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Consejos para conseguir ir a la piscina a primera hora de la mañana

Nadar por la mañana, antes de que comience la actividad diaria, es una de las grandes obsesiones de los triatletas.

La gran ventaja es que, antes de ir a trabajar o estudiar, te has quitado una sesión de entrenamiento. La desventaja, que pasar de estar tumbado en la cama, plácidamente, a saltar a un medio como el agua, en el que por naturaleza no estamos cómodos, es complicado.

Muy complicado.

Sin embargo, entrenadores y profesionales de la natación tienen claro que, para aprovechar mejor el resto del día, nadar a las seis, siete u ocho de la mañana puede ser una de las mejores decisiones que tomes como deportista.

Consejos para nadar durante las primeras horas del día

Admitámoslo, a nadie le gusta madrugar. Despertase cuando prácticamente aún es de noche para hacer deporte no es la propuesta que más interés puede suscitar entre la mayoría de los mortales.

Sin embargo, como casi todo, esto tiene sus beneficios. En los siguientes consejos comprobarás que madrugar para hacer deporte en la piscina no será una tortura tan dura como a priori puedes pensar.

Prepara tu equipo el día anterior

Si te vas a la cama sin haber preparado la mochila con la ropa y el material de entrenamiento, tienes muchas papeletas para que cuando suene la alarma, la pereza te venza por goleada.

Antes de irte a acostar, deja todo lo necesario para ir al gimnasio preparado. Y si puede ser -que entendemos que sí-, en otra habitación que no sea en la que duermas.

La alarma, lo más lejos posible

A estas alturas de la vida muy pocos utilizamos despertador de los tradicionales, aquellos que van conectados a la red y te despertaban con la voz del presentador de radio de turno entre zumbidos insoportables.

El móvil y su aplicación de alarma han triunfado, y ahora es muy fácil apagarlo para continuar disfrutando de unos minutos más de sueño.

Por eso es mejor que dejes el móvil apartado de ti y tengas que levantarte para apagarlo. Si cambias la postura, te pones de pie y te desplazas, tendrás mucho camino andado para no meterte debajo de la cama.

competición de natación
Foto: Maldives Swimming Association

Busca un compañero con quien nadar

La responsabilidad de saber que hay alguien esperándote en el borde de la piscina hará que la pereza tenga menos posibilidades de vencer en la lucha interna entre ir y quedarse en la cama.

Sí, mandar un whatsapp siempre es una opción, pero juega a nuestro favor el sentimiento de culpa de saber que estamos dejado tirado a alguien.

Así que si tienes la oportunidad de hacerte con un compañero de entrenamiento, tienes mucho terreno ganado.

Además, entrenar acompañado es una de las mejores opciones para dar un impulso a nuestra natación: podréis intercalaros en las series de intensidad, en las de recuperación yendo a pies descansaréis más, e incluso podréis haceros comentarios útiles sobre la técnica.

Planifica la sesión con anterioridad

Vivir con incertidumbre es complicado. Y supone salir de nuestra zona de confort, ya que nos obliga a estar atentos.

Llevado al campo del descanso y la natación, significa que si no sabemos qué nos va a deparar la sesión matutina, tengamos una preocupación más cuando nos vamos a la cama, y una razón más para no levantarnos cuando suena el despertador.

Por este motivo es fundamental que tengas planificado el entrenamiento con anterioridad.

Si tienes entrenador personal, asegúrate de que antes de ir a la sesión te ha explicado qué va a haber.

Si en cambio optas por autoentrenarte, no improvises a los pies de la piscina: planifica el día antes a qué quieres enfrentarte cuando te lances al agua.

piscina
Foto: Envato Elements

Vigila la comida del día anterior

Es importante madrugar y despertarse sintiéndote bien a pesar del sueño que puedas tener.

Por ello, es fundamental que el día anterior comas de forma sana, sobre todo durante la cena. Procura tomar alimentos fáciles de digerir, que no sean muy pesados.

Por la mañana, nuestra recomendación es que o desayunes de manera muy ligera -apenas una pieza de fruta-, o que lo dejes directamente para nada más terminar la sesión.

De hecho, si quieres llevarte una fiambrera con algo de carbohidratos y proteína, y comértela estando aún en el vestuario, perfecto.

Planifica tu agenda y acostumbrate a las rutinas

Las personas somos mucho más organizadas si hacemos que nuestro día a día esté lleno de rutinas.

Por ello, procura que nadar por las mañanas no sea algo puntual. Intenta programarte los entrenamientos para que estos los puedas hacer todas las mañanas antes de ir a trabajar o a estudiar.

Los primeros días seguramente sean los más difíciles, pero con el paso de las semanas observarás que madrugar y nadar le sienta divinamente a tu cuerpo.

Haz siempre un buen calentamiento

Llegar a la piscina aún algo dormido y meterse en el agua puede despejarte, pero seguramente no sea la sensación más agradable que hayas tenido.

Antes de lanzarte al agua procura realizar un buen calentamiento. Activa a todos tus músculos y haz que el cuerpo entre en calor poco a poco.

De esta forma no solo conseguirás despertarte del todo, sino que harás que tu cuerpo esté preparado para entrenar durante un largo tiempo metido en el agua.

Procura haber descansado lo suficiente el día anterior

El descanso es clave para rendir al máximo el día siguiente. De nada sirve tener una buena programación y contar con un buen equipo si no has dormido bien y no tienes fuerzas para entrenar.

Trasnochar, estar con el móvil o la televisión hasta tarde o no dormir todo lo que esperabas son factores que van a afectar de manera notoria a tus entrenamientos.

Por tanto, intenta siempre acostarte a una hora prudente y no uses el móvil antes de dormir. Verás como te levantas más descansado y con ganas de ir a la piscina.

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