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El síncope y mareo del deportista

El síncope se define como una pérdida transitoria de la conciencia debido a una falta de irrigación cerebral, con recuperación espontánea y completa en pocos segundos.

El presíncope se define como sensación de mareo sin llegar a la pérdida de la conciencia. Es importante distinguir el síncope de otras causas de desmayo y pérdida aparente del conocimiento como las crisis epilépticas, los trastornos metabólicos y accidentes vasculares cerebrales.

La pérdida de conciencia en el día a día

El síncope es un problema muy común en la población general con una prevalencia estimada del 40%, afortunadamente pero, la mayoría de ellos son de causa benigna.

No obstante, dado lo aparatosa que resulta una pérdida de conciencia, representa un motivo de consulta muy frecuente en los servicios de urgencias y consultas de cardiología, dónde la mayoría de afectados y, sobretodo, sus familiares o acompañantes que han presenciado el episodio, acuden asustados y convencidos que algo grave le sucede al paciente, cuando, en realidad, muy pocas veces, el sincope se debe a un problema cardiológico subyacente.

Aunque los estudios muestran que la frecuencia de sincopes en deportistas es inferior que en la población general, el atleta representa una población especial y de riesgo en cuanto a la evaluación y manejo del síncope.

Los deportistas acostumbran a ser individuos jóvenes y representan el paradigma de la buena salud dentro de la población general, motivo por el cual la noticia de una muerte súbita en este colectivo es especialmente impactante y demoledora y suscita mucha discusión en cuanto a qué exploraciones son necesarias y cuales no en las revisiones médicas de los deportistas.

Del mismo modo que hacer un TAC cerebral a todos los individuos que consultan por dolor de cabeza es una aberración inasumible para el sistema sanitario, también lo es realizar un sinfín de exploraciones cardiológicas a todos los atletas sin síntomas. Existen guías elaboradas en base a estudios científicos que detallan qué exploraciones son las mínimas necesarias que hay que realizar a cualquier deportista en función de las características del atleta y del deporte que practique. No obstante, estas guías están en continua revisión y todavía son tema de debate.

La muerte súbita de un deportista siempre genera la discusión de si se hubiera podido evitar realizando más exploraciones previas. La mayor parte de las veces, la respuesta es no.

No obstante, el equipo médico que ha evaluado al deportista antes de su fallecimiento siempre está en el punto de mira y se convierte en la diana de reproches, juicios y culpas por parte de los medios de comunicación y el entorno, aunque, como ya se ha dicho, a menudo, la enfermedad que causa el evento fatal era indetectable en vida o bien las exploraciones necesarias para diagnosticarla no estaban indicadas en un deportista aparentemente sano.

Todo esto genera un daño psicológico a menudo irreparable en el facultativo en cuestión y que éste acabe practicando la llamada “medicina defensiva”, que significa realizar un sinfín de exploraciones innecesarias a todo el mundo para cubrirse las espaldas.

En el otro extremo, nos encontramos al deportista que sufre un episodio de sincope aparentemente benigno y se le retira radicalmente de la práctica deportiva sin evidencia alguna de enfermedad subyacente o de que el deporte sea un riesgo para la vida del atleta, lo cual puede generar un gran problema emocional en él y su entorno.

Así pues, por un lado, un estudio preciso y completo del síncope en los atletas es crucial para prevenir, en la medida de lo posible, un evento fatal pero también para evitar restricciones deportivas indebidas a deportistas con sincopes benignos.

Y esto no es tarea fácil. Por desgracia, siempre habrá casos que se nos escaparán de las manos porque muchas de las causas de muerte súbita no son detectables en vida y por otro lado, también es posible que algunos deportistas con sincopes aparentemente sospechosos sean realmente benignos pero se les aparte del deporte por precaución, cuando no sería necesario.

Tipos de síncopes en el deportista

Un estudio realizado en atletas mostró que un 6,2% presentaron un síncope durante 5 años de seguimiento. Sus causas pueden ser muchas pero, por suerte y como ya venimos diciendo líneas arriba, la gran mayoría de los episodios son benignos y sólo un pequeño porcentaje es atribuible a la presencia de una cardiopatía. Se pueden clasificar los síncopes del atleta en tres tipos:

Síncope no relacionado con el ejercicio

El síncope no relacionado con el ejercicio es la forma más común de síncope en el deportista (> 85% de los casos) y no es síntoma de ninguna enfermedad ni está relacionada con el deporte. Entre ellos tenemos el sincope o presincope ortostático que se desencadena por cambios posturales como pasar de estar sentado a ponerse de pie o levantarse bruscamente de la cama.

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Foto: Envato Elements

El síncope situacional, como su nombre indica, lo provocan ciertas situaciones como el toser, defecar o la micción. El síncope vasovagal es muy frecuente en personas jóvenes, deportistas o no, y se produce ante estímulos emocionales angustiantes como la visión de sangre o por un dolor intenso.

Todos estos sincopes tienen en común que son debidos a respuestas reflejas del sistema nervioso autónomo que provocan bajadas bruscas de la presión arterial y/o frecuencia cardiaca frente a dichos estímulos o situaciones.

Este tipo de pérdida de consciencia siempre se precede de síntomas de mareo, sudoración, visión borrosa y pitidos en los oídos, síntomas fácilmente identificables para los que los padecen. Se pueden prevenir si, al notar el más mínimo síntoma premonitorio, el afectado se tumba con las piernas en alto.

Aunque el deporte no está directamente relacionado con este tipo de sincopes, lo cierto es que la deshidratación puede empeorarlos.

Síncope post-esfuerzo

Se produce cuando el ejercicio se detiene súbitamente. Cuando hacemos ejercicio, el volumen de sangre que el corazón bombea es más alto que en reposo y para que éste aumento del gasto cardiaco pueda mantenerse, ha de acompañarse de un aumento del retorno venoso de la sangre al corazón, hecho facilitado por la contracción muscular que devuelve la sangre al corazón para que sea nuevamente expulsada a los músculos tras ser oxigenada.

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Foto: Flickr // British Triathlon

Si la contracción muscular se detiene de forma brusca, el retorno venoso no es suficiente para mantener un gasto cardiaco alto lo que produce una caída de la tensión con la consecuente pérdida de consciencia.

Esta disminución del retorno venoso, asociado al aumento de catecolaminas circulantes que acompañan a la práctica de ejercicio físico, desencadena también una bajada refleja de la frecuencia cardiaca llamada reflejo depresor cardiaco de Bezold- Jarisch. La deshidratación que a menudo acompaña al deporte, favorecen este tipo de reflejos vasomotores y el síncope post-ejercicio.

Síncope durante el ejercicio

El síncope que se produce durante el ejercicio es el más preocupante si no hay causas claras que lo puedan haber provocado, como una caída, una deshidratación, hipoglucemia, etc.

A diferencia de los benignos citados anteriormente, estos no suelen ir precedidos de ningún síntoma, el deportista se desploma bruscamente sin previo aviso.

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Foto: ITU Media // Janos Schmidt

En este tipo de síncopes es de vital importancia descartar cardiopatías estructurales mediante pruebas de imagen. El golpe de calor o hiponatremia también deben tenerse en cuenta en pacientes con síncope durante el ejercicio.

Evaluación del deportista con síncope

El objetivo principal de la evaluación del atleta con síncope es determinar si existe una enfermedad cardíaca subyacente y si puede continuar con la actividad deportiva con seguridad.

El hecho de no diagnosticar una enfermedad potencialmente mortal puede tener consecuencias devastadoras, pero por otro lado, diagnosticar una condición benigna como peligrosa y potencialmente mortal, puede llevar a la restricción innecesaria de la actividad física, con las consecuencias negativas psicológicas para el deportista y su entorno.

Aunque la mayoría de las causas del síncope del atleta son benignas, es obligada una evaluación completa hecha por facultativos que realizaran las exploraciones pertinentes según el tipo de sincope y el historial del paciente.

Así mismo, cualquier deportista debería someterse a un reconocimiento médico, aunque no haya padecido nunca un sincope ni síntoma alguno. Hablamos de ellos en el artículo de la muerte súbita publicado hace meses en esta revista.

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