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Mamá, quiero ser triatleta

Aperitivo dominguero,  bar atestado de gente. Miras por la ventana, adivinas los rostros de toda la familia y lo sueltas. “Voy a ser triatleta”. Ya está. Así, a bocajarro, sin tiempo de reacción. Un silencio recorre toda la mesa, las voces de los demás comensales ni las oyes; tan sólo crees percibir en tu cerebro los pensamientos de tu suegra, de tu cónyuge, de tu descendencia y no son motivadores.

Pero ellos no se han dado cuenta que, en tu debut del mes anterior, ese en el que ibas con unas bermudas guiris y una bici prestada, has sentido en tu interior el éter griego que inundaba tu alma y tu carta astral ha formado el logo de la larga distancia.

He aquí quizás tres puntos cardinales que posiblemente te encuentres en tu particular subida al Monte Carmelo de este deporte para convertirte en un verdadero triatleta popular.

Material

No repito todo el material que necesitarás porque sabes de sobra todo lo que te hará falta y te has empapado de múltiples artículos leyendo hasta lo que usa la élite del Olimpo del tri.

Pero cuando vayas a comprar una bici de carretera (por supuesto, pues lo tuyo va para largo), y a no ser que hayas tonteado con las dos ruedas anteriormente, saldrás de la tienda con la cabeza como un bombo y aburrirás a todo dios a whatsapps intentando entender desde por qué te la venden sin pedales, los platos que necesitas, qué es el cassette que no venden en la gasolinera y por qué unos usan pedales automáticos y otros semiautomáticos. Y por supuesto, esto es como IKEA. Te han vendido la base pero faltan las calas y el casco, guantes y equipación, herramientas y aprender mecánica básica. Y todo ello, lleva un manual aparte parecido al memorándum médico. Aún así, no te preocupes. Los colegas de tu facebook, esos de los que admiras su deportividad y proezas, te aconsejarán liándote más. Pues lo que usan unos, no es del gusto de otros.

Foto: biciclub.com
Foto: biciclub.com

 

Doy casi por supuesto que entras en el triatlón desde el atletismo, así que paso de explicarte técnica de la pisada (que ni yo sé bien cómo va) y voy directo al agua. El máximo contato con el agua de los que venimos de la carrera suele ser en el verano y  saltando a bomba.

El bañador puede ser turbo o largo, para nado esporádico o intenso, de poliéster, elastán, poliamida  o nylon, ultra rápido como el de Mireia Belmonte o normalito, de competición o de entreno. Pero espera, ¡faltan las gafas!. Debes aprender cómo saber tu talla, si oscuras, si quitan ángulo de visión, si las quieres tipo suecas o como antes he dicho, de competición o de entreno teniendo en cuenta si será para piscina o aguas abiertas; y luego deberás aprender a que no se te empañen y a ponértelas y no se te vayan a Parla.

 

Foto: Flickr // BrakeThrough Media
Foto: Flickr // BrakeThrough Media

Entrenos

Mientras te devanas los sesos tratando de comprar el material mínimo indispensable, ya estás tomando nota de cómo van los entrenos. Empezarás a llorar cuando el mismo infierno se ha aliado para lograr que seas incapaz de entenderlos.

Hasta ahora has salido a correr con regularidad, con orden y has nadado en la piscina del pueblo durante tus vacaciones hinchándote a cervezas. Pero has dado un paso como Neil Armstrong y deberás preparar tus entrenos basándote en periodo de transición, de competición, base y desarrollo; todo ello en microciclos y macrociclos. Tranquilidad, no trates de comprenderlo de golpe o te dará un aneurisma. Ten solo en mente el quedar que te cagas cuando empieces a contárselo a los colegas; imagina cómo fardamos los triatletas, merece la pena aprenderse esto aunque sea de memoria sin entender nada.

Al margen de todo, probablemente te crezcas y empieces a quedar con peña ya metida en este deporte a la primera de cambio. Tú a lo tuyo. Recuerda esta frase cuando tu colega en la bici tenga que esperarte dando vueltas en las rotondas. Cuando te diga que vayas a rueda y eches en falta un motor, cuando den la vuelta corriendo o pedaleando preocupados de si te has perdido o te has pegado el piñazo, cuando te tapen los ojos en la piscina o supliques un flotador entre las patadas y puñetazos en el agua. Todo lleva un proceso. Esfuérzate recordando por qué lo haces.

Foto: Handson Events
Foto: Handson Events

Equipo

Formar parte de algo, sentirse miembro, ser alma de un grupo. Llevar en el último segundo de tu sprint final a tu equipo a la gloria, portadas de periódicos, primeras posiciones de los buscadores de internet. Todos más o menos soñamos eso. La realidad es que tendrás que joderte tratando de acoplarte a horarios tortuosos, sacrificar tiempo a tus seres queridos, aguantar incomprensiones, lidiar con peña que va de superpro. No es sólo llevar orgulloso un tritraje con el nombre del club. Es asimilar la dureza de tres disciplinas que te harán sentir soledad y dudas.

A falta de decirte que necesitarás más cosas, que en un tiempo no muy lejano las renovarás, que tendrás noches de indecisión y de plantearte si será mejor jugar a la petanca; ser triatleta es dejar entrar en tu día a día al amante exigente de tiempo y dinero. Te hará soñar y llorar, crecerás y extenderás sus requisitos básicos al resto de tu vida, te cambiará la vida dándote satisfacciones que nadie más puede darte a costa de sacrificio, renuncia y constancia.

¿Aún deseas ser triatleta?, te muestro las cápsulas de Matrix. Tuya es la elección.

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