Chris Marshall y Philip Rush. Foto: Stuff
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Primer nadador en cruzar los 40K del lago Taupō a braza tras 20 horas

La braza no es estilo preferido para muchos triatletas, pero sí para el arquitecto australiano Michael Wells, que se ha convertido en el primer nadador en cruzar los 40,2 kilómetros de longitud del lago Taupō, el más extenso de Nueva Zelanda (616 kilómetros cuadrados), con la particularidad de hacerlo a braza.

Un dolor de tobillos insoportable

Justo al salir del agua antes de la medianoche de este pasado domingo, Wells se quedaba sin poder articular palabra tras una verdadera maratón de natación que le llevó un total de 20 horas y 10 minutos. Aun murmurando alguna palabra, pudo llegar a expresar que el dolor en sus tobillos era insoportable.

Si Wells había batido o establecido algún récord de natación con esta gesta era lo de menos para su entrenador Philip Rush, uno de los gurús de la natación de larga distancia en Nueva Zelanda. Rush, especialista en natación de larga distancia en aguas abiertas, confirmó que la travesía a braza más larga que se había hecho nunca era de 22 horas (sin neopreno), pero que la distancia más larga había sido la conseguida por Michael Wells que, teniendo en cuenta que el recorrido no era completamente recto, habría completado extraoficialmente un total de 41,6 kms.

Un historial de natación asombroso

Wells había nadado anteriormente en el puerto de Darwin una distancia de unos ocho kilómetros, también a braza y también para recaudar fondos para la investigación del cáncer de mama tras la muerte de su hermana Susan en 2017 a causa de esta enfermedad.

Además, Wells no contó con ninguna ayuda adicional por parte del río Waikato (su principal desagüe), ya que el domingo por la noche las compuertas estaban completamente cerradas, y por tanto, no había succión alguna que le ayudara.

El lunes por tarde, después del tremendo esfuerzo, Wells estaba menos pálido que cuando salió del lago el día anterior completamente aturdido. Para tranquilidad de todos, dijo que sus piernas todavía estaban muy doloridas, pero sus brazos se habían recuperado.

Wells recibiendo la felicitación de su hijo Arlow tras terminar. Foto: Stuff

Un ejercicio de control mental

Además del obvio desgaste físico, la travesía había resultado un ejercicio de control mental. A pesar de las condiciones casi ideales durante todo el tiempo que estuvo nadando, tuvo que hacer un cambio sobre su planteamiento inicial a mitad de recorrido de terminar el desafío en 16-17 horas. Cambió el chip y pasó a pensar "he completado la travesía".

"La gente ha intentado hacerlo y ha terminado en el hospital. Algunos lo han empezado y no lo han terminado. Yo lo he terminado y estoy bien".

También estaba muy agradecido a su entrenador, Philip Rush, por no haberle dicho el tiempo que iba a durar el desafío, admitiendo que la experiencia en aguas abiertas no se podía comparar con la natación en una piscina.

Wells descansando con los pies en alto el pasado lunes. Foto: Stuff

Una vez conseguido el objetivo, Wells había recaudado unos 15.000 dólares para las respectivas fundaciones de cáncer de mama de Nueva Zelanda y Australia. Su objetivo, que no haya ni una muerte más que se pudiera haber evitado por un diagnóstico a tiempo.

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