La historia de Kevin Fergusson, de 59 años, y su amigo Sid James, de 60,  es otra de esas que hacen que amemos cada vez más este deporte. El sueño de Sid de convertirse en un Ironman se fue al garete hace 25 años tras ser atropellado cuando entrenaba en bici cerca de su casa en Adelaida. Como consecuencia, quedó tetrapléjico. Ayer domingo, 2 de diciembre, Kevin dio una verdadera lección de compañerismo y lealtad a su amigo en Ironman Western Australia.

Kevin, finisher de más de 30 Ironman, incluyendo cinco Campeonatos Mundiales y ganando dos veces su grupo de edad, utilizó un arnés y remolcó un kayak durante todo el tramo de natación con su amigo Sid dentro, utilizó una bicicleta especial para terminar los 180 kilómetros de bici y empujó las silla de ruedas durante todo el recorrido de carrera a pie hasta la línea de meta en la playa de Busselton. Y lo hizo en un tiempo total de 14 horas, 14 minutos y 39 segundos.

Sid James y Kevin Fergusson

Foto: Sarah Reed

La idea de terminar un Ironman juntos les rondaba la cabeza desde hace mucho. De hecho, ya lo intentaron en el Campeonato del Mundo de 2017, pero entonces la salud de Sid se resintió y, con el viaje ya organizado, Kevin decidió correr de manera individual mientras Sid pudo ver como espectador VIP todo lo que se cocía en Kona como invitado. Para no desanimarse, en el momento en que Kevin cruzó la línea de meta, ambos empezaron a pensar cómo hacer realidad el sueño de Sid de cruzar la línea de meta de un Ironman.

“Es algo con lo que Sid ha estado soñando durante 25 años y yo soy un tipo bastante decidido. Y si me propongo hacer algo, normalmente trato de terminar lo que empiezo. Así que, cuando crucé la línea de meta en Kona, puse mi medalla de finisher alrededor de su cuello y le dije: ‘Tú te quedas con esto hasta que yo pueda ponerte la tuya alrededor del cuello’. Empezamos a planear qué hacer y Ironman Western Australia en Busselton fue claramente la mejor opción”, dijo.

Un sueño hecho realidad tras 25 años

Poco después de las 21.30 horas en Busselton, la pareja formada por Fergusson, de 59 años, empujando a James, de 60, en una silla de tres ruedas después de 14 horas, 14 minutos y 39 segundos agotadores cruzaban la línea de meta. Fue la culminación de tres años de planificación, entrenamiento y recuperación de la decepción para prepararse para el esfuerzo sobrehumano en el que Fergusson remolcó, empujó y cargó a James durante los 3,8 km de natación, 180 km de carrera y 42,2 km de carrera.

Pero para James fue un sueño de toda la vida después de haber entrenado para su primer Ironman en 1993, e incluso tener el formulario de inscripción, pero nunca llegó a rellenarlo tras el accidente que le dejaría parapléjico. “La mayoría de los triatletas no sabrán cuánto me gusta este deporte, y algunos no sabrían que una vez fui triatleta y corrí a nivel de élite. Kevin siempre será un amigo especial después de todo lo que ha hecho por mí desde hace muchos años y ahora. Si todo va bien, puede que incluso me convierta en un Ironman,” decía Sid antes del domingo.

Cuando cruzaron la línea de meta el domingo, ambos estaban llorando y Fergusson se arrodilló antes de poner la medalla de finisher alrededor del cuello de James. A pesar de las marcas de Fergusson, reconoció que el esfuerzo del domingo había sido el más duro de todos.

James también puso de su parte para preparar esta gesta. En la preparación, bajó 16 kg de peso para pasar de 85 a 69 kilos y así que le fuera más fácil trasportarle a su amigo. También tuvo que aguantar las 14 horas de la carrera manteniéndose caliente. “Tenía tres capas de ropa y una manta para mantener su temperatura corporal alta.”

“Nadamos bien y empezamos justo detrás de las mujeres profesionales, luego nos pasaron cerca de 900 personas en la bicicleta y el 90% del tiempo la gente nos iba animando, así que fue increíble. El corte de la bici era la gran preocupación para mí, teníamos que terminar en 10 horas y 30 minutos, así que tuve que hacer una media de poco menos de 20 km/h con un viento fuerte y un efecto paracaídas. Pero una vez que me puse a correr, supe que teníamos mucho tiempo y me las arreglé para correr sin parar, la única vez que anduve fue en los avituallamientos líquidos.”

Una demostración más de que algunos sueños se hacen a veces realidad. La amistad, el compañerismo y el deporte en su máximo esplendor en esta bonita historia protagonizada por  Kevin Fergusson y su amigo Sid James.

Fuente: adelaidenow