Creo que fue en el curso de entrenadores de la FETRI donde escuché lo de que el triatlón se compone de cinco disciplinas, natación, bicicleta, carrera a pie, transiciones y nutrición, y que las cinco hay que entrenarlas. De nada sirve tirarse horas en el gimnasio, o encima de la bicicleta, si luego en nuestra rutina alimenticia somos unos dejados de la mano de dios. Y lo digo con conocimiento de causa, y con envidia máxima hacia aquellos que, como Miquel Morales, se lo han tomado en serio a lo largo de la temporada y al llegar a las competiciones ven los frutos. Ya sabéis, lo de citius, altius, fortius.

Y como digo, igual que planificamos nuestros mesociclos y microciclos de entrenamiento, hemos de encontrar nuestros hábitos de alimentación y entrenarlos. Ahora está de moda la paleodieta, y parece que da sus resultados (dentro de poco tendremos al bueno de Emilio contándonoslo), pero yo reconozco que soy incapaz. Así que intento llevar una dieta coherente y equilibrada. Si necesitáis echar mano de un nutricionista, como yo hice, estaréis haciendo una gran inversión, palabra de triatleta.

Micronutrientes y minerales

Vale, sí. Lo importante es comer sano, pero aún ni con eso podemos estar satisfechos. Los vegetales y las verduras que tomamos, traídos todos de invernaderos donde han sido modificados genéticamente para ser más grandes, más relucientes y aguantar más en el frigo, no son la mejor opción. El suelo es pobre y los alimentos, casi de mentira. ¿Quién no recuerda aquellos tomates de ensalada de cuando éramos pequeños que sabían a ensalada?

Así que en nuestra alimentación como deportistas hay que echar mano de alimentos que sepamos que son ricos en micronutrientes, responsables de anti-inflamación, anti-oxidantes, anti-viral, respiratorio y de los refuerzos inmunes, así como perfectos para la reparación celular: ácido fólico de la col rizada, rúcula y acelgas, y los carotenoides, lignanos y flavonoides. Palabrejas, lo sé.

Luego necesitamos minerles para el buen funcionamiento de las contracciones musculares, la construcción de hueso y el procesamiento de ATP: calcio, fósforo, magnesio, cloruro, potasio y socio. Si últimamente no haces más que quejarte de calambres, o no puedes con los entrenamientos largos, aquí puedes tener la respuesta. Aumenta el consumo de algas, alimentos lacto-fermentados, caldos de hueso, germinados y plátanos. Verás qué bien.

Grasas esenciales

Las grasas no son el demonio, de verdad. Hasta hace poco pensábamos que eran un producto vacío, sin valor nutricional, pero se ha demostrado que, afortunadamente, no es así. Las vitaminas A, D, E y K son cruciales para el bienestar general. El omega3, un ácido graso esencial, juega un papel fundamental en todas las funciones corporales importantes, así como un gran anti-inflamatorio. Se puede encontrar en los aceites de pescado y en los de origen vegetal.

Aminoácidos

El cuerpo no almacena los aminoácidos, así que es básico saber dónde los podemos encontrar. Frutos secos y semillas germinadas, carnes, granos enteros como los de la quinoa, son perfectos. Hay que tener en cuenta que los necesitamos, dado que son básicos en la construcción de proteínas y ácidos metabólicos.

Las encimas

Los alimentos requieren de enzimas para su digestión y la bio-absorción de los nutrientes que el cuerpo necesita. Si la digestión se ve obstaculizada, pues la nutrición será pobre. Así que hay que huir de alimentos procesados y de la agricultura industrial que comentaba al principio. Cuanto más ecológicos sean nuestros alimentos, mejor: comida fresca, poco adulterada, bien. Comida precocinada, alta en sal y con fertilizantes sintéticos, mal. ¿Sencillo?

Y ahora, todo junto

Para tener éxito en nuestra nutrición, hemos de currárnoslo. Ya sabemos que lo más sencillo es tirar al carrefour y coger esas cosas tan bonitas que tienen en los estantes, relucientes y que parecen tope sanas, pero que no lo son. Lo mejor es que te hagas un listado de tiendas alrededor de casa que sepas que venden productos ecológicos y de calidad. Y los alimentos en sí, que sean locales y de temporada.

Estructura tu alimentación semanal, y prepárala con antelación, así será mucho más sencillo cumplirla.

A partir de ahí, ¡éxito asegurado!