Desde Planeta Triatlón son varias las ocasiones en la que triatletas y colaboradores han escrito acerca de los miedos a los que nos enfrentamos en la preparación y, sobre todo, durante la competición deportiva.

En este artículo queremos “frivolizar” un poco sobre el tema, aprovechando la celebración de Halloween y hemos querido retratarnos, reírnos un poco de nosotros mismos y de nuestro deporte. En las siguientes líneas os invitamos a un recorrido terrorífico por los miedos, los temores y los sustos a los que nos enfrentamos los triatletas.

Entrena duro

Nuestro primer miedo, sobre todo a los que somos relativamente novatos en el triatlón, nos asalta durante la preparación. Además, como sabéis, el miedo tiene diferentes caras y nunca viene solo.

Recibimos el mail de nuestro entrenador, abrimos el archivo adjunto y nos enfrentamos a un jeroglífico indescifrable, más propio del antiguo Egipto, que de un Licenciado en INEF (¡sí a la profesionalización de los entrenadores de triatlón!). En una combinación diabólica de filas y columnas, tratamos de comprender todas esas siglas que acompañan a cada entreno. Torturas diarias que debemos digerir sin manual de instrucciones y que, de primeras, asustan al más pintado.

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Entrenamiento. Fuente: fernandosancha.com

Pero como decía, los sustos nunca vienen solos y cuando en nuestro grupo de whatsapp pagamos la novatada y un alma caritativa nos explica el autodefinido, salimos a entrenar con nuestra flamante equipación, una nueva flaca y, cómo no, nuestro recién sacado de la caja, pulsómetro o ciclocomputador. ¿Cómo narices se configuran los intervalos? ¿Parear con sensor de cadencia? ¿Introducir el diámetro de la rueda para el cálculo del umbral FTP medido en vatios? Sinceramente, si os ha pasado, preferiríais al enterrador del cementerio agazapado tras una lápida, persiguiéndoos pala en ristre.

¡Me lo he dejado!

Esta frase, exclamada en mitad de una larga fila de triatletas, a la entrada al box, en pleno control de material, acompañada de un sonoro auto “chopito” en la frente como si aplaudiéramos en la cabeza de un calvo, es nuestro miedo inicial pre competición. Y el caso es que da igual el sujeto de la oración, sea el DNI, las calas, el casco, los bidones, la suplementación o las gafas, el efecto es el mismo, nos atemoriza no contar con todo el material imprescindible, qué no es poco, para competir.

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Fuente: Youtube

Además, el resultado es casi siempre el mismo, nos encorvamos cuan Quasimodo y mendigamos como bruja de Blancanieves ofreciendo manzanas, que alguien nos preste un bidón, tenga un gorro o gafas de sobra, o lleve su Decathlon particular en el maletero del coche con un segundo casco, geles de sobra… ¡Qué desastre!

Al agua patos

Olvidemos por un momento la ubicación, no pensemos en las Olimpiadas de Río y las aguas fecales en las que tuvieron que competir Mola, Alarza y compañía, da igual si es pantano, lago o aguas abiertas… ¿Quién no ha visto la película de Tiburón o Piraña? Sí, queridos lectores, sin duda el segmento de la natación es el que mayores pánicos genera dentro del triatlón.

Salidas multitudinarias en las que se reparten más golpes que en una de Bud Spencer y todo, para después meternos a nadar, generalmente al amanecer o con poca luz, en aguas turbias en las que además de notar manos, piernas y codos del resto de triatletas, tal vez por la escasa profundidad, sintamos la presencia de lo desconocido rozándonos desde abajo. Aquí ya no sirve el consejo que nos prestó ese amigo triatleta ex nadador: “tú, como Dori en “Buscando a Nemo”, ¡sigue nadando, sigue nadando! y aterrados, paralizados, nos detenemos encogiendo los pies para estar lo menos cerca posible del fondo.

Medusas, ramas, algún triatleta del que nunca más se supo de la edición del año anterior, el alma errante de uno de los socorristas… Sólo pensarlo, le dan a uno ganas de hacerse un Phelps y salir el primero a la T1 ¿o no?

Mención aparte es la foto de carrera saliendo del agua. ¿De verdad alguien sale en una de éstas sin dar auténtico pánico?

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Foto propia para mi ridículoen público 😉 fuente: Canofotosport

Psssssssssssssssss

Hemos salido airosos de la ciénaga, nos hemos desbaratado de la camisa de fuerza en forma de neopreno, nos ponemos el casco prestado y salimos a dar pedales. Llega el segmento de bici, hemos recuperado las posiciones perdidas nadando a perrito atemorizados en el agua y escuchamos un alarido, el grito ensordecedor de la doncella mordida en el cuello por Bela Lugoshi (el actor que encarnaba al mítico Drácula para los más jóvenes), el sonido más aterrador que puede escuchar un triatleta: ¡psssssssssssssssss!…

¡Hemos pinchado! Creo que no hay nada más terrorífico que estar lejos de la T1, sólo en una prueba sin drafting, nadie en el horizonte y sin pajolera idea de cómo arreglarlo o cambiar una cámara; o peor aún, sin repuestos. No tenemos el comodín de la llamada y no va a aparecer el barbudo de la televisión con un briconsejo. Emprendemos el camino de vuelta, calas en la mano y bici al hombro (que nos ha costado una pasta)… podemos esperarnos lo peor: aparece un licántropo tras un árbol o esperamos en la cuneta, junto a la niña de la curva, a que pase un coche de la organización para socorrernos.

Elixir de sapos y culebras

Reconozcámoslo, en cada triatleta vive un “bon vivant”, un gourmet que dirían los franceses. Nuestro paladar se ha acostumbrado a manjares de herbolario (quinoa, avena, maca, etc.); somos Arguiñanos de la cocción de pasta o arroz y podríamos participar en una cata a ciegas de barritas energéticas, geles e isotónicos, sin lugar a equivocarnos de marca.

Somos probadores natos, cambiamos de marcas de nutrición más que de ropa interior (y esto me recuerda que es completamente terrorífico llevar gayumbos debajo del culote o del tritraje), pero en competición, podemos encontrarnos con avituallamientos en los que se dispensan desde el elixir de la eterna juventud que nos da ¡aalasss!, a brebajes inmundos e intragables, con sabores exóticos y rebuscados como el gel con cafeína sabor fabes (por aquello del turbo). Y es que en su apuesta por rizar el rizo y diferenciarse de su competencia, llegará el día en que las marcas de suplementación deportiva se elaborarán en calderos mágicos, preparados por meigas con más pelos dentro de la nariz y las orejas que bajo el gorro negro con forma de capirote. Ese día está por llegar… ¡es para echarse a temblar!

Truco o trato

Permitidme frivolizar con esto, sólo por esta vez, nuestro “truco o trato” triatlético es el pan nuestro de cada competición, por desgracia. Dopaje y drafting están a la orden del día incluso entre los deportistas populares. Las trampas están convirtiendo al triatlón en una verdadera película de terror y os aseguro que el final feliz es para muy pocos. ¡Eliminemos las caretas de estos seres terribles que tanto daño hacen a este deporte!

Walking Dead

Seáis seriéfilos o no, os sonará este título sobre todo si participáis en pruebas de media y larga distancia. Completamos los 90 ó 180 kilómetros en bici sin sustos y nos espera la última disciplina: correr.

Nos hemos vaciado, hemos medido mal las fuerzas o hemos pecado de ahorradores en la hidratación y la suplementación en carrera. Nos queda por delante un medio maratón o la distancia de Filípides. Empezamos a notar cómo el estigma zombi se apodera de nuestras piernas y poco a poco sube por nuestro tronco, contamina nuestro corazón y finalmente, anida en nuestro cerebro. Nos paramos. Damos tumbos, erráticos, idos, ansiando un cerebro fresco que morder en forma de fruta o bebida energética. Atemorizamos al público, a otros corredores… somos muertos vivientes y seguro que alguno hasta escucha “Thriller” de Michael Jackson retumbar en su cabeza.

brownlee cozumel

Foto: The Times

Menos mal que esto es un artículo frívolo porque no es algo para tomarse en broma. Preferiblemente dejad esta forma de asustar para los profesionales del cine, es mucho mejor para la salud emocional y física de todos.

Halloween y Élite

Para terminar, os lanzamos un reto, ¿seréis capaces de encontrar un disfraz para vuestra fiesta de Halloween como el de Gwen Jorgensen?

La medallista olímpica norteamericana ha lanzado a través de su cuenta de Twitter @gwenjorgensen el resto de disfrazarse de ella misma. Juzgad por vosotros mismos el resultado.

Os dejo, tengo que ir a perfeccionar mi disfraz de cabra. ¿Alguien tiene por ahí unas ruedas de perfil o lenticulares de sobra? ¡Feliz Halloween!