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Jan Frodeno: "Me sentí extremadamente decepcionado y un poco humillado"

Si hace unos días decíamos que Jan Frodeno seguía sin digerir su participación en el Campeonato del Mundo de Ironman, en el que terminó trigésimo quinto entre fuertes dolores y entre los aplausos de los espectadores, parece que el alemán ya comienza a entender qué ha ocurrido. En un completo artículo de Der Spiegel, uno de los principales medios alemanes, el triatleta nacido en Colonia hace 31 años ha relatado todas sus sensaciones alrededor de la prueba.

En su opinión, llegaba a la prueba en la mejor condición de los últimos años: "Las cosas habían salido muy bien este año, apenas un resfriado en verano. Me notaba mentalmente más fresco, y tenía ganas de competir". Tal como había comentado en la rueda de prensa previa a la prueba, no estaba ni preoupado ni presionado por el hecho de luchar por su tercer título consecutivo: "El hecho de lograrlo era especial, por supuesto, pero no era mi objetivo. La temporada se mide cada año por quien gana en Hawaii. El resto de carreras se olvidan rápidamente". Además, reconoce que sus preocupaciones ha cambiado en los últimos tiempos: "Desde que soy padre, hay otro sistema de valores: mi hijo piensa que soy el mejor, aunque no gana. No soy tan bueno como su madre, pero por ahí ando. Ese niño me da paz".

Sobre la carrera en sí, "tenía buenas sensaciones, una buena posición y me veía capaz de cambiar el ritmo en cualquier momento. La transición no tuvo mayor problema, pero en la bici me di cuenta de que no tenía piernas", reconoce Frodeno. "En Hawaii es normal esta sensación, te sientes como Rocky en todo momento". El momento cumbre fue la vuelta desde Hawai, cuando Wurf, Kienle y Sanders lanzaron su ataque. "Hoy tengo que luchar de verdad, porque la carrera está siendo muy rápida".

Ahí le empezaron los dolores en la espalda. Y a medida que avanzaban los kilómetros, se iban acrecentando, aunque se mantenían dentro de unos límites aceptables. "Al final del segmento de ciclismo pude recuperar algo de tiempo y estaba en buena posición. En la transición, todo parecía estar bien: Sanders en cabeza, a 30" llegaba Kienle, 90" más tarde llegaba yo y por detrás no se veía a otros corredores rápidos como Patrick Lange". En ese momento, era optimista: "Todo está perfecto", llega a afirmar el triatleta residente en Girona.

Sin embargo, en el primer tres de la carrera a pie, se precipitó todo: "Noté como se me bloquearon los músculos. Me tumbé por primera vez y probé a estiarar la espalda: una rodilla sobre la otra pierna y girar el hombro. Pero nada, ni siquiera logré levantar la pierna, toda la musculatura estaba rígida. Me llevó un buen minuto levantarme".

"Unos metros más adelante me tambaleé. Tuve que parar de nuevo. Me senté cinco minutos, quería estirar". Entonces aparecieron Emma Snowswill, su esposa, y su mejor amigo. "Querían ayudarme, pero les tuve que decir que no, solo los voluntarios pueden ayudar". A partir de ahí, continuó como pudo: "Después de caminar dos kilómetros, me recuperé poco a poco, y seguí trotando. Dolía, pero al moverme era menos". Lo que peor llevo, la parte emocional: "Me sentí extremadamente decepcionado y un poco humillado. Lo tenía todo a mi favor, bajar de las ocho horas había estado cerca". "En momentos así, me pasaron muchos pensamientos negativos por la cabeza. Al menos con las gafas de sol no podía verme la expresión".

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