Si de una cosa adolecemos los triatletas populares -en mi humilde opinión- es de trabajar poco el tema de la natación. Quien más quien menos acumulamos kilómetros, ya sea en tiradas largas, ya sea incorporando series, pero poca gente trabaja la técnica de la mano de un entrenador personal. Vamos por libre, y punto.

En cambio, a todos, en alguna ocasión, nos han dicho eso de que para mejorar en la natación lo importante es la técnica. Y sí, lo asumimos e intentamos mejorar, pero tela marinera. Entiendo que un churumbel de cuatro años, cuando se enfrenta por primera vez al medio acuático, lo tiene más sencillo que nosotros, hombres de pelo en pecho, a quienes adquirir un nuevo hábito nos cuesta horrores, pero hay que hacer el esfuerzo.

Y como una vez me dijeron, para mejorar la técnica hay que desmenuzar los movimientos hasta dejar cosas muy sencilla, que sea lo más fácil posible. A partir de ahí, comenzamos a construir el resto del movimiento. Vamos a ver cinco puntos a tener en cuenta, y que pueden echarnos una mano en robarle tiempo al cronómetro o ganar eficiencia de brazada.

La cabeza, hacia abajo

Como nadamos en aguas abiertas, la mayoría de los triatletas tenemos la costumbre de sacar la cabeza constantemente para buscar referencias. Pero no hace falta hacerlo constantemente, hay que entrenar el hecho de tomar referencias cada cinco o diez brazadas. Aparte, una cabeza demasiado alta genera problemas de resistencia: el tronco, las caderas y las piernas se hunden y requerimos de más esfuerzo para mantenernos a flote. ¿El truco para evitarlo? Pensar que tratamos de hundirnos desde la cabeza a los pies. Esto elevará el torso y ganaremos flotabilidad.

La posición del cuerpo

Es importante tratar de estabilizar las caderas, procurando que su rotación y los hombros no lleve el cuerpo a girar noventa grados, algo que muchos intentamos, pensando que así conseguiremos reducir la resistencia. ¿El ombligo debe mirar hacia la pared lateral? Mentira, no hace falta.

La brazada, más larga

Muchos triatletas, especialmente los que nos movemos entre los treinta y cuarenta años, tenemos poca movilidad de hombro. Vamos, que parecemos playmobils. Si abrimos un poco más el brazo y lo separamos del cuerpo, a la hora de hacer el arranque ganaremos eficacia. Aparte, si mantenemos los brazos extendidos más tiempo delante de la cabeza, iremos más rápido con la misma cantidad de energía.

Los codos, en alto

Si no levantamos el codo al hacer la brazada, perdemos amplitud, así que hay que tratar de que en la fase de recobro, el codo suba lo máximo posible. Por otro lado, la línea de la articulación de la muñeca debe ser siempre inferior a la línea de la articulación del codo cuando la mano entra en el agua. Para lograr ambos detalles técnicos, hay dos ejercicios que son muy importantes: Nadar tocándose la axila, y nadar rozando el agua con los dedos.

La muñeca, en posición neutra

Con la muñeca en posición neutra, conseguimos que la mano y el antebrazo estén en la misma alineación, así evitamos generar más resistencia al agua. Para saber si estamos haciéndolo bien, tenemos que sentir que el antebrazo es casi como un péndulo.