don. El británico, uno de los grandes favoritos para luchar por la victoria en el pasado Campeonato del Mundo de Ironman, sufrió un terrible accidente entrenando en bici en las inmediaciones de Kona que apunto estuvo de acabar con su vida. Afortunadamente el británico va recuperándose y ya sin el halo vertical que le instalaron para soldar la fractura de la vértebra C2, comienza a ver la luz al final del túnel.

«No recuerdo casi nada«, ha confesado recientemente en una entrevista. «Recuerdo que volvía para Kona, que estaba a unos cinco kilómetros y que una furgoneta giró para meterse en una gasolinera. Traté de esquivarla frenando en seco. Lo siguiente que rercuerdo es que me levantaron y pusieron en un costado del camino, que me preguntaron mi PIN del teléfono y a quién debían llamar».

«Lo siguiente que recuerdo es estar en la ambulancia y a los médicos tratando de ponerme una vía intravenosa en el brazo«. Aunque en un principio se pensó que el accidente revestía menos gravedad, las pruebas a las que sometido -tomografías, radiografías y resonancia magnética- mostraron que el problema era mayor.

«Tan pronto como aterrizamos en Denver fuimos al centro neurológico. Tras examinar mis escáneres me diron que tenía dos opciones, una fusión de las vértebras C1 y C2, o un halo cervical», relata Don. El halo era el tratamiento más agresivo, pero con mayores posibilidades de recuperar el 100% de movilidad en el cuello. «Escogí el halo sin pensármelo, aunque no sabía ni lo que era, para ser honestos«.

Los médicos pronosticaron tres meses con esta especie de armadura y después collarín, y poner ahora se van cumpliendo los plazos. «Tenían razón, era muy agresivo, sobre todo cuando los tornillos se soltaban y tenías que volver a atornillar. Incluso me tuve que poner un quinto tornillo extra«.

Dormir con él ha sido casi imposible: «Las tres primeras semanas traté de dormir en una silla», cuenta el triatleta, tercero en el pasado Campeonato del Mundo de Ironman 70.3 que se llevó Javier Gómez Noya. «Como la prótesis me llegaba a la mitad de la espalda, cuando trataba de apoyarme se me clavaban los tornillos, así que era bastante doloroso».

Afortunadamente pasadas esos 21 días pudo pasar a la cama. «Lo hacía con cuatro almohadas grandes«. El problema, continúa, eran «las piernas, ya que se iban hinchando incluso usando calcetines de compresión, y no era ni bueno ni cómodo«.

Muestra del caracter ganador de Tim Don son los volúmenes de entrenamiento y rehabilitación que ha estado acumulando en estos tres meses que ha estado con el halo cervical: «pasaba unas seis horas en el gimnasio y otras cinco en el rodillo, muy fáciles«. Pese a ello, ha perdido gran masa muscular, sobre todo en el tronco superior. «Además la flexibilidad es inexistente».

Con collarín las 24 horas del día, entrenar la carrera a pie es por el momento imposible, aunque ya ha comenzado a ejercitarse en el agua. «Puedo meterme en la piscina, aunque he de tener el cuidado de que no se me meta agua en los agujeros de la cabeza«. En el horizonte, el 30 de enero, fecha de la próxima revisión. Si nada se tuerce, será el momento de retirar el collarín y volver a hacer vida normal.

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