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Adaptación cardiovascular y biológica del nadador

Todos sabemos los beneficios del deporte a nivel cardiovascular pero ¿cuál de ellos cuida más de nuestro corazón? Pues amigos, no es el ciclismo ni la carrera a pie: es la natación. El tema se analizó en un estudio publicado en noviembre del 2016 en el British Journal of Sports Medicine, “Associations of specific types of sports and exercise with all-cause and cardiovascular-disease mortality: a cohort study of 80 306 British adults.

Los investigadores analizaron los hábitos deportivos de más de 80.000 británicos a los que se hizo un seguimiento durante nueve años. A lo largo de ese periodo,  más de 1.900 murieron a consecuencia de una enfermedad cardiovascular o infarto. Con estos datos, los científicos estudiaron qué influencia podría tener el tipo de deporte que realizaban los voluntarios con sus posibilidades de morir en los siguientes años.

El estudio concluyó que uno de los deportes que reduce en mayor porcentaje la probabilidad de morir de infarto es la natación (junto con los deportes de raqueta y el aeróbic). Por el contario, el ciclismo y el running,  el fútbol o el rugby, no mostraron una reducción significativamente mayor.  El experto en medicina del deporte de este estudio revela que la natación, además de ser un ejercicio aeróbico que trabaja el sistema cardiovascular, estimula el desarrollo muscular y la coordinación neuro-muscular.

Este último efecto facilita el control de la presión arterial. Asimismo, el aumento de la masa muscular que implica la natación incrementa el gasto energético, lo que mejora el perfil lipídico y reduce el porcentaje de peso graso. Pero el beneficio de la natación a nivel cardiovascular y a otros muchos niveles, va mucho más allá.

Lo cierto es que el corazón, nadando, se siente como “pez en el agua” y nunca mejor dicho. Que el corazón esté cómodo nadando no significa que no trabaje sino que lo hace de forma más eficiente que en los deportes en seco.

 ¿Por qué el corazón trabaja de manera más eficiente en la piscina?

Son varias las razones. Vamos a ver las principales:

  • Nadar supone propulsar el cuerpo en posición horizontal, de forma que la sangre puede circular de punta a punta y distribuirse uniformemente por todo el organismo con menor esfuerzo por parte del corazón que cuando estamos de pie, que el retorno de sangre al corazón ha de superar el efecto postural y de la gravedad.
  • La natación, en general, implica de manera más directa los músculos de la parte superior del cuerpo que las piernas. La espalda, hombros y las extremidades superiores están más cerca del corazón que los pies, de manera que éste no ha de mandar tanta sangre a puntos alejados como ocurre con deportes de resistencia en seco en los que se utilizan los músculos de las extremidades inferiores.
  • En el agua el corazón se expande, lo que supone que en cada contracción se expele alrededor de un 10 y un 20% más de sangre que cuando corremos.
  • La flotación en el agua supone un incremento de la intensidad de cualquier movimiento que ha de vencer la resistencia del agua y empujarla pero sin generar impacto alguno sobre el sistema músculo-esquelético. Esto implica que podamos ejercitarnos durante más rato en la piscina-ejercitando al mismo tiempo el corazón- sin que ello suponga una sobrecarga músculo-esquelética.
  • El agua refresca la piel. Cuando nadamos no es necesario que la sangre refrigere la piel y puede desviarse al corazón.
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Foto: Polar Cannes International Triathlon

Otros efectos específicos de la natación

Sistema nervioso central

Nadar mejora las funciones superiores del cerebro, como son la memoria, la capacidad de concentración y enfoque, la claridad y agilidad mental además de mejorar el estado de ánimo y reducir el estrés.  Y todo ello es debido a una serie de cambios morfológicos y metabólicos:

  • El cerebro pesa más, es decir la masa cerebral aumenta.
  • El flujo sanguíneo cerebral aumenta entre un 10 y un 15% lo que aumenta el metabolismo cerebral.
  • Aumenta el número de conexiones neuronales y ello conlleva, entre otras cosas, a que la asimilación de estímulos sea más rápida y el tiempo de respuesta se acorte.
  • Nadar influye directamente en la producción de neurotransmisores, relacionados con el estado de ánimo y reduce las hormonas del estrés. La natación induce a la relajación y a la desconexión del mundo exterior. De hecho, la inmersión en el agua puede compararse a una hipnosis; el silencio y la no-interacción con el exterior, la visión del fondo más o menos monótona, sumado al movimiento cíclico del cuerpo tiene efectos hipnóticos. Nadar hipnotiza, en cierta medida y a su manera, así que es muy útil para combatir el estrés y olvidarnos de los problemas.

Nadar también mejora nuestra capacidad de percepción y agudiza nuestros sentidos. Cuando entramos en el agua, se activan los receptores táctiles de la superficie corporal, los de temperatura y el sistema vestibular.  La activación de estos receptores sensoriales da como resultado un conjunto de sensaciones. Esta percepción compleja que se produce al entrar en contacto con el agua recibe el nombre de El sentido del agua, y viene a ser “el sexto sentido del nadador” que le permite sentir y analizar las diferentes variables del agua, variaciones de la resistencia del agua, temperatura, etc. contribuyendo a que realice mejor los movimientos, de modo que se establece un feed back entre el agua y el nadador. Puede parecer surrealista o metafórico, pero es un fenómeno real relacionado con la percepción.

Nadar también refuerza el sistema vestibular. Éste se halla en el oído interno y es el encargado de regular el equilibrio y la posición del cuerpo. En todos los estilos de la natación y fundamentalmente en el croll, se incrementa la estabilidad funcional del aparato vestibular a causa de los estímulos repetidos durante los giros de la cabeza. Además el contacto con el agua y el frío también tienen el mismo efecto sobre el aparato vestibular.

En sistema respiratorio

Por el mero hecho de sumergirnos en el agua y no ser peces, cuando nadamos, la respiración se realiza en condiciones adversas para el ser humano. Para inspirar, hay que sacar la cabeza del agua y coger aire. La espiración, que fuera del agua es una acción “pasiva”, es decir, el aire sale sólo sin esfuerzo, cuando se realiza dentro de ella, el nadador tiene que superar la resistencia del agua y soplar activamente para que el aire salga. Este esfuerzo extra para, simplemente, poder respirar, convierte a la natación en el medio más efectivo para reforzar la musculatura respiratoria y la capacidad pulmonar.  De hecho, la natación es uno de los deportes que genera un mayor desarrollo de la capacidad pulmonar, pudiendo alcanzar en hombres valores promedio de 6 litros cuando en los no nadadores es de 3 a 5 litros. No es de extrañar que todos los nadadores tengan esta gran caja torácica característica que los delata.

El nadador respira de un modo más eficiente, dentro y fuera del agua. Su frecuencia respiratoria se reduce porque aumenta la profundidad de cada respiración. Además, aumenta la superficie alveolar de los pulmones, que es la membrana dónde se realiza el intercambio de gases entre la sangre y el aire, cogiendo oxígeno y liberando CO2.

Adaptaciones a otros niveles

A nivel de la sangre, aumenta el contenido de leucocitos, eritrocitos, y hemoglobina. El aumento de los hematíes resulta en un aumento del hematocrito y esto va a la par de una mejora del consumo de oxígeno y del rendimiento deportivo, fuera y dentro del agua.

A nivel de los riñones, aumenta la diuresis y cambia la composición de la orina. Durante la natación casi no existe la sudoración. Los productos del metabolismo solo se expulsan a través de la orina. Generalmente en la orina de los nadadores aparece albúmina a causa de la sobrecarga renal y la necesidad de expulsar los productos ácidos resultantes del metabolismo.  Habrás notado que nadando te entran muchas ganas de orinar que pueden prolongarse después de la sesión si ésta ha sido larga y que la orina es muy clara a pesar de no haber bebido agua.  Este fenómeno se debe al Reflejo de inmersión. Al entrar en el agua se produce constricción de los vasos sanguíneos de las extremidades y la piel, desplazando la sangre a los órganos vitales. El organismo interpreta el aumento del volumen de sangre a los órganos como una sobrecarga hídrica e inhibe la hormona antidiurética, una hormona que inhibe la excreción de agua, haciendo que orinemos más para eliminar esta supuesta sobrecarga. Por eso es importante beber durante y sobretodo, después de nadar, aunque no hayamos sudado ni una gota.

Conclusiones

La natación tiene una serie de peculiaridades que la convierten en el deporte más saludable para el corazón y el aparato respiratorio.  Pero es que además mejora las funciones intelectuales del cerebro, agudiza nuestra percepción y nuestros sentidos, es un potente anti-depresivo y ayuda a combatir el estrés. En definitiva, la natación es la panacea!

Dicho todo esto ¿no tienes ganas de nadar? Yo si oye…

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