Ya de vuelta de Suiza, es momento de pensar en todo lo que ha acontecido, y no solo el día “D”, si no desde que se me pasa por la cabeza semejante pensamiento oscuro.
A modo de introducción, antes de entrar en más detalles, se trata de una prueba en el corazón de los Alpes Suizos con 4 segmentos: Natación (3100 mt.), Bici carretera (97 km y 2150 d+), BTT (30 km y 1180 d+) y Trail (25 km y 2150 d+). Algo así como un Cuadrathlon por las alturas, acabando a casi 3000 mt. de altura, en el Schilthorn ( Piz Gloria-2970 mt. )

altimetria

Foto: Inferno Press

Sería muy fácil decir que fue aquel momento de macho ibérico en que alguien te dice “a que no tienes…”. Pero no es el caso, y antes de decidir apuntarme lo premedité y consensué con Gini, mi pareja. Esto no iba a ser preparar un Ironman más, con las dificultades que ya de por si conlleva, si no que me iba a costar unas decenas de miles de metros positivos más durante la preparación. Noviembre y ya tenemos el objetivo para el próximo año. Y si a tener que preparar semejante prueba le queremos poner un poco más de salsa, le añades 3 hijos y que tu pareja se prepare también para su IM de Maastritch, justo 3 semanas antes del tuyo. ¿Quién da más?

La preparación la empiezo con diversiones por montaña varias; mucha más btt de lo habitual, corriendo por todos los senderos, caminos y trialeras de Collserola, y sumando metros positivos en bici de cuantas maneras fueran necesarias. Siempre pensando en que el día que abrían inscripciones, y tuviera la “suerte” de coger una de las 333 plazas disponibles. Como son muy originales, el día de apertura es el día 3 del mes 3 a las 3:33h. de la madrugada!!!!!!!!! Así, que allí me encuentro, con el despertador sonando a la magnífica hora bendita, y con mi inscripción lista en 3 minutos (para seguir con la costumbre del 3 que debe ser tradición Suiza). Unos días después me llega confirmación vía email de que estamos dentro y en ese momento empieza un camino de 5 meses donde todo es pensar y actuar en formato “Inferno”.

Por el camino dejo un par de triatlones de media distancia (Half Lleida y Half Altriman ), además de unas cuantas ciclo turistas con bastante desnivel acumulado, pero siempre con la cabeza en el objetivo. Meses sumando con facilidad, sumados a otros con algunas molestias musculares de espalda, pero nunca nada importante. Así que nos acercamos a los meses de cargas duras de entrenos y el calor sofocante lo va a hacer mucho más duro. ¿Pero quién dijo que esto sería fácil? Entrenos extenuantes, encima de otros con más cansancio todavía, y mi cuerpo respondía con alegria. La cabeza hace milagros y empujaba con solo pensar en el perfil que me esperaba al llegar a los Alpes.

Unas semanas antes nos desplazamos a Holanda y Gini se doctora de nuevo en Maastritch, colgándose de nuevo su medalla de Finisher en un día de perros por el pavés de Limburg. Un gran fin de semana dónde todos y cada uno de los compañeros del club C.H. Cerdanyola consiguieron pasar bajo el arco de meta con su sonrisa particular. Felicidades a todos de nuevo!!!!!! Esas dos semanas, anterior y posterior al Ironman, fueron muy duras para poder cuadrar entrenos y viaje. Horarios inhumanos de entrenos a las 4:30h. de la mañana para poder cumplir el Planning, sumados a días donde no entraba ni la comida del poco tiempo que quedaba saliendo de la piscina, y tardes en las que se hacía oscuro corriendo o dando pedales de nuevo. En ese momento sí que hubo avisos de cansancio extremo, que por suerte unos días de dormir de más, solucionaron inmediatamente.

material triatlon

Foto: Alex Pla

Nos presentamos con los deberes hechos en la semana-objetivo, y un desplazamiento masivo familiar, con una logística elaboradísima, conjuntamente con Gini, nos lleva de cabeza a nuestro apartamento. Está situado en una ladera al más puro Heidi, a pies de una de las muchas montañas alpinas nevadas. A escasos 15 min de la línea de salida, y nos centramos para visitar durante 10 días todo cuanto podamos. Además de competir, nuestras vacaciones familiares iban a ser para recordar ( Y así fue!!!!!!!).

El día anterior a la prueba se deben llevar todas las bolsas a las diferentes zonas de transición, ya que ninguna de ellas está situada en el mismo sitio. Jueves noche preparo todas las bolsas para no dejarme nada, algo que ya tengo por mano en un triatlón, pero que ese día se convirtió en algo bastante más complicado; las previsiones meteorológicas son bastante adversas, hasta el punto de anunciarnos en el Briefing, algo de nieve en el tramo final, llegando al Piz Gloria.

¿Quién dijo que esto de la logística pre-competición era pan comido?

Y llega ese gratificante momento el cual llevas esperando meses; un desayuno a las 3:45h.!!!! Qué bonito es esto, quién no ha soñado nunca con estos desayunos precompetitivos? Noche anterior con poco descanso, por limitación horaria, no por nervios, y a las 5:00h. ya estamos camino de la salida. Todavía a oscuras, me enfundo en mi flamante Zone 3 Vanquish (ya sabemos, como buen triatleta que se precie, aunque no sepamos nadar, a llevar buen material no nos gana nadie). A la línea de salida en el lago de Thun, y a las 6:30h. puntuales como buen reloj Suizo, salimos a nadar en un lago fresquito ( 18ºC tampoco estaba muy fría ), y con muy poco viento que mueva el agua.

Natación muy limpia, a pies de cuanto veía a mi alcance y sin dar una sola patada al agua durante los primeros 2700 mt. El grupito en el que íbamos situados, acaba buscando la orilla contraria del lago, a escasos 300-400 mt del castillo que marca la línea de llegada en Oberhofen. Lo que pensaba nos favorecería, al final fue todo lo contrario. Por el centro del lago no había ningún tipo de corriente, pero a tocar a la orilla debía haber la entrada de algún pequeño rio ( se notaba el agua algo más fría ), y tuvimos que apretar para llegar a salir del agua perdiendo lo menos posible respecto a todo el resto que venían por el centro del lago. Seguro que 3 o 4 minutos nos cayeron dando zarpazos en contracorriente. A mi salida del agua, ya veo las caras de Gini y los niños animando como locos, y empezamos con los subidones de adrenalina.

57’47” en posición 60, y a hacer una transición con cabeza, que no me puedo dejar nada. Aunque el día todavía no pinta muy mal, en cualquier momento se gira y como no lleves la ropa adecuada, se puede pasar muy mal a 2000 mt. de altura que debíamos llegar.

Salgo saludando tranquilamente y a dar pedales que es lo mío. Objetivo del día: guardarlo todo en los dos segmentos de bici, que como te pases lo más mínimo, no llegas ni a ponerte las zapatillas del sector de trail. Nada más salir, primer puerto, que lo conozco porque pasamos dos días antes en coche, y aunque es corto, las rampas del 10% y del 12% en algunos momentos, hace que la gente ya vaya muy clavada…. Y eso que acabamos de empezar. Voy pasando a mucha gente, ya que además de los que hacemos el triatlón del Inferno al completo, también hay otras dos categorías; por equipos y por parejas. Aun teniendo la sensación de que voy muy relajado, entre 140 y 150 ppm como máximo, veo que recupero posiciones y eso hace que este muy tranquilo. Por ahora todo va bien; me dedico a beber, comer y tomar mis sales con el agua. Todo en regla.

Bajamos el primer puerto dirección Interlaken, rapidísimo, con puntas de 80 km/h…que peligrosa esa zona con los kamikazes que intentaban recuperar terreno; no entiendo como se la juegan de tal forma, y lo digo yo que no bajo del todo mal. Desde Interlaken hasta pasado Meiringen, terreno casi por completo plano de unos 35 kms (único espejismo del día). Lo aprovecho para acoplarme y relajar piernas. Uso la cabeza para frenar el impulso de las ganas de apretar. Que fácil estaba rodando, que ganas de desbocarme…pero no debía. Así que recupero algunas posiciones, pocas, en esos kms, y me planto a pie del “puerto” del dia. Subida completa al Grosse Scheidegg (1960 mt.) Contando que la parte del lago y resto de pueblos del valle están a 560 mt. de altura, resulta que subimos 1400 mt. en esos 18 kms. Después de estudiar el perfil de altimetría varias veces, sabía que iba a ser duro.

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Foto: Alex Pla

Y no defraudó!!!! Precioso y duro por igual. Rampas continuas del 12% al 14%, combinadas con “descansos” al 5%-6%, donde fui sobrepasando a muchos, algunos con cabra!!!! No entendí muy bien donde iban con esos bichos por esas rampas. Pero oye, cada cual a lo suyo. Cuando llegamos al tramo donde el 18% y el 20% aparecían en la pantalla del Garmin, se arrastraban de banda a banda de la estrecha carretera. Más de uno empujaba a pie su flamante P5 o similar. Y mientras tanto, yo a lo mío. Pedales tranquilos hacía la cima, con nubes rondando los picos del Eiger (3.970mt.), el Mönch (4.107mt.) y el Jungfrau (4.158mt.), los cuales estábamos dejando a nuestra izquierda. Que inmensidad, que barbaridad de montañas para los que no estamos acostumbrados, y además todas ellas todavía con sus nieves perennes en sus glaciares. Calor no estábamos pasando, y eso ya era un punto a favor. El tiempo respetaba. Casi coronando ya, me viene a la cabeza la frase de un amigo que sabiamente me dijo: “te monto mis coronas de 27 y 29 dientes en el cassette, por si las necesitas en algún momento. Más vale que vayas sobrado que con el plato de 39, por los Alpes, vas a necesitar dientes atrás”; gracias Carles!!!!! Creo que el 75% del puerto lo hice con el 29 puesto, y si hubiera tenido alguno más tampoco me habría sobrado.

Coronado el segundo puerto, me lanzo con mucho cuidado hacia abajo, por una pista forestal asfaltada como buenamente pudieron. Curva tras curva, veo claro que de arriesgar bajando, ni lo más mínimo. Surte que no llovió en este punto, habría sido una lotería con muchos números de tocar suelo.

Llegando a pie de puerto, Grindelwald, donde está la siguiente transición. Ambientazo espectacular; se oían a kms los gritos en el fondo del valle, con el Speaker dándolo todo. Qué manera de disfrutar de cuanto ocurria!!!

Dejo la bici, directamente a las manos de uno de los voluntarios, que se la lleva a un camión para trasladarla a la última transición, dónde se recogerá todo al finalizar.

3:54h. parcial 36 de bici finalmente, y me bajo en posición 28. Ya van 4:50h. disfrutando como un niño pequeño.

Me cambio de maillot para sacarme el sudado, que se ha puesto todo oscuro en la cima del siguiente puerto y no quiero quedarme pajarito. Repongo alguna barrita más, y BTT entre las piernas para  arrancar  montaña arriba sin ni un segundo de descanso. Antes, pero, me entretengo unos segundos saludando a mis incondicionales, mirando de salir bien en sus fotos!!!!!

A partir de aquí empiezan a aparecer fantasmas que a posteriori entendería. Primeros kms por una urbanización con subidas constantes del 12% y empiezo a ver cómo, aún sin haber bajado conscientemente el ritmo, algunos de los que había sobrepasado anteriormente, recuperan poco a poco y pasan junto a mí. En ningún momento hago por intentar seguirlos, no quiero apretar mi musculatura ni lo más mínimo. Cuando llego a la mitad de la subida, empiezo a notar el estómago algo raro, y aprovecho que empieza a llover algo, para hacer un pit-stop en una curva, ya en la pista forestal que nos llevaría al paso del Kleine Scheidegg (2060 mt.). Vacío la vejiga, me coloco el chubasquero para que la temperatura fría no entre en el cuerpo al ir mojado, y continuo subiendo. Esperaba encontrarme mejor, y durante el resto de la subida ya solo tome agua y unas sales. A ver si no se me giraba mi punto débil que es el estómago y del cual siempre padezco.

El hecho de no ingerir lo que tocaba en ese momento, o bien que no estaba asimilando lo que le había dado al cuerpo anteriormente, hizo que las fuerzas no fueran las mismas, y algunos me sobrepasaban con facilidad aparente. Este tramo final es el más duro, y a lo lejos se confirma la dureza; veo caminar a todos por unas rampas del 26% o 28%…yo no seré menos y tuve que poner pie también entre todas esas piedras. Costaba incluso de subir caminando mientras arrastrabas la bici. Poco después de ese tramo, coronamos, con parada obligatoria en el avituallamiento a coger un plátano y algo de agua. Buen ambiente también, ya que es una de las paradas intermedias del cremallera que lleva al Jungfrau, y la gente se vuelca con los corredores.

“A ver si arreglamos algo el malestar bajando tranquilos”, es lo que se me pasa por la cabeza en ese momento. Iluso de mí, había visto imágenes de la bajada, y parecían pistas estrechas y con piedra, rápidas, pero no muy técnicas. Eso es porque no entran a filmar en los estrechos senderos entre árboles, todo húmedo, raíces y barro…Total, que me divertí de lo lindo, recuperando algunas posiciones de gente que bajaba algunos tramos andando, pero no conseguí tranquilizar en exceso el estómago.

Ya en la parte más baja del valle, se llega a un pequeño pueblo, Lauterbrunnen (795mt.),con unos saltos de agua espectaculares ( totalmente recomendables de visitar) y se hacen 4 kms de carretera y pista hasta la transición. Algo ya no iba en mi cuerpo, y no conseguía saber por qué.

De nuevo ambientazo en la transición, Stechelberg (862 mt), donde una carpa nos espera para cambiarnos si lo necesitamos.

2:02h. con el parcial 53 no es acorde a lo esperado, y perdiendo algunas posiciones hasta la 38 con 6:54h de carrera en el cuerpo. No me preocupaba lo más mínimo, pero era síntoma de que algo pasaba.

Hago la transición más tranquila de la historia. Me cambio de ropa, zapatillas de trail, algún gel/barrita, gorra y al lio; hablo unos segundos con Gini y los niños antes de salir a correr. Ya le comento las sensaciones raras y me pongo el chip de “supervivencia” en modo “ON”.

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Foto: Alex Pla

Salida muy tranquila, con 5 kms favorables, y corriendo lo más tranquilo posible para mantener en reposo el estómago, que a partir del km 6, Lauterbrunnen (795 mt), empieza esto de verdad. Pasado el pueblo, y en poco más de 5 kms, subimos 800 mt de desnivel. Durante esos kms de desnivel, ya no puedo ni parar en los avituallamientos. Se acabó lo de ingerir alimentos. Simplemente consigo meter algo de agua i coca cola (pequeños sorbos), y eso con semejante desgaste, tiene mal final con todo lo que queda por delante. De hecho, desde el plátano en la última cima con la btt, no pude meter nada más. Así que poco a poco las energías se esfumaban, viendo pasar a gente a mi lado, y yo con un camina-corre de ascensión, que ni en el peor de los pensamientos. El último punto dónde se podía abandonar era en Mürren (1640mt.), siguiente parada junto a tus seguidores para coger la última bolsa y colocarte protección para frio e incluso cambiarte la ropa mojada de sudor. Ese punto fue crítico. Llegaba arrastrándome, absolutamente vacío, con un corte de digestión brutal, y estábamos a poco más de 9 kms de la meta; pero cuidado, se debían ascender casi 1500 mt de desnivel hasta meta en esa distancia. Viendo en las condiciones en que llegaba, doblado por el dolor de barriga, sin fuerzas y exhausto, la cara de los cuatro que me esperaban, era un poema. Paro a cambiar ropa y coger lo último para seguir o abandono?. La decisión debía ser rápida o si me paraba más de lo debido, el DNF era seguro. Así que les miro a la cara y les suelto un “Nos vemos arriba”. Si les llego a decir que llevaba un par de kms que no veía claro donde pisaba, estoy seguro que no me dejan seguir.

Así pues, a partir de ese punto, ellos cogen dos teleféricos más para llegar a la cima, y el resto nos adentramos en plenos Alpes. A partir de ahí no hay nada más que árboles y senderos al principio y piedras a posteriori. Rampas inhumanas dónde las piedras te hacían resbalar atrás, otras zonas dónde se debían trepar, y otras donde alguna roca te permitía sentarte medio minuto a coger aire para continuar. Reconozco que lo pasé muy mal pensando en todo momento que me esperaban en la cima y yo no estaba seguro de llegar. Frio a ratos, algo de lluvia hacia el final y todo bajo unas cimas extraordinarias. Cada 2 kms avituallamiento montado con helicóptero en medio de la nada, con puestos sanitarios. Organización de 10… que digo, de 12 !!!!!. Esta gente sabe lo que se hace.

Lo peor; que yo cada vez iba peor de fuerzas sin poder meter nada; si hacía el intento de comer, lo echaba todo, y eso sí que era el final, por experiencia lo sabía. De esa forma conseguí llegar al último avituallamiento, a poco más de 1 km del pico, pero con casi 300 mt. de desnivel positivo por subir. Lloviendo y con algunas zonas de paso delicadas y peligrosas, viendo que voy muy mareado, en ese último avituallamiento cojo el único gel que veo con cafeína en mi bolsillo, un vaso de agua, y lo engullo todo conjuntamente para ver si eso me ayuda. Total si lo echo todo fuera, ya solo queda 1 km. Por suerte aguantó y me despertó lo suficiente para poder subir a ritmo ese último tramo, donde ya empezabas a reconocer gente asomada al balcón del restaurante que hay en la cima, y donde está situada la meta. A escasos 200 metros de llegar, saliendo por detrás de una zona de rocas, divisas perfectamente, y se distingue todo en la cima.

Veo claramente a los cuatro detrás de la bandera colgada de la baranda del balcón. En cuanto me ven, los gritos se oyen por todo el valle. A mí en ese momento se me viene todo encima y me derrumbo, llorando como un niño pequeño los últimos metros hasta la famosa escalera que da paso al arco de meta, Schilthorn (2970mt.). Las emociones no se pueden explicar, se viven en el momento, pero a mí se me vienen a la cabeza con mucha facilidad esos momentos. Y entrar a meta viendo que están tan emocionados como yo, no tiene nada por igual. Es impagable la satisfacción absoluta de llegar en esas condiciones.

12:17h. con posición final 137. Auténtico sufrimiento en vacío, tras casi 6 horas sin ingesta alguna desde la btt. No se lo recomiendo a nadie con semejante corte de digestión. Lo único que me permitió llegar arriba: haber guardado piernas durante todo el recorrido de bici. Esas fueron las que me subieron hasta arriba. Benditas sean ellas, largas y duras como rocas. Gracias Longlegs!!!!!
De los 333 “locos” que salimos, llegamos a meta 205. Algunos consiguieron llegar hasta Mürren y allí los pararon por horario de corte, otros lo dejaron por el camino por las razones que fueran. Pero tras ver lo que es esta prueba, aseguro que solo el hecho de presentarte en la salida, ya es un triunfo.

Aceptar el reto de preparar esta prueba es ya algo que de por si acojona; pero cuando llegas, y observas los días anteriores, dónde te has metido, el subidón es brutal. Así que imaginaros lo que significa poder tener la camiseta de finisher.

Una recomendación para todos;  allí no se va a ver qué tal es esa prueba, se tiene que ir convencidísimo de dónde te metes, y a pocos conocidos les diría que fueran (Broooooo tu serías el único que creo que lo gozarías y te divertirías!!!!!).

Si no disfrutas de esta dureza, de los paisajes y de todo cuanto te ofrecen esas montañas, nunca consigues llegar a meta. Antes de la mitad del recorrido, estas sufriendo mucho más de lo que nunca te hubieras imaginado. Así pues; no lo dudéis, prepararos muy bien, y salid a morir en esas montañas, la recompensa final es impagable.