Lo de ser triatleta es un drama. Si, no me miréis así: es un puto drama. Imaginad todo lo que tienen que flipar con nosotros toda la gente que no se ha viciado -aun- a nuestro deporte cuando les cuentas, todo serio y convencido de lo que has hecho, que te has gastado doscientos pavos en un casco aerodinámico porque “es que te asegura un segundo de ahorro por cada kilómetro”.

Somos un Eneko Llanos en el cuerpo de un señor fofito, no me jodáis. Y quien dice casco aerodinámico, dice pulsómetro, potenciómetro, revolucionómetro (no tenéis aún un revolucionómetro, ¡insensatos!). Y lo peor de todo es que pese a dejarnos auténticos dinerales en ahorrarle unos segundos al reloj gracias a la aerodinámica, luego la cagamos en las cosas más fundamentales. Y yo el primero. Creo que por esto hemos pasado todos.

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Perdemos el norte, nos olvidamos de lo más básico, de aquellas que deberían darse por supuestas, que no cuestan dinero, pero ni nos paramos a pensar:

Pedalear con las piernas abiertas

A ver: imaginaos que os metéis en el berenjenal de hacer un ironman. Os esperan 180 kms en bicicleta de lo más ricos. ¡La técnica, hombre!. Si estáis acostumbrados a ir en grupo, probablemente habréis visto compañeros que abren las piernas más de lo necesario. Incluso puede que vosotros lo hagáis -yo lo hacía, lo reconozco-. E imaginad qué efecto aerodinámico, para mal, puede generar la resistencia de nuestras hercúleas piernas abiertas de par en par.

En la bicicleta hay que tener en cuenta una cosa: el ochenta por ciento del área frontal de un ciclista es su propio cuerpo, así que lo ideal es ir acoplado: y esto no significa únicamente ir con los brazos apretaícos al manillar de tri. Significa ir pegado a la bicicleta en todas las partes de nuestro cuerpo, buscando la menor resistencia al aire.

La mayoría de las veces esta tendencia a abrir las piernas se arregla con un estudio biomecánico. Porque asumid una cosa: el abrir demasiado las piernas pedaleando no es un acto natural, además de añadirnos tiempo al cronómetro, probablemente termine lesionándonos.

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Exceso de bidones

¿Qué somos? ¿Triatletas a aguadores oficiales del Team Katusha? Supongo que es pagar otra novatada, pero ves por ahí a triatletas con tres, cuatro, incluso cinco bidones como si fuesen a hacer una ultradistancia y no hubiese puestos de avituallamiento cada cierto tiempo.

Piensa en toda la resistencia al viento que generan cilindros de 750ml. Aparte de todo el esfuerzo extra que tienes que hacer para mover los kilos de más. Nos dejamos cuatro mil pavos en un cuadro superligero, el terror de las nenas, y luego le añadimos por gusto dos kilos más. Ay…

Lo bueno de dejarte quinientos euros en un dorsal es que te aseguras que los organizadores te van a proveer de bebida cada quince kilómetros, así que con que lleves un bidón de agua y otro de isotónica, más que suficiente.

Llevar ropa suelta

Con el trimono quizás esta sea el menos habitual de los errores, pero en un larga distancia sigue viéndose, por desgracia. La situación habitual es que tengas sensación de frío por la mañana y decidas salir a la carretera con el maillot, por si acaso (cuánto daño le hacen al deporte los “por si acaso”, ay). Y empiezas a pedalear como un poseso, y van pasando las horas, cambia la temperatura, tú empiezas a sudar, y coño, que el maillot de marras te sobra. Y te lo abres para que entre un poco de aire.

Pues volvemos a las mismas: ropas sueltas, balanceándose con el efecto del viento, nos hacen un gran daño aerodinámico.

¿Cómo se arregla ésto? Con unos manguitos. Y punto.