En estos períodos convulsos, de dimes y diretes, pactos, promesas y negociaciones, desde Planeta Triatlón os ofrecemos un jarro de verdad fresca y cristalina. Entrenar solo no mola. Perdón, ¿me he equivocado de artículo? El editor me echa. No, en serio, el entrenamiento solitario no mola. Pero, ¿no mola nunca? Bueno, ahí ya empiezo a tener mis dudas.

De las bondades de entrenar en un grupo, ya se ha hablado largo y tendido. Pero, ¿qué hacemos los impedidos sociales? Ese grupo de individuos marginales que entrenan en soledad, ¿por qué lo hacen? ¿Tienen alguna ventaja?

Yo creo que sí.

Flexibilidad absoluta

La jornada laboral de cada uno solo sigue los designios del destino. O de una entidad superior de la cual desconfiamos. Si además del tercio de nuestra vida, por desgracia, que dedicamos a trabajar, hay que conciliar el resto del tiempo con familia, múltiples aficiones (o adicciones), asociaciones de barrio, cooperativas de consumo, y muchos otras herramientas del diablo que ocupan nuestro tiempo, vamos muy justos de tiempo.

Una opción es blindar ese espacio de tiempo destinado al culto de nuestro cuerpo y a poner en aprietos a corazón y pulmones. Otra, es ser un alma libre e intentar ajustar el entrenamiento en los huecos temporales. Y en ese caso, entrenar en solitario, es de gran ayuda. Huecos entre reuniones, a primera hora de la mañana, a mediodía, tarde o noche, sin depender del horario de una segunda persona, que puede condicionarte.

Escenario al gusto

Coordinarte con más gente tiene el inconveniente de tener que compartir un espacio físico. Lo cual quiere decir que se debe ceder para llegar a un acuerdo de donde entrenar. Quizá ese sábado nos apetece emular a los profesionales que viven en Girona y lanzarnos a hacer puertos por Collserola, con unas décimas de concentración de monóxido por debajo de la que encontramos en la gran urbe. Pero nuestro compañer@ prefiere salir a rodar con su cabra por la nacional N-II, entre coches, con un recorrido plano, recto y que le permita emular al maestro Fabian (Cancellara siempre). Hoy que yo quería jugar a ser Purito…

Entrenar solos nos permite adecuar los escenarios a nuestras preferencias en ese momento. Claro está, los escenarios de los que disponemos. Si estamos en Valladolid, y en pleno mes de Enero, habrá que tirar del comedor de casa y el rodillo mágico.

Entrenamientos ajustados al plan

Cuantas veces nos ha dicho nuestro entrenador: “Hoy relajadito, a Z2 toda la salida. Como te salgas de Z2 te capo”. Bueno, si te entrena Txema Córdoba, eso no pasa. Pero al resto igual sí. Y saliendo con el grupetto en bici, hemos esprintado hasta notar los martillazos del corazón en los oídos antes de aquel cruce donde acaba el segmento del Strava. Todo porque, el cabrón de Juan (cada uno que ponga su nombre genérico), le ha dado por pegar un palo, que tenía bien estructurado en su entrenamiento interválico. Y te destroza el entrenamiento. Porque tú, como mínimo, eres igual de valiente y generas la misma testosterona que él.

Aún hay situaciones mejores, en las que dos amigos se juntan para hacer series. Y con apenas unos segundos de diferencia entre sus capacidades físicas del momento, el más lento corre el riesgo de reventar a medio entrenamiento si no utiliza la cabeza. Y con poco oxígeno, se piensa peor. O el más rápido, solo por ir con el compañero, desaprovecha la oportunidad de sacarle más rendimiento a su esfuerzo.

Si se entrena solo, se hace exactamente lo que se tiene. O menos… ¡como nadie mira!

Fortaleza mental

Cuantas veces nos han dicho que tenemos que visualizar las situaciones en competición para estar preparadas para ellas. En cuantos entrenamientos te has imbuido de la atmósfera de competición, te has puesto en la piel del corredor en su día de la carrera, y te ha ayudado a sacarle unas décimas más a tu GPS. Normalmente, cuando vas solo, és más fácil. Se disponen de menos estímulos externos que enturbien nuestra imaginación.

¿Cuantas veces, en el salón de tu casa, para no pegarte un tiro después de una hora de rodillo has hecho volar la imaginación hasta el segmento ciclista del Ironman de la Conchinchina? ¿O en la última serie de carrera, has visualizado el arco de la Maratón de Barcelona, y el crono en 2h58m? Sin duda, la negociación con uno mismo, la fortaleza mental en competición y en entrenamientos, pueden encontrarse de diferentes maneras. Pero no me negareis que son esas salidas en solitario cuando más dentro de ti mismo puedes llegar y encontrar cosas que no sabías que tenías. El día de la carrera, no solo te tendrás a ti, tu fortaleza interior, sino que además, te verás beneficiado de todos los estímulos externos que te rodean, para potenciar tu rendimiento.

Evasión y huida de la socialización

Bien, quien esto escribe se confiesa un tanto ermitaño. Pero probablemente, en mayor o menor medida, todos necesitemos un rato a solas con nosotros mismos. En una era tecnificada y comunicada hasta límites absurdos, hablar con uno mismo un rato, dejar volar la imaginación, o simplemente relajar la mente buscando una evasión temporal, puede ser imprescindible para mantener la cordura.

Los entrenamientos de natación en grupo pueden ser maravillosos para dar lo mejor de ti mismo. Pero un entrenamiento de natación en solitario puede dejarte también relajado, con problemas resueltos y con decisiones tomadas.

Armonía con el cuerpo y sus sensaciones

Entrenando solo no solo puedes trabajar el aspecto mental. También las señales físicas que te envía el cuerpo ante determinados estímulos. Escucharse es más fácil cuando no te están hablando. Incluso cuando no escuchas música. Identificar qué hace uno mal cuando tiene flato, conocer por sensaciones, sin mirar el GPS, a qué ritmo se va cómodo para determinada distancia, prever el estado de pájara antes de que suceda y solucionarlo a tiempo. Para todo esto no es imprescindible entrenar en solitario, pero dirigir la mirada hacia dentro es más fácil cuando se está solo.

Hemos empezado el artículo, siempre de opinión, diciendo que no buscábamos engañar a nadie. Entrenar solo es, muchas veces, una mierda del tamaño de la de un Triceratops en Nublar. Pero también es una herramienta que tenemos a nuestra disposición, de la que no tenemos que huir, si no saber aprovechar sus ventajas. No huyas de la soledad. Utilízala para hacerte más fuerte.