Posiblemente hayamos conocido las pruebas Ironman o el triatlón más por súper hombres como Josef Ajram o Pep Sánchez que por deportistas de élite como Noya, Mola u otros como Victor del Corral o Diego Paredes. Lo que si tenemos todos claros es cuál es el reto que debemos marcarnos.

Hay pruebas más duras como hacer un Ultraman, que aquí en España lo tenemos en la versión Ultratri, en la que en vez de sufrir un día, lo haces tres, y mucho. Pero creo que nada es igualable, al menos de manera emocional, al reto de enfrentarte a un Ironman.

Empezamos de manera discreta en este mundillo haciendo algún duatlón, posiblemente Cross porque no tenemos ni bici de carretera. De ahí pasamos a hacer triatlón Sprint u olímpico, el de tu pueblo, o el del pueblo de al lado. Como ves que la cosa parece que se da bien, pues convences a algún amigo y pasas a ver calendarios de pruebas de media distancia en sitios más alejados. Creo que es aquí donde se produce ese punto de inflexión.

En el momento que te inscribes a una prueba a 500km de tu casa a la que vas el día antes para el breafing y te quedas en un hotel, aconsejado por la organización, comienzas a ver todo lo que se mueve alrededor de las pruebas importantes.

Gente la tarde antes con las perneras en los gemelos ajustando sus bicicletas impresionantemente bonitas con unas ruedas que parecen traídas del futuro. Todos con gafas de sol con más colorines que un capítulo de los TeleTubbies, algunos con ellas puestas, dentro del hotel (¿alguien lo entiende?). Y mesas rodeadas de gente y cada uno con su bote de la bici lleno de algúna pócima secreta con la que al día siguiente seguro que vuela con la bici.

¿Qué ha pasado al ver esto? ¿Huyes?

Pues no. Pasa que te gusta, y te gusta tanto que quieres ver más.

Acabas el triatlón de Media Distancia y en el coche ya vas convenciendo a tu amigo para dar el salto a retos más duros. Tu amigo, que es menos entusiasta te dice que estás loco, que su mujer le mata. Que es una pasta y que no tiene tiempo para tanto jaleo.

Pero tú tienes esa espinita. Legas a casa con el efecto post-carrera y directo al portátil a ver que Ironman está más cerca de casa y es más barato. Sin echar las cuentas de cuánto cuesta un Ironman y cegado por el deseo te inscribes a uno mientras tu pareja no para de decirte que la paga extra no es para esas cosas.

Y entonces dices la frase :

“Hago un Ironman y me retiro”

Estimado lector. No lo hagas. No me refiero a que no te gastes la paga extra en un Ironman (posiblemente necesites algo más que eso), sino a que no te retires de este mundo por haber terminado un Ironman.

Aquí te queremos más tiempo, queremos verte en más competiciones. Vuelve a correr las carreras de tu pueblo y los aledaños y no dudes en ir enganchando a tus amigos de la cervecita para que se animen a correrlas contigo.

Es una pena ver como hacer un Ironman es el fin de muchos triatletas.

Seguro que conoces a gente que desaparace con el Post-Ironman, así que desde Planeta Triatlón te pedimos ¡¡que lo traigas de vuelta!!!

Un abrazo y no dejeís de ser triatletas porque sí, que hay mucho kilómetro esperándote.