Asumámoslo: los triatletas somos minoría, los raros, los flipados esos que nos pegamos palizas a hacer deporte en vez de ver engordar nuestras barriguitas cerveceras sentados en el sofá bostezando con un partido de fútbol. Somos los que protestamos porque el día que Pablo Dapena se coronaba Campeón del Mundo de larga distancia y Mario Mola se llevaba por tercera vez las series mundiales de Hamburgo, el Marca le dedicaba la portada a jugadores de fútbol de Francia y Croacia. Somos los que no entendemos de amaño de partidos, primas por ganar, por perder, por empatar.

Somos los que disfrutamos haciendo deporte, sudando, dejando el alma en la piscina, en la carretera, o en los caminos de tierra donde levantamos polvo en verano y barro en invierno. Y si alguien te argumenta que lo nuestro es un coñazo, aquí tienes cinco razones de por qué el triatlón es, de lejos, mejor que el fútbol.

No hace falta gomina

No te preocupes por atusarte el pelo, hacerte crestas imposibles y gastar medio kilo de gomina antes de una competición, como le pasa a las superestrellas del fútbol. Aquí, al primer chapuzón vas a salir hecho un cuadro, el peinado se te va a ir a tomar por saco y vas a terminar la carrera como si fueras Pumuki.

Estamos más buenos

No vamos a ser modelos de Calvin Klein, es cierto, pero si nos quitamos la camiseta en la playa, alguna o alguno se da la vuelta, que aún tenemos nuestro mercado. Es lo bueno de estar preocupados por si comemos más hidratos de los convenientes, si el kiwi es mejor que el plátano, si hay que entrenar en ayunas o si los donuts después de acabar un ironman ayudan a mejorar nuestras recargas de glucógeno.

Y eh, si David Beckham está como loco por participar en el Campeonato del Mundo de Ironman, por algo será.

Aquí no se protesta al juez

¿Has visto alguna vez lanzarle monedas a un juez de triatlón? Nunca. Cagarse en sus muelas no digo yo que no, pero con esto de que van en moto y tú vas agarrado al acople, como que la situación no da para que le lances un euro, payo. Aparte, y hablando en serio, en triatlón lo que dice un juez, va a misa. Somos gente formal.

Si tu triatleta favorito gana cuatro campeonatos del mundo seguidos, tranquilo, no van a cortar el tráfico

¿Te acuerdas cuando España ganó el mundial de fútbol? ¿Y cuándo el Madrid ganó la Champions? ¿Y el Atleti la Copa? Vaya putada si vivías en Madrid, eh… Atascos, calles cortadas, retenciones a la entrada, cristales rotos… Y en cambio Javier Gómez Noya se proclamó tetracampeón del mundo en su momento, y aquí no pasa nada. Una celebración en su pueblo como mucho, y a tomar por saco.

¿Pipas, bocadillo y cerveza viendo triatlón? Imposible

¿Has visto a los espectadores bocata en mano en la transición de bicicleta a carrera a pie? No. Aquí somos cuatro gatos animando y estamos centrados en sacar fotografías a nuestro esposo, a nuestra esposa, a nuestro compañero de club, para luego subirlas a facebook y etiquetarles súper orgullosos. Y si no, estamos ondeando una cartulina que nuestros hijos han dibujado con un “vamos mamá!” o un “Papa eres el mejor Irondad”, y cosas así. En competición las únicas bebidas las isotónicas, los geles diluidos y punto.

Las cervezas, pipas y bocadillos ya vendrán después, cuando haya acabado todo.

No te vas a encontrar a nadie en el Carrefour con el mono de la selección española de triatlón

Sábado, seis de la tarde, sección de fritos y latas de conserva del carrefour. Levantas la vista de tu carrito (tú estás por allí de paso, que ese no es tu pasillo) y te encuentras a uno con la camiseta de Figo del Real Madrid, a otro con la camiseta de Messi del Barcelona, a dos con la de la selección española; a otro con el chándal de Luis Aragonés (con solera, sin duda) y, al fondo, a un niño con la equipación completa del Betis, balón incluido, berreando mientras intenta soltarse de la mano de su madre. Ese es el panorama. ¿Cuántos con el trimono de Fernando Alarza? Ninguno. Y mucho mejor, oye.