DIA PREVIO

Para un triatleta, sobre todo de Ironman, en este caso el Full Triatlón Vitoria, la prueba empieza el día antes. Es todo un estrés brutal. Aunque no lo parezca hay un protocolo que hay que hacer y que se convierte en una auténtica prueba contra reloj casi más dura que la del día de la prueba.  Recoges el dorsal con el gorro, te dan la mochila de regalo, que por cierto este año ha sido la caña, allí recoges también el folleto del corredor, y a partir de ese momento te conviertes en algo parecido a un participante del Pekin Expres. Os voy a hacer un breve repaso de todo:

  • A las 9:30h de la mañana vas a la charla técnica. Eso significa no levantarte a las mil con lo que ya empiezas a acumular horas de sueño. Paseito al Palacio de Congresos y aprovechas para hacer un poco de visita turística de la ciudad. Piensa que tu pareja también tiene derecho a disfrutar.
  • Después desayuno, a lo grande, a lo vasco.
  • Vas al hotel, colocas los dorsales en la bici, casco, organizas todo un poco y a comer. ¿Y de comer qué? Pues arroz. Entre jueves viernes y sábado he comido cuatro veces en el mismo italiano. La camarera y yo, uña y carne. Como de toda la vida.
  • Después de comer a llevar las cosas a las transiciones. Menudo coñazo eso de las transiciones separadas. Primero dejas las zapas en la T2 y después a coger el coche para ir hasta el lago donde se nada a dejar la bici, casco y resto de cosas. Un rollo. Lo bueno es que ves un poco el sitio donde nadas, ves el ambiente y eso quieras o no te quita estrés.
  • Además que no se te vaya a pasar el hidratarte y tomar sales y un batido la tarde antes. Es gracioso porque va todo el mundo andando por la calle con el bote de la bici en la mano sin parar de dar sorbitos.
  • A las 20 ya estás de nuevo buscando sitio para comer y prontito al hotel para intentar dormir.

DIA DE LA PRUEBA

No he dormido una mierda. En mi cabeza he hecho algo así como 15 ironman. He preparado el material veinte veces, he salido del agua, me he colocado en primera fila, he colocado los geles en la bici, las sales…toda la noche pensando una y otra vez y repasando cada microsegundo de la carrera de mañana.

Así, a las 4:40h, diez minutos antes de que suene el despertador, ya estoy por la habitación dando vueltas como un zombie alumbrándome con el móvil (cancelar,cancelar,cancelar) para no despertar a la reina de la casa.

Y aquí viene una de las cosas más desagradecidas, el desayuno. El desayuno, si estás en un hotel concertado que pone buffet a las 5:00a.m.  pues perfecto. Pero si estás en una pensión, céntrica, pero sin tanto amor por el triatleta, pues te toca lo que a mí me tocó…desayunar en el aseo.  En calzoncillos, sólo en el aseo, sin querer hacer ruido, con cara de no haber dormido nada y frente al espejo como si estuvieses viendo una triste película sobre tu vida, abres una bolsa de plástico con un sobre cerrado al vacío de jamón, eso sí, del bueno, y un bollo de pan, y a desayunar. Para acompañar, y empujar la bola que se te forma, como no hay ni café ni té ni nada, pues un batido recuperador. Vamos, gourmet total.

Después de desayunar vuelves a la habitación, de nuevo moviendo la pantalla adelante y atrás del móvil para iluminarte, y terminas de preparar todo para despedirte de tu chica con un beso y un “te veo ahora”.

Mi chica es así de aventurera. Ella no se pierde nada, y eso me mola! Se pega el madrugón, se pilla el bus, y a verme a la salida del Ironman. Siempre lo hace y es un plus de motivación. Este año además he contado con los ánimos de mis papis que querían venir a verme correr una carrera y han subido desde Sevilla para animarme. Imposible fallarles.

PROTOCOLO PREVIO

Con un aguachirri que casi arranca a llover dejamos colocada la bici con los geles, agua en los botes y con el neopreno nos vamos al agua a calentar. He de decir que tengo varios protocolos previos a la carrera. El primero es entrar en el aseo a intentar evacuar todas las veces que pueda. Aunque no consiga liberar a Wili, aunque no consiga liberar rehenes, aunque la tortuga no asome la cabeza…bueno eso, que aunque no haga nada, debo intentarlo y así mi cabeza está más tranquila. El segundo protocolo es entrar y salir del agua con el neopreno tres veces. ¿Y por qué tres? Pues porque lo dice mi amigo Jordi, y punto. Con eso me aseguro que se llene de agua y se ajuste. El tercer protocolo es tomar un excitante. No un viagra, sino un cinco horas de esos de nutrisport o marcas así. Son como un redbull pequeñito que a esas horas te pega un chute que ni en los baños de un after. Ya por último el cuarto protocolo es colocarme dos gorros para nadar. Gorro, encima las gafas, y encima el gorro de la carrera.

SALIDA DEL AGUA

Por supuesto en primera fila. Me hace gracia estar entre gente que seguramente sean profesionales del mundo de la natación mientras comentan los tiempos que van a hacer. Se escuchan tiempos como 52min, 54min…increíble. Y yo deseando pillar alguno de sus pies.

Dan la salida y a tope. Salimos como los toros subiendo por la cuesta de Santo Domingo. Todos desbocados vamos pegando brazadas, algunas veces incluso llegando a tocar agua entre tanta cabeza. No sé por qué hay esa idea que hay que pegarse de guantazos en la natación de un triatlón. Señores, seamos civilizados, que a todos nos conviene. Si se te arrima alguien, pues cede un poco de tu espacio, no quieras esperar que se acerque aún más para pegarle el sopapo en la cara. Hay espacio para todos. En fin…Salimos muy fuerte. Yo me uno al grupo de los nadadores que decía antes y les sigo durante la primera vuelta. La verdad es que no ha sido una natación fácil y además me han salido 4.200m lo que me ha hecho perder unos minutos de los que después en la maratón me he acordé mucho. Al final 1:06h. El ritmo del mil a 15:45min aprox.

TRANSICIÓN T1

Como siempre un desastre. El neopreno me lo quito muy lento, ni pisotones ni manotazos ni nada de nada. Además maldigo a los dioses mientras intento a la pata coja sacar una pierna dando botes con la otra. Un desastre. No sé si estoy quitándome el neopreno o bailando la cuchara y el cucharón de los cantajuegos. El de al lado me mira con cara de “éste está chalao”.

Directo a por la bici y allí veo a mis grupis animando. Ya me han gritado antes al dar la primera vuelta en el agua y ahora aún más mientras salgo con la bici corriendo por la T1.

SECTOR DE BICI

“Sé que tengo la rodilla fastidiada así que tengo que regular para no llegar jodido a la maratón. El objetivo es terminar”. Esa es la teoría.

La realidad es otra. Salgo a ritmos de 35-36km/h adelantando a todos mientras me tomo un gel y media barrita. La natación me ha exprimido y necesito comer. El circuito ya lo conocía porque al igual que hice en el Ironman de Mallorca, un par de días antes lo hice en coche. Os lo recomiendo porque se ve la realidad de lo que te encontrarás en la carrera. Aquí por ejemplo pone llano, y en cambio es un sube baja continuo que hace que como no aprietes en las bajadas bajes la media muchísimo.

Son dos vueltas largas y una corta. La primera vuelta 34,4km/h de media. Veo que mis piernas van fuertes, voy a 180w medios, así que empiezo a echar cuentas en la cabeza. Si hago 34km/h de media y con una transición de 4minutos tendría que hacer una maratón un pelín por debajo de 3:30h para hacer sub 10horas.

Esto me hace perder un poco la cabeza y decido arriesgar.

Con todo este estrés tenía olvidado el tema de la rodilla. Desde el atropello del 16 de octubre estoy fastidiado, con sus más y sus menos. Pero justo a un mes del Ironman hice una tirada larga de 27km a 4:17min/km y desde entonces no volvía a correr en serio. Resumiendo, que he llegado al Ironman sin correr en un mes.

Volviendo a la bici, km 115, y mi rodilla me dice “aquí estoy yo”. Ahora tengo que decidir. O sigo apretando con dolor en la rodilla y me la juego en la maratón, o bajo el ritmo y a terminar tarde lo que tarde. Al final, como no, decido apretar.

Paso la segunda vuelta a 34,1km/h con 182w de media. Sólo me quedan 40km para terminar la bici y voy en tiempos de hacer sub 10. Esto marcha.

Esta tercera vuelta me mata. El viento que nos ha estado dando muy fuerte toda la mañana ahora se hace aún peor y las rachas hacen que casi no puedas ni quitar una mano para comer. Casi sin poder aguantar el rimo veo que la velocidad media me va bajando y bajando y en 25km he bajado a 33,8km/h. Con esa media mi cabeza vuelve a echar números y el hacer sub 10h se me complica. Al final, viendo que me empiezan a adelantar mucha gente desisto y decido olvidar el tiempo y terminar como sea. Hacer 10:15h o así no estaría tampoco mal.

Entro en Vitoria camino de la T2 reventado. Los últimos km me han destrozado con tanto viento de cara. Estoy tan cansado que no miro el tiempo de carrera que llevo, sólo sé que la media de la bici está en 33,5km/h.

TRANSICIÓN T2

En este triatlón está dividida, primero sueltas la bici que te la recoge un voluntario, y después cruzas una calle para ir a la carpa donde está la bolsa con las zapatillas. Como iba con la cabeza en las nubes, sin darme cuenta me veo al juez con el banderín a dos metros diciéndome que bajase de la bici. Mierda! No me he quitado las botas! Así que nada, suelto la bici y bajo la calle hasta la carpa con las botas de ciclismo puestas, a lo Joaquín Cortés dando un taconeo. Entro en la carpa, me coloco las zapas y listo.

MARATÓN

Aquí llega el momento crucial de la carrera. Al salir de la carpa de T2 y después de saludar a mis grupis preferidas, al darle al Lap del Garmin, miro y llevo de carrera 6h35min. Eso significa que si hago una maratón en 3:25h hago sub10h así que el objetivo de nuevo vuelve a mi cabeza. Maldita cabeza.

Salgo rápido, como siempre. Corriendo a poco más de 4min el km voy sumando metros hasta dar la primera vuelta. La segunda vuelta ya es más entretenida porque hay muchos más corredores y paso la media maratón en poco más de 1h30min. Vuelvo a mirar el tiempo que llevo en el total de la prueba y corriendo a 5 y poco el mil, según mis cuentas hago sub10.

Correr la maratón con tanta gente conocida me mola. Estaba mi chica, incansable con sus ánimos, y mis padres, lujazo total. También la mujer y niños de Manuel, mi compi de batallas con el que he hecho ya otro Ironman, la Titan Desert, la Algarve Bikes Challenge, etc. y Eva, la chica de Oscar. Y después gente del Tri 4.40 de Eva Ledesma y Jordi, muchos corredores conocidos, espontaneos, los voluntarios, los familiares de otros corredores, el speaker, la vecina del speaker… Es espectacular correr una maratón por el centro de Vitoria con ese ambiente.

Al paso de la tercera vuelta, mi novia que me ve con la cara desencajada, me pregunta que qué tal. Casi sin levantar la vista le hago una señal de pulgar hacia abajo que significa “reventati con tomati” así que toca sufrir. He de decir que no debe ser sano correr tan rápido a la vez que se hacen cuentas en la cabeza. Es como participar en Humor Amarillo, todo el tiempo jodido. Los últimos 15km era un zombie. Corría sin saber ni dónde pisaba ni al lado de quién pasaba. Lo único que podía hacer ante los ánimos de la gente era levantar el pulgar de la mano. Vergonzoso. En mi cabeza sólo había una suma constante de números para ver en cuánto tendría que hacer los km que me faltaban para poder hacer sub 10h.

Así llego a los últimos kilómetros. Corriendo a 6min/km se supone que llego en tiempo, pero claro, tampoco quiero ir con el tiempo justo porque en una maratón y después de tantas horas, si me da un calambre y pierdo dos minutos, estoy fuera de tiempo. Así que decido mantener el ritmo alto para tener margen. A los tres km de la meta de nuevo miro el reloj. No sé si es por el cebollazo que llevo encima o porque ya no sé ni cuanto son dos más dos, pero os juro que yo miré el reloj y tenía 16min para hacer 3km. Claro, aquí ya mis piernas estaban rodando a 5:10-5:15 así que un despiste me dejaba fuera del sub 10h. De nuevo estrés.

Casi sin ver ni los adoquines que pisaba entro en la plaza de España, al lado de la meta, esperando dar un último giro para enfilar la alfombra roja. Bajo la pequeña cuesta que llega hasta la farola del giro, y desde allí y sacando fuerza de los ánimos de la gente de nuevo vuelvo a entrar en la plaza, esta vez sí a la meta.

META

No me lo creo. Estoy pisando la alfombra con la gente animando y sacando sus manos para chocarlas mientras corro, doy el último giro y veo el crono. Levanto los brazos, aprieto los puños, miro al cielo, busco a mi gente y como ganador de mi carrera paso el arco de meta.

9 h 52min 07 seg.

Objetivo más que cumplido. Un tiempazo que me coloca como 47 de la general y 17 de mi categoría. Increible. No me lo creo.

Casi sin poder andar me colocan la medalla, recojo la camiseta y como un playmobil me voy directo a intentar comer algo. Me acerco al mostrador, y tengo que apoyarme para no caer. Un chica que me ve que soy un walking dead total me trae muy amable una silla y me tira dos botellas de agua por la cabeza. Estoy reventado. Pasan unos minutos y poco a poco voy recuperando. Consigo comer y empiezo a disfrutar de lo que he logrado.

LA REFLEXIÓN

He de decir que siempre he admirado y admiraré a todo aquel que decida enfrentarse a un Ironman. Pero hay una cosa que sí que quiero deciros y que siempre les digo a mis entrenados y a la gente que tengo en la camilla durante los masajes. Hacer un Ironman se hace, pero hacerlo en estos tiempos “no es gratis”. Es verdad que lo hacemos gente no somos nadie y que posiblemente jamás lo seamos, pero esto tiene detrás muchísimo esfuerzo, nuestro y de nuestras familias. Muchas horas de bici bajo el sol de Écija, muchas horas de piscina dando vueltas que parecemos un hámster en una rueda con tanta ida y venida en la piscina de 25m y también km y km en nuestras piernas.

Agradeceros a todos vuestros ánimos estos días que sin duda han sido un muy buen empujón para conseguir mi reto. También dar las gracias a mis colaboradores que con sus aportaciones me hacen más fácil el camino. (Y tengo que cuidarlos para que me duren mucho tiempo,jeje!)

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