Ser un apasionado de la práctica de un deporte es un estilo de vida. En el caso del triatlón puede ser una “tripasión” que dé muchas satisfacciones. Un estilo de vida en el que el tiempo de ocio gira en torno a los entrenos y las competiciones, las compras alrededor del material deportivo, las lecturas sobre entrenos o cualquier tema en torno al triatlón, la alimentación busca máxima eficiencia deportiva y de salud, los amigos son en la mayoría de casos triatletas, las vacaciones tienen en cuenta el calendario de competiciones y si hay que ver la tv mejor que aparezcan bicis.

Si eres triatleta seguramente estás pensando que cumples todos o casi todas estas características. Queda claro: te apasiona el triatlón. ¿Pero cuál es esa línea roja que marca la diferencia entre pasión y obsesión? ¿Cómo saber si no te has convertido con el tiempo en un fanático obsesionado?

La palabra obsesión proviene del latín obssesio, significando “asedio”. En este sentido la obsesión se da cuando hay pensamientos que asaltan y se instalan en nuestra mente de forma tenaz, persistente e involuntaria. Es decir, la persona siente que, aunque intente quitarse esos pensamientos o dejar de hacer según qué cosas, no puede. Los pensamientos vuelven una y otra vez o tiene que hacer alguna acción (entrenar, limpiar la bici, etc.) porque si no siente una gran ansiedad.

Los pensamientos obsesivos a su vez pueden implicar acciones compulsivas (buscar información sobre material, navegar por Internet visitando webs, videos, todo entorno al triatlón) y si pudiéramos contabilizar las horas diarias que la persona dedica a: entrenar, hablar, enviar mensajes, whatsapp de grupos de triatletas, buscar información, mantenimiento y limpieza de la bici, o pensar en cosas relacionadas con el triatlón, nos daríamos cuenta que el centro de atención es casi monográfico.

La línea roja la marca el sufrimiento emocional de la persona, pero no siempre es fácil de detectar, sobre todo cuando el proceso de obsesión empieza a gestarse, ya que, al igual que en cualquier adicción, se da paulatinamente y convive con grandes dosis de refuerzo positivo como entrenos y competiciones satisfactorios (las endorfinas tienen un papel adictivo), dándose un cierto autoengaño.

Foto: Ironman.com

Foto: Ironman.com

También podríamos decir que la línea roja es la falta de libertad, es decir, cuando la persona ya no puede decidir, porque la ansiedad que le produce dejar de ir a entrenar, por ejemplo, es tan grande que es la obsesión la que condiciona el funcionamiento cotidiano de la persona contaminando las diferentes áreas (trabajo, familia, amigos, etc.). Cuando por ejemplo el triatleta supedita una competición o entreno a un evento familiar, o empieza a rendir menos en el trabajo (dejar de visitar un cliente por ir a entrenar)

Síntomas de la transformación de pasión a obsesión:

  • Si afecta gravemente tu trabajo y bajas el rendimiento porque estás haciendo algo (como buscar información en Internet) o pensando continuamente en cosas relacionadas con el triatlón, de manera que no te concentras en tu trabajo.
  • Si afecta negativamente a los estudios porque las horas de estudio o clases son substituidas por entrenos y competiciones.
  • Si daña la relación con la pareja, llegando a ponerla en peligro e incluso darse la separación.
  • Si la familia queda supeditada a los entrenos o competiciones y dejas de asistir a encuentros familiares importantes.
  • Si los amigos no triatletas cada día ocupan menos espacio en tu vida, hasta descuidar esos vínculos y perder esas amistades.
  • Si los intereses se reducen al triatlón y ya no hay otras motivaciones. Aquí puede aparecer el autoengaño y pensar “a mí me gustan otras cosas como la alimentación sana, las bicicletas, el material deportivo, leer (pero sólo en relación al triatlón), las tecnologías (gps, pulsómetro…), las redes sociales (Facebook del club, seguir a los ídolos, Strava…), etc”.
  • Si hay pensamientos recurrentes que no se pueden controlar y a pesar de no querer pensar en ello, la mente va a parar ahí constantemente.
  • Si se siente la sensación de no controlar la conducta. Por ejemplo, no ser flexible con los entrenos y priorizarlos a cualquier otra actividad laboral, académica o personal, generando consecuencias negativas en estas áreas.
  • Si aparece la ansiedad cada vez que se intenta controlar esos pensamientos.
  • Si aparece la ansiedad cuando por enfermedad, lesión u otro motivo no se puede cumplir estrictamente el plan de entreno.
  • Si mientes sobre lo que te gastas en material porque te sientes culpable porque valoras que es excesivo respecto a la economía familiar.
  • Si las vacaciones y fines de semana quedan totalmente condicionadas por el calendario de las competiciones.
  • Si la ansiedad ocupa cada vez más espacio en tu día a día hasta llegar a provocar una crisis de ansiedad o ataque de pánico.
  • Si el triatlón ya no te divierte porque te hace sufrir con un estrés anormal.
  • Si sientes que ya no mandas tú en tus decisiones sino la ansiedad que sufres si no haces según qué (sobretodo entrenos o competiciones).

Si te has sentido identificado con alguno de estos síntomas piensa que eso no significa que tengas un problema. Por un lado no todos son igual de graves. No es lo mismo engañar sobre el precio del material, que llegar tarde al cumpleaños de tu hijo o poner en peligro tu puesto de trabajo. Aunque ir acumulando síntomas podría ser un indicativo de que se te está escapando de las manos.

Foto: Ironman

Foto: Ironman

Recordemos además que los triatletas suelen tener un perfil obsesivo, pero que no por definición ha de convertirse en un problema o una compulsión. Encontrar el equilibrio entre disfrutar de este deporte y otras áreas de la vida (parejas, hijos, amigos, etc.) es clave.

La pareja, los amigos y la familia suelen ser los primeros en darse cuenta que la pasión se ha convertido en obsesión. Son los primeros que sufren las consecuencias. A veces, sobretodo inicialmente, una reflexión sobre ello puede reconducir la obsesión y recuperar la pasión, pero, si ya se ha consolidado el mecanismo obsesivo, la buena intención de los seres queridos será insuficiente y la ayuda de un terapeuta especializado será la fórmula definitiva.

La pasión por el triatlón motiva, mueve, ilusiona. Es un estilo de vida. Te hace sentir vivo cada vez que lo practicas.

La obsesión por el triatlón te consume, te hace prisionero de tus pensamientos y acciones, te condiciona la vida hasta perder el control, te hace sufrir emocionalmente. Es vivir para el triatlón, en lugar de hacer triatlón para vivir.