En Planeta Triatlón nos gusta hacer eco de las reflexiones de nuestros lectores y algunas veces, como en este caso, decidimos hacer una publicación para intentar compartirlas y hacerlas llegar a más gente. Espero que os resulte interesante:

“Quedamos en la gasolinera de siempre, al lado de casa de Rafa. Llego un pelín tarde ya que ayer la cena se alargó y hoy se me han pegado las sábanas, además estaba nublado y amenazaba lluvia por lo que a punto he estado de quedarme en casa, calentito y disfrutando de la mañana libre. Pero al final las ganas de montar en bici y de pasar un rato con mi amigo han podido más. Ha costado teniendo dos perritas demandando un paseo largo mañanero y una novia a la que la bici no hace otra cosa que  robarle desayunos.

Yo hago triatlón. Bueno, soy triatleta, ya que los deportes no los haces, los vives. Empiezas haciendo atletismo, bádminton, culturismo y terminas siendo atleta, jugador de bádminton, culturista o endurero.

Cuando me voy a correr, nadar o al gimnasio mi novia María suele decirme “pásalo bien” o en su defecto “dale duro”.En cambio, cuando me voy a montar en bici tanto las palabras como el tono de su voz cambian por un “ten cuidado” con tono temeroso.

¿¿Ten cuidado??? No lo entiendo, si me voy a hacer deporte con mi amigo Rafa, ¿por qué no me dice que me lo pase bien?

Cuando llevamos 20 kms. de charla y ritmo agradables y, justo cuando Rafa me empieza a hablar de sus objetivos de esta nueva temporada con la cara de ilusión que tendría un niño la noche de los Reyes Magos, un ruidoso pitido nos asusta. Instintivamente agachas la cabeza y encojes el cuerpo como preparándote para un golpe y… uf, una vez más y gracias a Dios, Alá o quien sea no ha pasado nada. La cara de mi amigo Rafa pasa de una sonrisa y una ilusión contagiosas a una cara de enfado brutal y en vez de palabras como superación, Ironman o diversión, dice algunas malsonantes. En estos momentos me acuerdo de mi novia María y entiendo por qué cuando me voy a montar en bici me dice que tenga cuidado.

Esta historia se repite a lo largo de los kilómetros, de los días y de los años por más que la DGT haga campañas de concienciación, por más que vemos las cifras de atropellos a ciclistas o por más que cada vez haya más ciclistas.

Cuando me pitan, tengo un momento de reflexión en el que me planteo qué es lo que falla y de ahí surge este artículo. Con él me gustaría concienciar a los tres grupos que están involucrados en este tema, los conductores, la administración y, nosotros, los ciclistas para así, entre todos, intentar conseguir el objetivo principal que es que María no me tenga que decir que tenga cuidado cuando salga con la bici.

Amigos, compañeros, colegas, triatletas, ciclistas, domingueros, aficionados, pros, vamos a hacer las cosas un poco mejor, vamos a poner de nuestra parte, vamos a respetar los semáforos, el ceda al paso en las rotondas, vamos a intentar no ir más de dos ciclistas en paralelo, intentemos ir en fila (aunque tengamos derecho de ir en paralelo). Vamos a llevar siempre una lucecita trasera por si se nos hace de noche o para aquellos días nublados o con niebla, vamos a indicar los giros, vamos a tomar las rotondas por fuera, vamos a circular por el arcén siempre que se pueda y, en resumen, vamos a ponérselo a nuestros compañeros de asfalto todo un poco más fácil.

Otra parte que tiene mucho que decir en el valor de nuestras vidas encima de la bici es la administración. ¿Cómo? Concienciando tanto a conductores como a ciclistas, educando y difundiendo las normas viales de respeto al ciclista (muy pocos conductores saben que los ciclistas pueden ir en paralelo o que pueden invadir el carril contrario para adelantarnos). Señores policías y guardias civiles, ustedes también tienen que ayudar a que María no se preocupe, prediquen con el ejemplo y  respeten ese 1,5m. que exige la ley en los adelantamientos y si ven a alguien que incumple la norma, múltenle igual que multan a los que no llevan el cinturón o al menos infórmenle de que no han adelantado correctamente.

Señores del gobierno, si hacen un carril bici háganlo bien y si ustedes no saben qué se necesita, pueden preguntarnos, que estaremos encantados de colaborar con ustedes. No hagan chapuzas porque al final nosotros, los ciclistas, no iremos por el carril bici, los conductores se quejarán y enfadarán porque no lo utilizamos y encima ustedes/nosotros nos habremos gastado un dineral. Limpien los arcenes, por favor. Los arcenes están para ser usados, al menos eso pone en la ley, déjenos que los usemos.

Y para cerrar este bloque de “culpables” nos quedan los conductores. Quizás la mejor forma de empezar sea con tres conceptos que son la base de este problema y que se complementan entre sí, y son civismo, falta de empatía y egoísmo.

Civismo, falta de empatía y egoísmo son conceptos claves ya que sólo una persona incívica, no empática y egoísta sería capaz de pitarnos a Rafa y a mí por ir circulando en paralelo y haber perdido 10  segundos de su incívica, egoísta y nada empática vida al tener que frenar hasta adelantarnos.

Sólo una persona incívica sería capaz de pitarnos ya que una persona cívica entiende que la carretera la compartimos coches, motos, tractores y ciclistas y que cada uno tiene un tipo de necesidades distintas y por ello debemos adaptarnos a éstas.

Sólo una persona sin empatía sería capaz de pitarnos ya que con algo de empatía hubiera hecho el esfuerzo de imaginarse que ese ciclista es su hijo, marido o cuñada y no le hubiese pitado.

Sólo una persona egoísta sería capaz de pitarnos ya que el pensamiento de “venga quítate o me estás molestando” no es más que puro egoísmo, egoísmo por pensar que la carretera es tuya, que tu tiempo vale más que mi tiempo y en algunos casos hasta más que mi vida.

Por tanto señores conductores háganle el favor a María de ser más cívicos, más empáticos y menos egoístas.

La forma que tenemos de ayudar a María es que esto llegue a la máxima gente posible y por tanto concienciemos a cuanta más gente mejor.

Yo ayudo a María, ¿y tú?”

Autor: José Codoñer