Todas las federaciones deportivas suelen modificar sus normativas temporada tras temporada, tratando de adaptarse a los nuevos tiempos, las nuevas tecnologías y los nuevos materiales. La UCI, la Unión Ciclista Internacional, no iba a ser menos, y ha publicado recientemente su nueva reglamentación de cara a 2019.

De entre todos los nuevos epígrafes, hay uno que destaca por encima de todos, ya que amenaza con tener gran impacto en el ciclismo profesional: el organismo internacional, percatado de la altura cada vez mayor de los calcetines de los ciclistas, quiere regular su utilización y su tamaño. En su momento, en triatlón, vimos como Lucy Charles recuperaba los cubrebotas en el segundo segmento, de cara a ganar unos cuantos vatios, pero en ciclismo ya es habitual, sobre todo en los tramos contrarreloj, que los profesionales se aprovechen de su uso.

Hasta el momento, el artículo 1.3.033 estipulaba que “los calcetines y cubre-zapatos utilizados en competición no deben extenderse por encima de la mitad de la pierna“, pero una medida tan vaga permitía una amplia gama de interpretaciones, que iban desde la mitad de la pantorrilla hasta casi la mitad de la rodilla.

En las enmiendas introducidas este pasado 15 de octubre, la UCI aclara: “Los calcetines y sobrecalzados utilizados en competición no podrán superar la altura definida por la mitad de la distancia entre el centro del maléolo lateral y el centro de la cabeza del peroné“, e incluyen un gráfico que muestra cómo medir la altura máxima.

¿Tendrán que pasar a partir de ahora por el stand de organización a que les midan los calcetines? Pues puede ser…

Los tejidos aerodinámicos, también regulados

Otro cambio destacable, y que entrará en vigor el 4 de marzo de 2019, atañe a los tejidos aerodinámicos, tan en boga en las últimas temporadas, tan polémicos, y que tanta cobertura han tenido a nivel mediático. Hay que recordar, sin ir más lejos, el traje de vórtice con que Chris Froome compitió en la contrarreloj de Marsella en 2017.

Anteriormente, las reglas restringían el uso de ropa “diseñada para influir en el rendimiento de un ciclista, como la reducción de la resistencia al aire o la modificación del cuerpo del piloto (compresión, estiramiento, apoyo)“. A tenor del nuevo articulado, se pretende limitar los cambios de perfil a un milímetro como máximo. Sin embargo, la norma establece que la rugosidad del tejido “sólo puede ser el resultado de enhebrar, tejer o ensamblar el tejido“.

Además, la UCI afirma que “toda la ropa debe mantener la textura original del tejido y no puede adaptarse de manera que integre las restricciones de forma. Por lo tanto, la ropa no puede contener en ningún caso elementos autoportantes o partes rígidas“.