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¿Decepcionado con tu natación en aguas abiertas? Supéralo

Las aguas abiertas son para muchos el origen de muchos de nuestros demonios. Es un medio al que la mayoría no estamos habituados y por eso nos cuesta encontrarnos cómodos en él. Además, hay quien puede experimentar cierto respeto e incluso ansiedad o miedo ante el primero de los segmentos. La natación, debido a su componente técnico, es el sector que más cuesta para aquellos que llegan desde cero al triatlón. Y aunque encontramos consejos para mejorar la natación, el trabajo no siempre sale cuando toca nadar en aguas abiertas.

La piscina, donde realizamos todos nuestros entrenamientos (no todo el mundo tiene la suerte de tener el mar cerca de casa), es un medio totalmente diferente al mar. Las sensaciones, el  tipo de nado o las circunstancias son completamente diferentes a las de un triatlón. Basta con pensar en la salida de cualquier prueba: en nuestros entrenamientos no tenemos a cientos de triatletas peleando con todo para llegar hasta la boya.

Es por eso que muchos de nosotros no conseguimos extrapolar lo logrado en la piscina a la competición. De hecho, ya habíamos hablado antes sobre cómo mejorar la natación en aguas abiertas. Y hasta hemos compartido con vosotros las recomendaciones de Flora Duffy o de Richard Varga. Si te sientes identificado con este arranque porque no consigues rendir en el agua como te gustaría, estos consejos son para ti.

Nadar en aguas abiertas

Lo primero de todo es identificar porque perdemos ritmo en aguas abiertas respecto a la piscina. Hay numerosos factores: desorientación, agobio, ir por encima de nuestras posibilidades, olas y corrientes, falta de costumbre cuando nadamos con neopreno, poca familiarización con las aguas abiertas, etc.

En la mayoría de estas casuísticas el remedio es común: nada en el mar tanto como puedas. Es algo que no está al alcance de todos, pues depende de nuestra localización geográfica, del clima o del tiempo del que disponemos. Pero es necesario entrar al mar antes de competir en un trialtón. La gran parte de problemas derivan de nuestra falta de costumbre y sensaciones en aguas abiertas. Si quieres correr rápido en competición, debes ir rápido en los entrenamientos. Con la natación sucede lo mismo.

Es importante nadar en piscina tres o cuatro veces en semana. Allí cogeremos la técnica  y la velocidad necesarias para ser competitivos sin distracciones. Pero a medida que se acerca la temporada es aconsejable realizar alguna sesión en aguas abiertas. En ellas nos acostumbraremos a nadar de forma continua, sin el pequeño respiro de cada 25 y sin hacer volteos; sabremos lo que es nadar con un neopreno y cuales son las sensaciones, practicaremos la orientación, perderemos el miedo al fondo y aprenderemos a luchar con las olas y las corrientes.

Simular las condiciones en piscina

Si las circunstancias no te permiten nadar en aguas abiertas puedes simular las condiciones nadando con varios compañeros en la misma calle. Así te acostumbrarás a ir con gente al lado, a soportara posibles golpe o a hacer adelantamientos. Además el agua estará más picada, sobre todo si hacéis series. Puedes hacer numerosos ejercicios que simulen el nado en aguas abiertas: hacer salidas cortas a tope, para simular el arranque de un triatlón; cerrar los ojos mientras nadas para imitar la posible desorientación; girar antes de llegar a la pared como ti tuvieras una bolla para evitar la pequeña parada que no tendrás en aguas abiertas o realizar nado largo y continuo para simular distancias.

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