Ayer mi señora santa esposa se puso de parto. Sí, de parto, como lo oís. Que llevábamos unos meses pensando que eran unos gases arrastraos, pero al final resulta que tenemos en casa a la futura Gwen Jorgensen del triatlón patrio. Julia se llama la zagala. Y bien contentos que estamos, que a partir de ahora todo va a ser mucho más sencillo: que si olvidaos de dormir, que si os vais a gastar una pasta loca en pañales, y esperad que no tenga cólicos, que si se acabaron los sábados por la mañana lo de dormir hasta las mil… Lo que os digo, mucho más sencillo: se acabó la buena vida as we know it y santas pascuas.

Y lógicamente ayer la pobre Judit estaba supernerviosa. Es normal, era su debut en la distancia. Ella lo más que había hecho era un 10K y a ritmo de paseo dominguero, y claro, un parto es un salto cualitativo. Pero, y no es por echarme flores, suerte que en casa tiene en casa un triatleta, que estamos más que preparados para la vida moderna y mucho más para un parto. ¿Para un parto? Pues sí, también. Y con razones de peso:

Cuidado que hay partos que duran doce horas

¿Doce horas? No veo dónde está el problema. He hecho tres ironman, y todos justamente cercanas a las doce horas. Y en uno hasta hice un descansillo para llevarme una cerveza de medio litro al gaznate. Así que somos los hombres perfectos para acometer una prueba de este calibre. En su tiempo estaban los WASP, los JASP y ahora llegamos nososotros, que somos los TASP: triatletas, aunque sobradamente preparados.

Nota del autor: hace falta tener más de 35 años para entender el chiste de los JASP. Ya lo siento por la juventud.

Te tienes que aprender el camino al hospital

¿Aprenderme el camino al hospital? ¿Estamos de coña? ¡Que soy triatleta! Los tíos que practicamos este deporte nos sabemos los recorridos desde dos meses antes de la gran cita y tenemos analizado cada detalle al milímetro: En este caso, circuito a una vuelta, 8.340 metros de distancia, ocho curvas a la derecha, seis a izquierda, altimetría sencilla con 18 metros de desnivel negativo, once semáforos y dos radares. No hay avituallamientos y hay que tener mucho cuidado en el tramo de C/ San Quirce, antes de entrar en Plaza de San Pablo, que el asfalto es de pavé y con lluvia se resbala. El drafting está permitido.

Hay que controlar las contracciones

Vamos, por dios, que tengo un garmin 920xt, que esto está chupado. Mira, te voy a sacar un análisis pormenorizado de la frecuencia de contracción con una gráfica que lo flipas. Va a ser la envidia del strava. Pero es que es más. ¿Cada cuanto tienen que ser? ¿Tres minutos entre cada una, y un minuto de duración? Hombre, que tengo el culo pelao: Eso es un (3′ en [email protected]′ en Z5) de libro. Anda que no he hecho entrenamientos así. Este HITT nos lo hacemos juntos, mi vida.

Lleva algo de comida por si os entra hambre

La nutrición es nuestro fuerte. Eh, que si son doce horas de parto y la última ingesta en casa ha sido una trucha asalmonada, una ensalada y una pera, está claro que necesitamos carbohidratos. Pues unas barritas. Sí. Os juro que metí unas barritas en la bolsa del hospital. Es más, os voy a decir hasta cuales: las Endurance Fuel Bar de 226ers: dos con sabor a pizza y dos con sabor a curry, que me las había enviado Jordi Riu la semana pasada y había que dejar claro que somos gente pija, #respect. Eso sí: Que fuimos el descojone de la sala de espera ziscándonos a las nueve y media de la noche unas barritas, no te digo yo que no. Pero al fin y al cabo 120 gr de barritas son 80 gr de carbohidratos y eso se nota. Ni un pijo de hambre hasta el desayuno pantagruélico de esta mañana.

Revisa que no se te olvide nada

A ver, qué pasa, ¿estamos de broma? El checklist, señores, el checklist. ¿Tú has visto algún triatleta que no haya revisado ocho veces el material antes de irse a una competición? Bragas desechables pañales, crema, dni, pantuflas, albornoz, pijama, el kit de aseo personal, monedas de euro para la televisión de la habitación, el Hola, la revista Triatlón, una mantita, una lima esmeril… Todo. Lo llevábamos todo.

Ironkids

Yo, por si acaso, ya la voy orientando, antes de que se me adelanten…

Os vais a gastar una pasta gansa a partir de ahora en aparatos

¡Ja! Esta sí que es buena. Espera que recapitulo: BH Aerolight 5.500 pavos, dorsal del UltraTri 800, fisio, entrenador y abono del gimnasio 100 al mes, compex 600, zapatillas nuevas de running 125, zapatillas nuevas de ciclismo 250, zapatillas nuevas de andar por casa -de felpa y con el escudo del Real Valladolid- 19… ¡Los triatletas soportamos la economía de este país! ¡Somos expertos en comprarnos cosas raras! ¡Con sacaleches digitales y walkie talkies me vais a venir a mí! ¡Amos anda!

Armaos de valor, os va a tocar esperar

Estoy aun por conocer a algún triatleta que no llegue tres horas antes a boxes y que no se tire dos horas vestido de trimono, descalzo y con el gorro y las gafas a la orilla del agua esperando como un merluzo a que empiece la prueba. Somos precavidos con el tiempo por naturaleza así que nos da completamente igual esperar. Que encima nos ponen unas sillitas de plásticos y unos carteles de anatomía humana en los que poder mirar dónde están todos esos músculos que nos duelen, joder, perfecto, la sala de espera es como estar en el paraiso.

Cuando todo acabe, no querrás volver a pasar por ahí de nuevo

Mira, exactamente como en el Ironman, que acabas tan extenuado que te tiras un día echando pestes. Eso sí, a los dos días, cuando se han mitigado los primeros dolores, ya estás buscando una nueva fecha en el calendario para repetir una experiencia así de maravillosa y que te marca de por vida.

Eso sí: os voy a reconocer que yo, por el momento, con que se acabe la cuarentena me conformo… Que hay algunas cosillas que sí que voy echando de menos…