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Crossfit: cómo un tweet puede hundir un negocio de 4 billones de dólares

A estas alturas todos estamos al tanto del movimiento social que está levantando Estados Unidos y poniendo en un brete a las autoridades: el caso George Floyd ha sido la gota que ha colmado la paciencia en la lucha contra el racismo.

Muchas marcas se hicieron la semana pasada eco del movimiento Blackout Tuesday que propuso un apagón generalizado en Instagram como protesta. Nike, incluso, ha lanzado una campaña específica para luchar contra la discriminación racial.

Pero no solo las marcas: triatletas y deportistas de primera línea unieron fuerzas para protestar contra el racismo.

Lamentablemente, pese a la acción de las marcas, éstas no pueden controlar lo que escriben sus directivos. Esto es lo que le ha ocurrido a CrossFit, que ha visto como un tweet de su CEO, Greg Glassman, ha generado una tormenta de dimensiones incontrolables.

Dos palabras, solo dos palabras

El sábado, 6 de junio, el Institute for Health Metrics and Evaluation publicó un tweet en su cuenta oficial: "El racismo y la discriminación son problemas de salud pública que exigen una respuesta urgente", en la línea de otras tantas instituciones que se han alineado con el movimiento Black Lives Mattter.

Glassman, como decimos CEO de Crossfit, respondía al tweet desde su cuenta personal con solo dos palabras: "Es FLOYD-19".

Pese a que en un posterior tweet se refería al fallecimiento de George Floyd como "brutal asesinato", no era suficiente para apaciguar los ánimos de aquellos que consideraban que Glassman había hecho mofa de su muerte.

Las consecuencias no se han hecho esperar, y amenazan el futuro más a corto plazo de Crossfit.

Reebok cancela el patrocinio

Reebok, del grupo Adidas, ha hecho público un comunicado en el que cancela el acuerdo con la marca, a quien llevaba unida toda una década: "Hemos estado en conversaciones recientes sobre un nuevo acuerdo, sin embargo, a la luz de los acontecimientos recientes, hemos tomado la decisión de poner fin a nuestra asociación con CrossFit".

Pese a que como apuntan desde Palco23 las tensiones entre CrossFit y Reebok vienen de largo, todo apunta a que en este escenario encontrar un patrocinador oficial que llene el hueco dejado va a ser muy complicado, ya que hablamos de una inversión de aproximadamente 50 millones de dólares.

Rogue, el otro gran patrocinador de CrossFit, se ha desmarcado de manera tajante. "No apoyamos las últimas declaraciones realizadas por Greg Glassman", han declarado desde la empresa especializada en material de fitness, al tiempo que ha decidido retirar el logo de CrossFit de sus competiciones y darse un tiempo para pensar qué hacer con el patrocinio de cara a la próxima temporada.

"Continuamos con nuestro apoyo durante 2020, pero el futuro depende de quién esté al frente de CrossFit".

Atletas y gimnasios, dispuestos a abandonar CrossFit

Pero no es solo Reebok quien da la espalda a CrossFit: no son pocos los gimnasios vinculados a la marca -hasta 13.000 en todo el planeta- que han querido desvincularse de Glassman. En Estados Unidos tres grandes cadenas deportivas como Magnus, Train&Able y Petworth Fitness han hecho pública su intención de no seguir unidos a Crossfit.

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Los atletas son los que más disconformes se están mostrando: Rich Froning, toda una referencia dentro de Crossfit, ganador de hasta cuatro títulos mundiales (2011, 2012, 2013 y 2014), y a quien se puede ver hasta en un documental de Netflix, ha pedido el cese de Glassman como CEO de la compañía: "Seguiremos siendo parte de esa comunidad", ha escrito en su cuenta de Instagram, "pero ya no podemos ser leales a alguien o algo que está tan lejos de mis propios valores".

"Mientras considero cuáles son nuestros próximos pasos, no podemos y no nos quedaremos con estos comentarios o creencias".

Como él, Camille Leblanc-Bazinet, Campeona en 2014, ha ido más allá y se ha desvinculado completamente de Crossfit. Chyna Cho, otra deportista de primer nivel, ha reconocido sentirse "triste y avergonzada".

Annie Thorisdottir, ganadora en 2011 y 2012 y que continúa en activo, ha pedido que la comunidad CrossFit se desvincule de la marca. "CrossFit no es una marca. CrossFit somos nosotros", ha publicado en Instagram junto a un extenso comunicado.

Disculpas oficiales, pero quizás insuficientes

Viendo el cariz que tomaban los acontecimientos, CrossFit ha tenido que utilizar la cuenta oficial para pedir disculpas.

"Cometí un error al elegir las palabras ayer. Mi corazón está muy triste por el dolor que esto ha causado. Fue un error, no un acto racista, sino un error", escribió ayer lunes Glassman a través de la cuenta corporativa.

Pero todo apunta, a tenor de las reacciones de clientes, partners y deportistas, que solo un tweet no va a ser suficiente para frenar las críticas y las desvinculaciones. Y hablando de un negocio de 4.000 millones de dólares, puede suponer el fin de todo un imperio.

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