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Crónica del Triatlón Cross de Pinto

En Febrero de este año, tuve el privilegio de participar en la 3 edición del “Relevo 8 x 10 x 100 Pinto Swim” siendo parte ese día del  Club 4BS triatlón Pinto. Al finalizar, una de mis compañeras, me comentó que en septiembre solía organizarse un triatlón Cross distancia sprint. Me faltó tiempo para apuntarme. Aquí tenéis mi crónica.

8 am. Box.

A esa hora abrían el box para dejar la bici y toda la parafernalia. Reconozco que soy un cagaprisas porque a las 7.45  ya estaba sacando fotos y paseándome.

Caras somnolientas, comentarios sobre el Campeonato de España en Valencia, miradas de reojo al cieloy al lago con pensamiento generalizado de querer estar desayunando churros tranquilamente en casa.

Los minutos transcurren. Triatletas acompañados de amigos y familiares, nos acercamos a calentar al agua metiendo el dedo gordo con delicadeza y riéndonos con camarería cuando notamos que el agua, al llegar a las partes nobles, no nos hace pegar chillidos cual día de San Martín.

Triatlón Cross de Pinto

9.30 am. Al agua.

Bocinazo en medio de un humo colorido en el extremo opuesto de la salida. El primer grupo de los seis totales, se lanza surcando el lago lo antes posible. Neoprenos, marcas y pulsómetros de medio sueldo indican que es el grupo de los “Pros”. Las seis tandas en el agua con diferencia de un minuto. La 5 la mía. Allá voy.

Brazada tras brazada alcanzo las boyas y... ¡¡ay amigo!!,  estoy cansado de leerlo y escucharlo, pero hasta hoy no tuve la oportunidad de experimenta el sol de frente cegándome los ojos sin poder tener idea de dónde está la siguiente por lo que me pongo a rebufo del de delante y cambio el lado de respiración. Que si quieres arroz Catalina. Al lado contrario llevo una chica que, casi me hace tragar la cantidad diaria de agua recomendada de una sola brazada.

Quedan dos boyas, está hecho así que me concentro en bracear sin ver. Bendita recomendación que me dieron en la piscina; entrenar el nado con los ojos cerrados.

La bici.

No estoy acostumbrado a llevar un hierro de tropecientos kilos botando entre piedras rezando para controlar la bici en tramos arenosos. Fueron 20km que, acostumbrado a rodar con la flaca, me parecieron eternos.

Eso sí, organización muy buena bajo mi punto de vista. Voluntarios apostados bajo un sol intenso que, sonrientes, indicaban el camino correcto. No sé si yo sería el último del segmento pero tras una parada “técnica”, compartí kms y conversación con un buen hombre que me dio alcance. Yo iba camino de la T2 y él, camino de la panadería.

T2

Maldije cada cerveza y tapa del verano; con eso lo digo todo.

Dos vueltas al recinto “ Juan Carlos I “ agradeciendo el avituallamiento y pendiente de la lesión sufrida durante 5 meses. Trazado arenoso con gravilla y tramos de asfalto meticulosamente señalizados por cintas, voluntarios y carteles. Disfrutando de cada metro, hace acto de presencia el arco de meta. Aplausos, una sonrisa y una ratificación: El triatlón enamora.

Triatlón Cross de Pinto

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